El consultor Lucas Klobovs, aseguró que una investigación nacional detectó el crecimiento de la denominada "avenida del medio": un 40% de los argentinos que "rechaza en partes iguales tanto al mileísmo como al kirchnerismo", cuando un año atrás representaba el 30%. En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), explicó que ese electorado "no está identificado con ningún espacio político" y que definirá su voto "por una mera cuestión pragmática", apostando por quien considere que puede "solucionarle problemas de la vida cotidiana".
Lucas Klobovs es licenciado en Ciencias Políticas por la UCA, magíster en Generación y Análisis de Información Estadística con orientación en Opinión Pública por la UNTREF. Trabajó durante diez años como director de cuentas en Poliarquía Consultores. Actualmente se desempeña como director de Opinión Pública en QSocial. Es, además, coordinador académico y profesor de la Maestría de Generación y Análisis de Información Estadística en la UNTREF. También es miembro activo de la Asociación Mundial para la Investigación de Opinión Pública de América Latina.
—Nos hiciste llegar un informe que realmente es muy interesante porque desglosa distintas preguntas que se le van haciendo a la opinión pública respecto de ideas que son controversiales, de distintos puntos de vista, económicos, sociales, de valores. Lo que demuestra las contradicciones que tenemos: compartimos algunas, rechazamos otras, y finalmente lo que termina generando es un equipo que representa, a lo mejor, al 40% de los argentinos que no se siente identificado, podríamos decir, ni con el kirchnerismo ni con el mileísmo.
—Efectivamente. Nosotros, en una investigación nacional que hicimos, encontramos la famosa avenida del medio: hay un 40% de los argentinos que dice que rechaza en partes iguales tanto al mileísmo como al kirchnerismo. Básicamente, lo que intentamos hacer fue identificar ideológicamente a la población. Ahí encontramos dos segmentos bien claros: un 34% que se identifica con lo que nosotros llamamos "estatismo puro"; hay otra parte que es "privatismo"; y después ese grupo intermedio, que son los ambiguos o los mixtos, que claramente no tienen una posición ideológica.
Y en ese grupo intermedio, que son los que no tienen una posición ideológica tomada, sí reconocen dos cuestiones muy importantes. Una es el orden: aceptan, piden y exigen un país con orden. Pero, a su vez, tienen una mirada respecto al Estado no coincidente con la que tiene el presidente Milei, sino que exigen un Estado más presente que "ausente". La particularidad es que prácticamente la totalidad de ese 30% no está identificado con ningún espacio político y va a terminar decidiendo el voto por una mera cuestión pragmática. Aquel dirigente o candidato que crea que le puede solucionar problemas de la vida cotidiana, en él va a depositar el voto.
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—Me gustaría que le hicieras a la audiencia una especie de síntesis didáctica de cómo se dividen estos valores sociales. Vos los llamaste, por ejemplo, "punitivista", "propietarista", "mixto"; en otro sentido, "estatista", porque usaste la palabra "progresista". A ver, ¿cómo se definirían los valores que constituyen cada una de estas tres categorías?
—Los que nosotros llamamos "estatistas", tomando el nombre que usualmente utilizaban Manuel Mora y Araujo para caracterizar a este segmento, claramente tienen una mirada y una exigencia de un Estado que colabore, ayude y defienda a los ciudadanos, que esté activo. Está a favor, por ejemplo, de los subsidios, de no eliminar subsidios; en contra de la flexibilización laboral; en contra de una apertura muy grande de la economía respecto al comercio internacional. Eso desde el punto de vista económico.
Ahora, desde el punto de vista, si se quiere, moral o de valores, reconocen ese progresismo en cuanto a estar a favor del aborto, estar a favor de la unión de personas del mismo sexo. En la antítesis, ese segmento que es más privatista, exigen un Estado más alineado a lo que promueve el presidente Milei. Es decir, están a favor de un Estado totalmente mínimo, que provea los servicios indispensables. Es más, voy a un extremo: hay algunos que reconocen que ni siquiera el Estado provea salud o educación, por ejemplo, y que se aboque simplemente a lo que es seguridad y defensa.
