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MODO FONTEVECCHIA
Elecciones en Perú

“El 1% de Perú se quedó el crecimiento del PBI”

El politólogo peruano Alberto Vergara analizó la crisis de representación que atraviesa su país y advirtió que el crecimiento económico no logró traducirse en bienestar para las mayorías. “Tres cuartas partes de ese 4% se lo quedó el 1% de arriba”, sostuvo.

Alberto Vergara 08062026
Alberto Vergara | Imagen Web

Mientras Perú vuelve a exhibir una elección definida por márgenes mínimos y una sociedad partida en dos, el politólogo Alberto Vergara puso el foco en una de las tensiones que atraviesan al país desde hace años: la convivencia entre estabilidad macroeconómica y creciente malestar social. Para el investigador, la explicación no está solamente en la política, sino también en un modelo de crecimiento cuyos beneficios se concentraron en una minoría. “Cuando tienes un país muy desigual y le dices a la gente: ‘Este año hemos crecido 4%’, pero tres cuartas partes de ese 4% se lo quedó el 1% de arriba, es normal que el resto de la población diga: ‘A mí no me llegó ese crecimiento’”, afirmó en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190).

Alberto Vergara es un investigador, analista y politólogo peruano. Se desempeña como profesor en el Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad del Pacífico, Lima. Ha sido profesor invitado e investigador en reconocidas instituciones internacionales. Es autor y editor de libros clave para entender el panorama sociopolítico actual como Perú global, Explicar el Perú con el mundo en 2025, Democracia asaltada: el colapso de la política peruana y una advertencia para América Latina de 2024.

Algo nos adelantaban de lo que estaba sucediendo en Perú ya la semana pasada, y que iba a ser muy difícil encontrarnos con un ganador dado las tendencias de decir que los escrutinios no son correctos, que hay impugnaciones, la historia que tiene el Perú en sus actos electorales. Nos gustaría su balance.

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El balance es que la elección es muy semejante a la de hace cinco años. Es una elección en la cual, en términos estadísticos, se trata de un empate, lo cual no es sorpresivo respecto de las encuestas que se habían hecho públicas en el año pasado, en los últimos días. Y tampoco resulta una sorpresa en la medida en que esta es la cuarta vez que Keiko Fujimori participa de una segunda vuelta y es la cuarta vez que hay una división del país con estas magnitudes tan cercanas, tan apretadas, tan ajustadas. En esa medida, es un resultado que todavía hay que esperar a que se den los resultados finales. En principio, la elección se ha llevado a cabo sin problemas.

Parece ser que la sociedad peruana está condenada a algo así como Sísifo, porque finalmente no hay manera de que haya un resultado democrático aceptado por la otra parte y entonces se renuevan continuamente las votaciones respecto de la legitimidad de quien es presidente, que termina con lo que sucede en Perú: de que todos los presidentes no concluyen su mandato.

Absolutamente. Hay un problema de legitimidad, de no aceptar finalmente no solo al otro candidato, sino que muchas veces se impugna, se invalida la decisión legítima de los ciudadanos que optan por una u otra opción, o incluso por los que optan votar de una manera, dejar el voto en blanco o viciarlo. Efectivamente, hay un problema de legitimidad que se transforma en que los gobiernos que ingresan al poder tienen esa debilidad.

También es cierto que hay un problema de aceptación de las reglas democráticas; que Keiko Fujimori y la derecha peruana, en la elección pasada, inventaron el embuste y el fraude e intentaron anular cientos de miles de votos de regiones particulares en las cuales Pedro Castillo había tenido un buen resultado.

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¿Hay una continuidad de Pedro Castillo aquí?

En la candidatura de Sánchez.

Finalmente en la cantidad de votos que recibió del electorado, porque prácticamente la mitad de la población peruana votó por la continuidad de Pedro Castillo. Que al mismo tiempo también había tenido un problema, si yo no recuerdo mal, institucional con el Congreso.

Y además es muy parecido a la elección del 2016: Pedro Pablo Kuczynski también le gana a Keiko Fujimori por 40 mil votos. Es decir, aquí estamos ante un patrón recurrente que es que ella, Keiko Fujimori, al ser la lideresa del partido más organizado o menos desorganizado del país, tiene la fuerza suficiente.

Ella tiene al partido más organizado, pero también tiene el rechazo más alto de todo el mundo. Lo que logra es tener la fuerza para pasar a segunda vuelta, pero luego no tiene fuerza en convencer a la otra mitad del país para que vote por ella. Es ella la que termina activando una división que se reitera una y otra vez en el país.

En este caso, a diferencia de Kuczynski, ¿hay una división, no sé si étnica o geográfica, de alguna manera, en la representación de Pedro Castillo y del candidato ahora electo para competir con Keiko Fujimori? ¿Hay una cuestión antropológica en la división del voto?

Es fundamentalmente una división política que está enraizada en una larga tradición, en una larga historia peruana. La división entre Lima y el resto del país, entre la costa y la sierra, es una división que estructura la vida política y social del país desde muy temprano; es constitutiva de la nacionalidad, esa distancia y ese recelo entre uno y otro. Dicho eso, hay momentos en que esa distancia tiene manifestaciones electorales muy importantes, como ahora. En otras ocasiones lo tiene menos.

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Por ejemplo, de Kuczynski, ¿ahí no había una diferencia entre la costa y la sierra?

