La economía argentina atraviesa un cambio de régimen que comenzó a mostrar resultados heterogéneos: mientras algunos sectores vinculados a la energía, el agro y las exportaciones encuentran nuevas oportunidades, otros, más ligados al consumo interno y al empleo, enfrentan mayores dificultades. En este contexto, el economista Enrique Szewach analizó las fortalezas y los límites del programa económico del Gobierno y advirtió sobre las dudas que todavía existen en torno a su sostenibilidad.
En diálogo con Jorge Fontevecchia en Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), Szewach sostuvo que el proceso de estabilización todavía no está concluido y que persisten reformas estructurales pendientes. Para el economista, el desafío hacia los próximos años será consolidar el cambio de régimen sin que sus costos económicos y sociales terminen generando un retro.
Enrique Szewach es un economista, periodista y escritor que cuenta con una extensa trayectoria en la función pública y la consultoría privada. Fue director del Banco Central de la República Argentina entre 2017 y 2019 y vicepresidente del Banco de la Nación Argentina entre 2015 y 2017. También fue economista jefe de FIEL y consultor para organismos internacionales como el Banco Mundial y el BID, además de haberse desempeñado como director ejecutivo de IERAL entre 2022 y 2023.
Jorge Fontevecchia, te saludo. Lo escuchaba hoy a Longobardi diciendo que te iba a hacer un reportaje largo y digo, bueno, nos vamos a adelantar un poquito. Destacaba que ya es conocido para los lectores de Perfil que fuiste columnista durante mucho tiempo, tu capacidad didáctica, y quería apelar a ella para que nos explicaras estas contradicciones entre datos negativos y positivos últimamente, probablemente más de los negativos respecto al desempeño de la economía argentina, y qué significa eso hacia futuro. Te escuchamos con atención.
Hola, Jorge, buenos días y saludos a toda la audiencia. A ver, lo que hay que entender primero es que estamos en medio de un cambio de régimen, y los cambios de régimen en general provocan estas heterogeneidades, para decirlo grandilocuentemente. Veníamos de un régimen como fue el kirchnerismo, omito el interregno de Macri, que apenas llega a cristalizarse o materializarse como cambio de régimen. El régimen kirchnerista era un régimen que subsidiaba el consumo. Lo subsidiaba, era un régimen que trataba de emular al primer peronismo, si querés. Tuvo una gran cantidad de recursos derivados de la primera etapa de China, cuando demandaba insumos y los precios de los commodities a principios del siglo XXI volaban, y tuvo la ventaja de que tenía superávit fiscal, porque además estaba en default, etcétera. Bueno, la cosa es que subsidió el consumo subsidiando tarifas, prohibiendo exportaciones de productos alimenticios, como la carne, por ejemplo, poniendo controles de precios. Bueno, hay una serie de cosas. Todo eso terminó financiado por el Banco Central y terminó en el desastre que todos conocemos, porque desalentás la producción, desalentás la oferta, desalentás la demanda y encima lo financiás con emisión monetaria. Terminó en un desastre y fue lo que terminó. Bueno, Milei hace un cambio de régimen violento. Corta todos los... bueno, reduce sustancialmente los subsidios a las tarifas. Todavía quedan, pero las reduce sustancialmente, lo que hace que el ingreso disponible de las familias caiga porque tienen que pagar más costos fijos: la electricidad, el gas, el transporte, etcétera. Liberó todo el comercio exterior, lo que significa que se puede... Y además hubo acuerdos comerciales importantes, como con la Unión Europea o con Trump. Eso significa que se puede exportar carne, eso significa que se puede exportar petróleo, eso significa que se puede exportar gas. Estos tres productos, por así decir, están a precios... Bueno, sobre todo el petróleo y el gas, no están a precios internacionales, porque es la forma de producir y de exportar. El salario real siguió cayendo, porque venía cayendo de antes, pero ahora siguió cayendo porque se está ajustando a una productividad muy baja que tiene la economía argentina y que va a tener que cambiar fuerte. Los índices de los exámenes PISA muestran nuestro gran problema en educación y en capacitación. Y bueno, en ese contexto tenés ganadores, que son los que eran los viejos perdedores, digamos, petróleo, gas, agroindustria, por una muy buena cosecha, además, y repito, por una mejor inserción internacional. Y tenés a los perdedores, que eran los viejos ganadores: los sectores vinculados al consumo masivo, vinculados al crédito, vinculados a tasa negativa, vinculados a la economía cerrada, que les permitió no competir en un país que no compite. Y encima sin haber hecho el cambio de régimen en el Estado, porque seguimos con la misma situación impositiva, seguimos sin inversión en infraestructura, seguimos con provincias y municipios muy ineficientes y, bueno, cuando sumás todo eso tenés este resultado. ¿Qué pasa con la economía? Otros sectores crecen, otros sectores decaen. Los que decaen son los más intensivos en empleo, y los más intensivos en votos, agregaría un encuestador. Y entonces estás con estos números tan mezclados, ¿no?