Están en contra de los controles de precios para luchar contra la inflación. Consideran que la única manera de luchar contra la inseguridad es el aumento de las penas. Si bien hay una coincidencia, en general, en estos dos segmentos de que las leyes son relativamente blandas...
—En seguridad hay más acuerdo.
—En inseguridad hay más consenso porque revela, en el fondo, una demanda general, que es la necesidad y una exigencia de orden. Después hay diferencias en cómo llegamos a ese orden, pero sí hay una exigencia y una demanda de orden. Y después la otra cuestión en la que también hay consenso es la necesidad de un Estado que no tenga déficit fiscal. Las dos posiciones defienden eso. Ahora, la diferencia es cómo se llega a eso. Los sectores más identificados con el privatismo están a favor de la reducción de subsidios, de la reducción de servicios, etcétera.
Ahora, las posiciones más estatistas sí reconocen la necesidad de déficit fiscal cero, de superávit. La cuestión es cómo llegar ahí. Y la síntesis, en una investigación cualitativa que nosotros hicimos, la dio una mujer que dijo: "Yo quiero superávit fiscal, pero no con la mía, no con mi bolsillo". Esa es la diferencia en cómo llegar al déficit fiscal.
—Sí, obviamente: más impuestos o menos gasto.
—Exactamente.
—Pero hay toda una idea de que no debe haber más déficit fiscal. Inclusive, me parece bien que, si los impuestos llegan a un momento en que la famosa curva de Laffer... Vos se los aumentás, pero finalmente cae la recaudación. No va a haber otra alternativa que reducir el gasto.
—Totalmente. Y, es más, con esto lo vinculo a un tema. Si yo analizo esa misma temática en relación con qué opina el segmento peronista, lo que nosotros identificamos a través de diferentes variables como peronista y kirchnerista, dentro de ese segmento también hay consenso en cuanto a la necesidad de superávit fiscal. Obviamente, no es un consenso abrumador, pero casi el 40% de los identificados con el peronismo reconocen la necesidad de un Estado sin déficit.
—Lo que estamos hablando es de que todos están en contra de la inflación.
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—Exactamente. Y esa es una de las cuestiones: una política fiscal austera es una de las políticas que mayor consenso genera de cara a 2027.
—Entonces, las coincidencias son en combatir la inseguridad y en combatir la inflación. Luego podrá haber divergencias en cómo se logra, pero esos son dos elementos que los unifican a todos. ¿Cuáles son los que producen la contradicción que ubica a un grupo y le da sentido de pertenencia a uno y a otro?
—Una es cómo luchamos contra la inflación. Uno está más a favor del control de precios; otro, de la libertad de mercado. La vinculación con Estados Unidos. El segmento más estatista está en contra de una alianza tan unida entre Argentina y Estados Unidos. Y ese vínculo personal con Trump, por ejemplo.
El segmento privatista está muy a favor de un vínculo fuerte y muy estrecho con Estados Unidos. La forma de luchar contra la inseguridad: si bien hay un consenso de que las leyes son blandas, hay un segmento que pide profundizar esa lucha en cuanto a aumentar las penalidades y no la reducción de las diferencias sociales para evitar el delito.
Hay una diferencia también en cuanto, por ejemplo, al aborto. Los segmentos más cercanos al presidente Milei están más en contra del aborto. Y después, perdón, sí: lo que es la apertura comercial divide drásticamente las opiniones. Unos demandan una apertura comercial bien fuerte y el otro segmento la quiere mucho más controlada.
—Corolario: ¿qué se puede inferir de esta ontología de qué es lo que hay en Argentina para las elecciones del año próximo?
—Hay dos segmentos que están ideologizados y que claramente tienen no el voto definido, pero sí bastante orientado. Obviamente, el segmento más privatista claramente va a votar a Milei. El otro segmento, el progresista, ahí va a depender de la oferta opositora.
