La economía argentina atraviesa una etapa en la que, según Emanuel Álvarez Agis, el modelo de La Libertad Avanza comienza a mostrar con mayor claridad sus límites y la necesidad de una nueva estrategia. El exviceministro de Economía durante la gestión de Axel Kicillof sostuvo que el Gobierno transformó un plan de emergencia en un plan económico y advirtió que la reducción de la inflación, si continúa dependiendo de un fuerte costo sobre la actividad, puede dejar de ser suficiente para las expectativas de la sociedad. Así lo planteó en una entrevista con Jorge Fontevecchia en Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190).
Álvarez Agis también analizó cómo podría ser la economía argentina si en 2027 el peronismo regresara al poder. Frente a una eventual presidencia de Axel Kicillof, planteó que el próximo gobierno debería convivir con un mercado inicialmente desconfiado, preservar el equilibrio fiscal y buscar una forma distinta de distribuir la carga tributaria, al tiempo que sostuvo que la Argentina necesita cerrar la grieta para recuperar estabilidad, inversión y crecimiento.
Emanuel Álvarez Agis es licenciado y magíster en Economía por la UBA, ha trabajado como asesor para organismos como el Banco Mundial y la ONU. En la gestión pública fue subsecretario de Programación Macroeconómica entre 2011 y 2013 y viceministro de Economía de la Nación entre 2013 y 2015, durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Además, fue representante del Estado en directorios de empresas como Pampa Energía, Banco Macro y Edenor. Es socio fundador y director de PXQ Consultora, una firma dedicada al análisis macroeconómico y estratégico para empresas e instituciones.
Y además, Emanuel fue el viceministro de Economía, no solamente durante la presidencia de Cristina Kirchner, sino del Ministerio de Economía de Axel Kicillof. Así que, pocas personas conocen tanto a quien se perfila como el principal candidato de la oposición. Pero comencemos hablando del oficialismo. Emanuel, un gusto. Un placer escucharte y tenerte allí. Hacernos un balance de la última vez que hablamos hoy de la marcha de la economía, del plan del Gobierno nacional y cómo ves que va a seguir.
Bueno, buen día, Jorge. Gracias por la invitación. La verdad que yo creo que estamos viendo ya al modelo macroeconómico de La Libertad Avanza en su plenitud. Me parece que esto es lo que tiene para ofrecer la macro de Milei. Y hoy me parece que estamos en un punto, te diría, de insatisfacción, porque uno pensaba que tal vez Milei tenía un sesgo hacia la baja de la inflación sin importar lo que pasaba con la actividad económica y, a priori, muchos alertábamos de ese impacto, pero mientras la inflación bajaba, uno podía entender que la sociedad había elegido una combinación de menor actividad pero menor inflación, dado de dónde veníamos y dadas las razones de la victoria de Milei. Me parece que una vez que la inflación alcanzó un piso ahí en torno al 30% y se empezó a trabar, y cada vez estamos viendo que pagamos más costos en términos de actividad para bajar la inflación, aparece claro que, creo, el más grave error del Gobierno es haber transformado un plan de emergencia en un plan económico. Creo que el plan económico requiere de muchos retoques; ya ni siquiera diría retoques, requiere de un nuevo plan que entienda que la reducción de la inflación, ahora que está en valores de la inflación del 25-30% anual, requiere de un herramental un poco más sofisticado. Porque, de lo contrario, estamos en un típico plan de ajuste estructural. Lo que sabemos los economistas es que los hechos estilizados de ese tipo de programas, cuando arrancan inflaciones tan altas como 30%, es que pagan un costo muy alto en términos de actividad. Y esto tal vez podría no representar un problema en otros países, pero los estándares argentinos sabemos que son distintos. Hoy, cuando uno ve las encuestas y cuando ve un montón de variables económicas, la gente comienza a comportarse como si la inflación ya no fuera un problema y, por tanto, empieza a demandar otras cosas. Empieza a demandar un poder adquisitivo que crezca, empieza a demandar una calidad de empleo que se ha deteriorado mucho en estos dos años y medio, y creo que ahí el Gobierno está corto de herramientas. La verdad que ayer apareció algo absolutamente exótico para los estándares de Gobierno, como se anuncia el ministro Caputo respecto a los créditos hipotecarios, pero, de nuevo, son como pinceladas adentro de un programa económico que, insisto, estaba diseñado para atravesar una emergencia y, lamentablemente, me parece que el Gobierno se aferró a eso como su única estrategia antiinflacionaria.