Y ese “intensivos en votos” me parece una buena explicación de que no simplemente son en empleo, sino finalmente en personas que terminan siendo perjudicadas. A un economista como vos, un plan económico que durante tiempo prolongado no produce beneficios a la mayoría de la sociedad, ¿no tiene un problema intrínseco de insustentabilidad, para decirlo de alguna manera?
Bueno, sí. A ver, el problema es insustentable o genera cierta incertidumbre sobre su continuidad, para no ser tan exagerado, por varias razones. Primero, porque el ajuste fiscal está basado, insisto, en un esquema en donde el sector público todavía no cambió. A ver, hubo alguna reducción de personal de Bienestar Nacional y baja de salario, pero eso no es lo que te importa del sector público. Lo que te importa del sector público es que sea un buen proveedor de bienes públicos, en donde aparecen las provincias, sobre todo, que son hoy el centro de la provisión de bienes públicos en Argentina: educación, salud, seguridad elemental, todo depende de las provincias. Y el sector público vinculado con infraestructura, con el marco, con inversión en obra pública, no hay corrupción en la obra pública porque no hay obra pública, digamos, ¿no? Y, por último, insisto, hay que hacer dos reformas que son claves, que de ahí dependen de una, que es la reforma del federalismo fiscal de la Argentina, que se viene postergando desde la década del 80, o más, y que tampoco se ha encarado ahora y que, dado que las elecciones están muy cercanas, difícilmente se encare antes del próximo gobierno. Entonces, efectivamente, se hace muy difícil esto desde el punto de vista sustentable porque, volviendo a lo que decimos antes, como esto perjudica, hace muy costoso este cambio de régimen. El cambio de régimen había que hacerlo, era necesario hacerlo, pero podía haberse hecho con menos costo. Bueno, te genera la incertidumbre de qué va a pasar electoralmente el año que viene con aquellos que se sienten perjudicados por el cambio de régimen.
Recién entrevistamos al presidente de la Unión Industrial, a Rapallini, a Martín Rapallini, quien manifestaba, obviamente, a favor de que un cambio, un modelo, pasase de ser el Estado el motor de la economía a que sean los privados, pero planteaba que si se colocaba la inflación como única variable de éxito de un programa, bueno, se terminaba matando al programa mismo. Y que, en líneas generales, cuando uno analizaba países que habían atravesado estos procesos de desinflación fuertes, ponía el caso de Israel, entre otros, se decía que inicialmente se alcanzaba una especie de escalón de alrededor del 2%, del que Argentina está, y que si se lo quiere terminar de golpe, el costo que produce en destrucción puede ser mayor que el beneficio de una baja más pronunciada de la inflación. ¿Cómo imaginás vos estas tensiones, no sé llamarlas de parto, ojalá así sean, entre esos sectores que se tienen que adaptar, que son intensivos en votos, y el deseo del gobierno respecto de que la inflación tenga un cero delante?