Ahora, el gran punto es ese segmento intermedio, que tiene la característica de ser muy volátil y no tiene prejuicios en votar en una elección a un candidato y, en la siguiente elección, votar a la antítesis de ese candidato, simplemente porque lo que va a buscar es resolución de problemas.
Y en esto también lo vinculo al primer punto que estuvimos conversando: que el 40% de los argentinos no se identifica ni con Milei ni con el kirchnerismo. Esa avenida del medio tiene una particularidad: que, si bien hay agua en la pecera para la posibilidad de un candidato que los represente, esa pecera del medio se puede diluir, se puede polarizar si no encuentra un candidato competitivo.
¿Por qué digo esto? Porque la mitad de ese 40% estaría dispuesto a votar al candidato que no le guste con tal de que no gane el que ellos consideran peor. Entonces, si no surge un candidato con capacidad de ser competitivo realmente, esa pecera intermedia se va a diluir y va a terminar optando entre esos dos extremos.
—¿Creés que esto es distinto a 2023? Si vos hubieras hecho esto mismo en 2023, ¿te hubieras encontrado con datos diferentes?
—Lo que nosotros vemos, por ejemplo, es que ese 40%, un año atrás, se ensanchó. Era 30% un año atrás; ahora es 40%, en detrimento del mileísmo. Había una parte importante, un 10% más de gente a favor del mileísmo, que pasó a ese núcleo intermedio.
Y yo diría que en 2023 representó algo parecido. ¿Por qué? Porque la irrupción de Milei intentó ser la de un dirigente completamente nuevo, diferente entre dos extremos, en el buen sentido político, donde había un dirigente que representaba al kirchnerismo, al peronismo; otro dirigente que representaba a Juntos por el Cambio, el antiguo PRO, etcétera. Ahí apareció Milei en ese momento.
Y ese voto a Milei, nuestras investigaciones demuestran que no era un voto ideológico. Era un voto bronca, era un voto de enojo, de apatía, de insatisfacción. Eso mismo empieza a aparecer ahora. ¿Eso significa que ese 40% puede ser interpelado solamente por un outsider? No. Mi hipótesis es que ese 40% puede ser interpelado por un outsider o puede ser interpelado por un dirigente tradicional de la política.
¿De qué va a depender esa interpelación? Yo creo que va a haber más una cuestión de emocionalidad. Si ese dirigente que intenta capitalizar ese 40% lo hace desde una cuestión meramente racional, es muy difícil que llegue. Va a tener que incluir una cuestión de emocionalidad muy importante. ¿Por qué? Porque en las democracias contemporáneas las investigaciones académicas demuestran que el peso de las emociones cada vez tiene una influencia mayor en la definición del voto.
—Dejame, para simplificar, colocar como significante de estatismo a Kicillof, como significante de privatismo a Milei. Y está el 40% que no encuentra su candidato, de esa tercera vía. O hay un balotaje entre ellos dos. Si apareciera el candidato, no llega al balotaje. Ese 40%, ¿vos creés que hoy estaría en condiciones de inclinarse en qué porcentaje hacia cada uno de los dos sectores?
—Ese 40%, mi hipótesis es que tiene más probabilidad de inclinarse hacia Milei. Porque hay una parte que votó a Milei en el 23, se decepcionó, pero le reconoce la baja de la inflación, por ejemplo. Primer punto. Segundo punto: si bien reconocen un daño social, un daño económico, consideran que un regreso del peronismo puede ser peor que un triunfo de Milei.
Y ahí vuelvo a incorporar el tema de las emociones. La teoría de la inteligencia afectiva aplicada al voto dice que, cuando se logra instalar la ansiedad, eso genera cambios en el voto. Una de las particularidades por las cuales se instala la ansiedad es considerar que el daño futuro que puede generar es mayor al daño presente. Y ahí hay un segmento importante de ese 40% que considera que un regreso del peronismo puede generar un daño superior al daño generado por Milei desde el punto de vista económico.
RM