O sea, cumplió su ciclo.
Bueno, es que, a ver, y sin subestimar el problema, ¿no? Porque, bueno, para empezar, la economía argentina en diciembre del 2023 era una tarea muy compleja y uno ahí, digamos, independientemente de cómo se ha utilizado el término, uno ahí podía entender la motosierra o, por decirlo más en general, la sintonía gruesa. Porque la verdad, si a mí me hubiese tocado protagonizar ese período, yo hubiese dicho: miren, lo importante es no terminar una hiperinflación, lo importante es no terminar una crisis bancaria, lo importante es no terminar en un colapso del peso. Esos eran, me parece, los desafíos muy gruesos en diciembre del 2023. Ahora, cuando ese programa económico o esa estrategia macroeconómica —porque decirle programa me parece que es un abuso del lenguaje— requiere de algo tan exótico y grave como dos rescates en un mismo año, primero el Fondo Monetario en marzo del 2025 y después la utilización del Fondo de Estabilidad Cambiaria por parte del secretario del Tesoro de los Estados Unidos en septiembre del 2025, bueno, ahí ya no hay diagnóstico, ahí ya hay una muestra absolutamente clara de que el programa está haciendo ruido por todos lados. Y cuando vos mirás hoy qué pasó desde ese rescate de Bessent a la fecha, me parece que lamentablemente el Gobierno sigue con una estrategia muy parecida que, insisto, va teniendo rendimientos decrecientes: cada vez aplica dosis más grandes de lo mismo y obtiene resultados más pequeños.
¿Cómo sigue, cómo llega a las elecciones del año próximo? ¿Cuál es el escenario que te imaginas se va a desarrollar, la decisión de su reelección o su cambio?
Bueno, yo creo que hay que entender, en principio, el sesgo del presidente que se deriva de lo que él interpreta que fue el mandato de las urnas. Yo creo que este es un presidente que apuesta mucho más a la baja de la inflación que a una preocupación por la actividad económica. Entonces, me parece que hoy estamos viendo un intento del Gobierno de reeditar una ancla cambiaria a partir de ciertas presiones que empiezan a aparecer en el mercado. Y lo que sí veo es un zigzagueo en la política, tanto monetaria como fiscal, que me preocupa. Te diría que el Gobierno, cuando se le escapa el dólar, intenta controlarlo subiendo las tasas de interés, pero al mismo tiempo, cuando hace eso, se da cuenta de que va a seguir lastimando el crédito en este escenario de demora grave que estamos teniendo en el sistema crediticio. Y, inmediatamente, dice: bueno, no, no, pará, tratemos de bajar la tasa de interés y dejemos que se nos escape un poco el dólar. Y la verdad que en las últimas semanas hemos visto un Gobierno que va entre esas dos puntas de una manera muy confusa y poco clara para el mercado. Y en lo fiscal pasa algo parecido. Tenemos un Gobierno que ajusta, que al mismo tiempo sube los subsidios a la energía en el marco del conflicto de Estados Unidos con Irán o que, como pasó ayer, empieza a explorar estrategias, diría yo, cuasi fiscales para tratar de reanimar una actividad económica que, al margen de que el PBI nos pueda dar un número positivo y este año, la verdad que incluso nosotros estamos teniendo un escenario por abajo del 2% de crecimiento, me parece que el Gobierno se da cuenta de que necesita un poco de actividad.
Pero hoy te diría que estamos atravesando un período muy confuso, digamos. Las señales de la política monetaria y de la política fiscal son eclécticas. Una semana te parece que quieren contraer y la otra semana te parece que quieren expandir. Y tal vez, como muchas veces pasa en los gobiernos, sea el reflejo de una propia interna en términos de para dónde llevar el programa adentro del equipo de Gobierno.
A ver, Emanuel, ¿podríamos decir que el Gobierno puede llegar el año próximo con una inflación del 18% anual sin solucionar la mejora de los salarios y sin mejorar el consumo? Ese sería un escenario posible.