Bueno, primero, hacer la comparación internacional es complicada porque estamos hablando de mundos muy diferentes. Una cosa era el mundo de los 80 o de principios de los 90, otra cosa es el mundo 30 años después. Segundo, todavía no hemos logrado la estabilidad. O sea, acá hablamos de estabilidad teniendo 8 veces la inflación regional y 10 veces la inflación internacional. O sea, desde agosto del año pasado la inflación es 32-33% anual. 32-33-34. 33% anual, 34% anual. Esto es 8 veces la inflación de la región, que tiene 4 por año: 4 por 8, 32, y 10 veces la mundial, que tiene 3 y pico por año. Entonces, esto no es estabilidad. Es decir, no nos engañemos, estamos mucho mejor, por supuesto, que la barbaridad que había dejado el kirchnerismo, pero una cosa es la barbaridad que había dejado el kirchnerismo y otra cosa es la estabilidad. Porque el choque de la estabilidad, que siempre es favorable, se da cuando vos bajás muy rápido la tasa de inflación y entonces pasás de la hiper a cero, para exagerar, como fue con la convertibilidad o como fue ese pequeño interregno del Plan Austral, o algún otro momento en la historia. Ahora, cuando vos estás acá, en este contexto, bueno, tenés un problema. Tenés que primero explicar un diagnóstico, porque el gobierno, o el Banco Central, o la economía, lo que vos quieras, fue cambiando de eje de estabilización. Primero fue una tablita cambiaria, después pasamos a la tasa de interés, después pasamos al control de agregados monetarios, como estamos ahora. Está todo muy confuso. Tenés indexadas las tarifas. Todavía falta ajuste de precios relativos. O sea, todavía el programa de estabilización no está. Es decir, es muy bienvenido todo lo que se ha hecho, por supuesto, toma todo lo que vos quieras, pero el programa de estabilización no está. Entonces, decir que la estabilidad ya está lograda y ahora habría que pensar en el crecimiento, ese es un buen slogan, pero en la práctica estamos en un problema. Y te repito, o insisto, que no quiero ser monotemático, pero insisto en ello: hasta que no agarren los temas estructurales de fondo, este cambio de régimen se va a quedar a mitad del camino, con el riesgo lamentable de que fuera... aunque tuviéramos un retroceso. Ojalá no, y espero que no, y yo creo que no va a pasar, pero que podamos tener un retroceso el año que viene, en las elecciones próximas. Entonces, ahora hay que concentrarse en minimizar los costos que quedan y tratar de ir dando señales de que esas reformas que están pendientes van a ser posibles de instrumentar una vez que el próximo gobierno esté en funciones.
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Enrique, sumándome a lo que vos decís, resulta paradójico, y te pido incluso tu reflexión, que los primeros ocho meses de la inflación de este año son mayores que los ocho meses del año pasado.
Bueno, sí. A ver, voy a ir más atrás. Si bien esto es mucho más genuino, después voy a aclarar por qué, desde el año 2012, bien medido, con la medición de Moreno, Argentina tiene un régimen de inflación del 2% mensual. Cuando hay descontrol cambiario y crisis, se te va a 4 o a 6. Cuando hay descontrol general, como fue el final de Massa, se te va a 8 o una cosa por el estilo. Ahora, es cierto que este 2 es mucho más genuino porque no se subsidian tanto las tarifas, porque no hay controles de precios, porque la economía está más abierta, etcétera. Pero aun así estamos en este 2% mensual que, cuando la estacionalidad juega a favor, como está jugando estos meses, baja a 1 y algo; cuando la estacionalidad juega en contra, sube a 2 y algo, digamos. Entonces, cuando vos tomás estos períodos agregados, te va a dar, porque la estacionalidad pegó mejor el año pasado que este, o al revés, un poquito más o un poquito menos que los ocho meses. Por eso yo tomé la inflación anual, que es un indicador que te quita las estacionalidades, porque en el año va para un lado y va para el otro. Y esto es así. Ahora, Argentina ahí tiene un problema que ya, bueno, obviamente, cuando sos un enfermo crónico es más problema que cuando sos un enfermo agudo, y Argentina, en términos de inflación, es un enfermo crónico. Entonces, bueno, probablemente haya que esperar, pasar más tiempo, haya que insistir por este camino. Pero claramente, cuál es la política monetaria, cuál es la política cambiaria y un sector público o un presupuesto que refleje mejor la economía de largo plazo en la Argentina. Tenemos una gran oportunidad en los sectores exportadores que proveen muchos dólares que antes Argentina los tenía que ir a buscar con deuda, pero todavía seguimos con problemas de deuda, todavía seguimos, insisto, con problemas fiscales derivados de la herencia que recibió el presidente en términos de deuda en pesos, y todo eso va a requerir más tiempo del que, a lo mejor, del que la gente concede, qué sé yo.
