La guerra iniciada por la dupla Estados Unidos-Israel contra Irán, que llegó ya a su séptimo día, obligó a las organizaciones internacionales a revisar el impacto sobre el comercio mundial. Si bien había previsiones de una disminución en el volumen de intercambio global de 2026, por cuenta de los famosos aranceles impuestos por Donald Trump, el escenario ha cambiado para peor. Los riesgos del nuevo choque en la economía internacional ya comienzan a sentirse, especialmente por el hecho de que 80% del transporte mundial de mercancías se realiza por vía marítima.
Pero según los especialistas, hay más razones para temer por una prolongación del conflicto: se trata de la elevación de los precios del petróleo que ya interfieren en la producción de alimentos como la carne, la soja y el maíz. Estos son los bienes con mayor impacto en las exportaciones de Brasil y de Argentina. Ni hablar de las consecuencias en ambos mercados internos: el estallido de la inflación.
Ni el gobierno americano ni el israelí hacen algún esfuerzo de negociación como para amenizar las perspectivas. Más bien todo lo contrario. Según ellos, el bombardeo sobre los cielos iraníes podrá prolongarse por el tiempo necesario para conseguir el objetivo: derrotar al actual régimen del país persa y cambiarlo por otro que les convenga.
El secretario de Defensa de EE.UU. Pete Hegseth, advirtió que en adelante el mundo vivirá una “profundización de las operaciones. Estamos acelerando, no desacelerando”.
Para hablar en números, el conflicto que estalló hace una semana, podría representar una disminución de entre 30 y 40 por ciento de las ventas de carnes bovinas al exterior, según la Asociación Brasileña de Industrias Exportadoras de Carnes. Lo cierto es que la guerra en Oriente Medio produjo, por ahora, mayores daños económicos al sector agrícola, al elevar el precio de los fertilizantes, especialmente de aquellos que se obtienen a partir del gas natural.
Lo cierto es que productores y consumidores, argentinos y brasileños, lejanos al epicentro de la conflagración, son alcanzados directamente por la volatilidad global que provoca esta nueva aberración de la historia.
En el caso particular de Brasil, este acontecimiento viene a ocurrir en un año de comicios, en los que el presidente Lula da Silva busca su reelección para un segundo período. Los especialistas reconocen que las derivaciones económicas llevarán esta fuerte tensión internacional al centro de los debates entre los candidatos de los más diversos sectores políticos.
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La interrupción de las provisiones de materias primas para semiconductores y la fabricación posterior de chips, o los riesgos cibernéticos, generan temores adicionales. “En el mercado de cibernéticos hay miedo de una intensificación de ataques a empresas y gobiernos”, indicó la Ceo del bróker Marsh Risk Brasil. Pero los mayores peligros proceden, sin duda, de la disparada de los precios del petróleo y la inflación que origina. Eso llevará a los Bancos Centrales del mundo a revisar sus políticas de tasas de interés, para aumentarlas.
“El asunto es que nadie sabe cómo se va a desarrollar este conflicto; si serán cinco semanas o será más largo”, analizó el economista Andrea Damico. “Y, ante esa incertidumbre, nadie cambiará las proyecciones inflacionarias que están en curso”.