Sí, y sacrificando un montón de reservas, que es un poco lo que me preocupa. Y creo que ahí hay dos escenarios. Porque, a ver, hoy el primer semestre estuvo marcado por una compra de reservas muy agresiva del Banco Central. Y el segundo semestre, que estuvo marcado por una compra de reservas muy agresiva del Banco Central. Y el tercer semestre, que estuvo marcado por una compra de reservas muy agresiva del Banco Central. Tiene por atrás un montón de explicaciones de la coyuntura, de los precios del petróleo, de la buena cosecha que tuvo el agro, de la emisión de deuda privada por parte de compañías. Todas esas explicaciones son válidas. Pero tiene, digamos, dos luces amarillas en esa dinámica. La primera es que compramos un montón de reservas básicamente porque la actividad económica está estancada y, por ende, están estancadas las importaciones. Entonces uno diría: la verdad que estamos mejorando la hoja de balance del Banco Central a costa de empeorar la hoja de balance de todas las compañías que están orientadas al mercado interno y que hoy no venden, básicamente. Y la segunda luz amarilla es que esa tranquilidad en materia de reservas, o sea, esa posibilidad de comprar reservas sin presionar el tipo de cambio al alza, tuvo que ver con que el mercado financiero local quedó absolutamente disciplinado por un evento que lo vamos a estudiar en los libros de historia, que es que, en 2025, los argentinos le compramos 33 mil millones de dólares al Banco Central esperando una devaluación y del otro lado nos encontramos literalmente con una muralla, que fue la aparición del Tesoro de Estados Unidos diciendo: yo no voy a permitir que el peso se devalúe. Si ese factor de disciplinamiento, porque el mercado perdió dinero con esa apuesta, si ese factor de disciplinamiento no está, en 2027 vamos a entrar a un año electoral con una estrategia de ancla cambiaria, sin cepo y con la demanda de pesos, la verdad, muy baja. Hoy ya la demanda de pesos es muy baja. Y el rescatista está teniendo problemas en su propio país. Nosotros, porque somos argentinos, estamos muy involucrados en la dinámica local. Pero la verdad que la controversia que estamos viendo entre la Reserva Federal de los Estados Unidos y el secretario del Tesoro, y la intervención del secretario del Tesoro en cuestiones que son propias de la Reserva Federal, como la tasa de interés, realmente a mí me parece que es un escenario que va a derivar en una complicación en la gestión de Bessent. Así que, si contamos con Bessent a partir del 2 de enero de 2027, si ese es el escenario que va a hacer el Gobierno, yo diría que hay que empezar a plantear un plan B.
Bueno, imaginemos que logra llegar a las elecciones con 18% de inflación anual, sin mejora de la capacidad de compra de la mayoría de los argentinos, con una tensión cambiaria, pero sin que explote. Las posibilidades que tendría de ser reelecto, o sea, de que la sociedad, los votantes, consideren que es el apto para la segunda fase, ya no para bajar la inflación, parecerían no estar resueltas, porque podría lograr bajar la inflación, pero todas las otras cosas no.
La tradición, Jorge, es que ahí la economía no termina siendo determinante de cara a la elección, y entonces empiezan a aparecer especulaciones del orden de la ingeniería electoral, la división de la oposición o no, quién sea el candidato del otro lado, etcétera. A ver, uno diría, en general, pasan dos cosas que juegan en sentido opuesto. Primero, insisto, para no estar enfrascados en Argentina, la verdad que el escenario base en los países de ingreso medio de la región es que los presidentes no reeligen. Y eso pasa en la mayor parte de los países, en nuestros vecinos, digamos, Chile, desde Bachelet; bueno, nosotros, desde el segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner; Brasil, desde el impeachment a Dilma. La verdad que la reelección no es el escenario base. Vamos a ver qué pasa ahora con Lula, pero es raro que los presidentes reelijan en esta nueva etapa de un mundo que está impaciente, digamos, de las manos de las redes sociales. Así que eso me parece que le juega en contra. Ahora bien, votar un cambio es siempre un desafío para una sociedad. Entonces, cambiar a Milei tampoco es, digamos, es difícil pensar que la sociedad ya está para cambiar a Milei. Ahora bien, eso te lo digo hoy, digamos, 18 meses más con una inflación que le cuesta bajar y con una actividad que está igual o peor, a mí me parece que ahí, cuando yo recibo ese tipo de preguntas, empiezo a hablar más de la ingeniería electoral que de la economía. Y eso no es bueno.