Enrique, desde un punto de vista, no sé llamarlo hegeliano, quizás demasiado presuntuoso, pero uno sí podría decir que los presidentes tienen sus propias ideas, pero hacen dentro de un contexto de posibilidades. Recuerdo la frase que cito siempre de Sartre, de que uno hace con uno lo que primero otros hicieron con uno. Entonces, siguiendo esa línea, sea presidente Milei o sea presidente alguien de la oposición, ¿cuáles son las condiciones de posibilidad que se va a encontrar en 2028 y qué imaginás, cómo sigue la película, sea en un sentido o en el otro, dentro de las condiciones de posibilidad que va a generar una economía que probablemente llegue al año que viene, no sé, con una inflación del 20% anual, que llegue con una situación cambiaria más o menos controlada, con una balanza comercial muy positiva, pero con una deuda y salarios bajos?
Bueno, a ver, me ponés en un problema de imaginación muy grande, pero empecemos por una cuestión clave, que es el mundo. Argentina siempre ha dependido de las condiciones internacionales, a favor o en contra. Tuvo las espectaculares condiciones del siglo XIX y principio del XX con el Imperio británico y los gasoductos de la época, que eran los ferrocarriles, y ahora... Y tuvo una buena oportunidad en los 90 con la exuberancia del capital, como decía Greenspan. Y ahora tiene esta ventaja de que, sea por la guerra, sea por los cambios de distinto tipo, el mundo demanda algunas de las cosas que Argentina produce. No es el único país que produce, dicho sea de paso, no es cierto. Entonces, ahora estamos metidos en un mundo de alta incertidumbre, porque si tiene algo de claro el mundo en el que estamos metidos es que han desaparecido las reglas. Argentina tiene una gran ventaja cuando se metía en el mundo, porque un país caótico en un mundo con reglas te hacía ser más disciplinado. Yo siempre uso el mismo ejemplo: si sos socio del Jockey Club, sabés que el tipo entra al comedor con camisa y corbata, si todavía se pide corbata en el comedor del Jockey Club. Ahora no hay más reglas, porque Trump las cambió, porque está China, porque Europa está en el drama que planteaba Henry Kissinger en su momento. Henry Kissinger tiene una frase extraordinaria que plantea el drama de Europa, porque él decía: “¿Cuál es el teléfono de Europa?”. Es decir, porque él decía: “Yo tengo un problema con China y lo llamo a Mao, digamos, y tengo un problema con Rusia y lo llamo, qué sé yo, a Khrushchev o a Gorbachov, ya ni sé quién. Tengo un problema con Europa, ¿a quién llamo?”. Y hoy eso se ha agravado todavía. Entonces estás en un mundo sin líderes o con líderes, digamos, no quiero ofender a nadie, con líderes impredecibles y sin reglas. Y Argentina, que era caótica, se mete en un mundo sin reglas tratando de nadar ahí. Y entonces ya ahí tenés la primera dificultad para mirar el 2028. Primero, para mirar el 2027, pero segundo, para mirar el 2028. Segundo, va a depender quién es, digamos, hacia dónde. Cualquiera sea la oposición, sea la oposición que nos vuelve para atrás, como sería el kirchnerismo, o sea una oposición que hoy no sabemos quién, que hay cierta demanda de ser, de seguir por acá pero sin Milei. Bueno, hay demanda, pero no hay oferta. Sea cual fuera, hay algunas restricciones que no pueden cambiar, digamos: la restricción externa, es decir, la restricción no externa en términos de los dólares de las exportaciones, sino la restricción de decir: bueno, estamos metidos en este mundo y en este mundo tenemos que bailar. Vamos a tener la gran ventaja de que el mundo va a seguir, digamos, que Vaca Muerta sigue existiendo y es difícil que alguien, este, digamos, vuelva para atrás con Vaca Muerta. Sería ridículo. Y que el agro y que la minería va a funcionar. Tenés más elementos para hacer un nuevo federalismo porque ahora tenés menos provincias pobres o vas a tener, deberías tener, menos provincias pobres. O sea, algunas cosas irreversibles. Ahora, si volvés al camino de subsidios irracionales, de incentivos mal puestos, bueno, Argentina puede perder otra vez una oportunidad.
Enrique, tiene razón Marcelo sobre tu didactismo, el que abusaremos a menudo todo lo que podamos. Muchísimas gracias por este tiempo que nos regalaste.
No, al contrario. Muchas gracias a ustedes. Saludos a todos.
LMM