Pues sí la había, en la segunda vuelta la hay. Keiko Fujimori obtiene resultados muy buenos, mucho mejores en Lima y en la costa norte, y en general en la costa. Y tanto Kuczynski, como antes había sido Humala, como fue Pedro Castillo y como es ahora Sánchez, en cambio tienen votaciones muy importantes sobre todo en la sierra sur del Perú, y también en la sierra en general y en la selva. Entonces, hay una división del país que se manifiesta cada cinco años de esa manera. Para decirlo en argentino: es nuestra grieta.

¿Cómo proyecta usted que se va a resolver esto?

Espero que no repitamos la tragedia de hace cinco años, en que uno de los dos candidatos, en ese caso fue Keiko Fujimori, no aceptó los resultados. Espero que esta vez se acepten los resultados, sea quien sea que gane, y que a su vez ojalá que quien gane entienda que no ha ganado por su propio proyecto, sino que ha ganado porque despertó un poco menos de miedo que el otro. Es decir, ser humilde y comprender que ha ganado como mal menor y no como proyecto propio. Creo que esa comprensión inicial podría dar lugar a, ojalá, serenar a esta vida política del Perú que nos ha costado ocho presidentes en diez años.

¿Qué encuentra de común en esta polarización sin solución, en el cual a lo mejor Perú es el caso más paradigmático, pero se repite en toda América Latina?

Dentro de dos semanas hay segunda vuelta en Colombia. Y tenemos una situación semejante. Los dos candidatos centristas sumados, Sergio Fajardo y Claudia López, no llegaron al 5% con un candidato de extrema derecha como De la Espriella e Iván Cepeda, que van a ir a segunda vuelta. Y por lo tanto uno siente eso. Uno podría decir la Argentina también: todos los que pensaron que podían terciar terminaron pulverizados. Y entonces uno siente como que hay sociedades impacientes, sin mayores ganas de favorecer, incentivar los puentes, y más interesadas en derrotar al otro que en encontrar puentes de encuentro comunes. Así que creo que efectivamente es algo que encontramos en varios países.

Ahora, aún así, diría que el Perú tiene una peculiaridad. Es decir, en Colombia, para seguir con el ejemplo que decíamos hace un minuto, los dos candidatos que pasan a segunda vuelta, en primera vuelta, los dos que pasan suman ochenta y tantos por ciento del voto. En Argentina, cuando pasan a segunda vuelta, los dos candidatos suman, no sé, 65, 70. En Perú, los que pasan a segunda vuelta no llegan a 30. Entonces hay una cuestión distinta. Es un país apático corriente, cotidianamente de la política, que en la coyuntura electoral de segunda vuelta, y en especial los últimos días, parece electrizarse de política cuando es algo que no le interesa el resto del quinquenio. La peculiaridad está ahí: que transitamos del desinterés a la crispación con una velocidad que me resulta un poco incomprensible.

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Usted sabe que se coloca en la Argentina siempre como ejemplo la estabilidad económica de Perú a partir de la estabilidad del presidente del Banco Central. Siempre se coloca la idea de que él lleva más de 20 años conduciéndolo y han pasado muchos presidentes. ¿Qué relación tiene esa estabilidad económica o macroeconómica de Perú con esta polarización por un lado y, al mismo tiempo, hiperfragmentación que se da en primera vuelta?

Sí, creo que esa es ya la suerte de paradoja, la etiqueta con la cual el Perú es reconocido en todas partes. Esta cosa un poco curiosa del descalabro político que convive con un país que crece por encima del promedio latinoamericano, que tiene una inflación bastante baja, que tiene una moneda muy estable. Y creo que eso es una verdad parcial en la medida en que creo que poco a poco el descalabro político, institucional, la voracidad de esta clase política de voluntad realmente de predar lo público, y que es algo que atraviesa a la derecha y a la izquierda, pone en peligro eso también. Es decir, las fuerzas desestabilizadoras del mundo económico se acercan cada vez más a eso que a veces yo llamo el último bastión de racionalidad del Perú.

¿Puedo sumar una interpretación y usted me corrige si es correcta? Que esa bonanza que por un lado se percibe en la macroeconomía no derrama, no llega a la mayoría de la sociedad y entonces, más que paradójico, termina siendo lógico porque genera tensiones en que la forma en que se logró esa estabilidad conlleva al mismo tiempo una pérdida de calidad de vida de los propios votantes.

Sí, hay una dimensión que es lo que mencionas es lo de la desigualdad. Es decir, cuando tú tienes un país muy desigual y le dices a la gente: "Pero mire, este año hemos crecido 4%", pero claro, tres cuartas partes de ese 4% se lo quedó el 1% de arriba, es normal que el resto de la población diga: "Bueno, a mí no me llegó ese crecimiento, yo no lo vi". Pero independientemente de eso, creo que las razones fundamentales para la bronca nacional, para el desagrado, están mucho más en la descomposición del mundo político, criminal, social.

La vida cotidiana de los peruanos se ha hecho mucho más incierta, peligrosa, y creo que eso está en el origen mucho más que probablemente la dimensión estrictamente económica. Y creo que, además, si algo me parece que ha caracterizado a este proceso electoral es que yo diría que enfrentamos los peruanos los problemas más graves en décadas y la oferta política ha sido la más mediocre también en décadas. Hay una brecha enorme entre las necesidades del país y lo que este conjunto de políticos precarios puede ofrecer. Y ahí está el abismo, si quiere, entre lo necesario y lo ofertado en estas elecciones.

RM