Bueno, pero pasemos al post de la ingeniería electoral. Imaginemos que el peronismo se mantiene o logra ser unido, que termina ganando una interna Axel Kicillof, y me gusta, obviamente, hacerte esa pregunta por la cercanía que vos tuviste como su mano derecha cuando él fue ministro de Economía. Imaginemos ese escenario. Milei cumple con bajar la inflación, pero a costa de todas las otras alternativas, la sociedad empieza a buscar otras alternativas. ¿Cómo sería, en ese contexto, esa Argentina con una inflación de entre el 15 y el 20%, le toca asumir a Kicillof el Gobierno? En esa hipótesis, ¿cómo imaginas que sería la economía de Kicillof?
Te divido la respuesta en dos porque es importante lo que yo crea, pero también es importante lo que crea el mercado y los agentes económicos en general. Entonces, a mí me parece que primero tenemos que internalizar lo siguiente. Este es un Gobierno que está extremadamente volcado a derecha. Y es un Gobierno que está extremadamente volcado a una política market friendly que, en algunos casos, a mí me parece incluso una política que amenaza los propios cimientos del programa macroeconómico. Digo, si uno tiene un esquema como el RIGI y lo empieza a expandir a un montón de actividades, en algún momento se tiene que hacer una pregunta sobre la sostenibilidad fiscal de ese esquema y sobre los propios efectos de ese esquema sobre el superávit fiscal. Entonces, lo que me preocupa es el swing que va a sufrir el mercado porque cualquiera que no sea Milei, que gane del otro lado, puede ser Kicillof, pero también puede ser otro candidato del peronismo que venga a decir: no me gusta el modelo de Milei. Para el mercado va a ser una tragedia. Y el mercado no va a pagar por adelantado un giro pragmático de un candidato peronista a lo Lula en el 2000. O sea, el mercado va a esperar un giro en el modelo económico de Argentina con una visión muy negativa. Entonces, quien gane del otro lado, si ese fuera el caso, va a asumir en una situación compleja. Compleja en términos del spread soberano, compleja en términos de la expectativa de devaluación, compleja. Si después vos me preguntás a mí: pero ¿y cuál es tu opinión? Vos que trabajaste con Axel, vos que lo conocés. Yo en esto también, la verdad que lo trato de hacer profesionalmente porque no me gustan los argumentos del estilo de: yo lo conozco. Me parece que esos argumentos hoy valen poco porque la política tiene sus propias leyes. Pero si vos mirás la gestión de Axel en Economía y si mirás la gestión de Axel en la provincia de Buenos Aires, yo diría: mirá, va a ser un gobierno de centroizquierda pragmático. No va a ser un gobierno comunista. Ahora, el mercado lo va a apreciar, como comúnmente se dice, como un giro a extrema izquierda. Si después el swing es un giro hacia centroizquierda, bueno, tal vez podemos tener una dinámica parecida a lo que fue un Lula que también ganaba con la primera vez, ¿no?, que ganaba con el mote del Partido de los Trabajadores, un giro muy dramático a izquierda, que después terminó siendo un gobierno parecido a los gobiernos de centroizquierda de la región, en eso que se llamó, que se dio a llamar la ola rosa.
Permitime que me ponga allí, porque es un tema preferido porque me tocó seguir muy de cerca el proceso en Brasil. O sea, Lula gana y el dólar pasa de 2 a 4, el riesgo país de 800 a 2.300. Y luego él nombra en el Banco Central al expresidente mundial del Banco de Boston, asume como ministro de Economía Palocci y dice no, no solamente un superávit fiscal de 2%, vamos a tener un superávit fiscal de 5,7%. En muy poco plazo, el dólar baja de 4 a 1,60. O sea, menos que antes. Y el riesgo país de los 700 puntos que entregó Fernando Henrique Cardoso bajó a 300, a la mitad. ¿Es hipotetizable eso? O sea, que frente a esa situación de que, obviamente, el mercado dirá, bueno, llega el izquierdismo. Lo mismo que le pasó con Lula. Pero que una persona como Kicillof dé como respuesta a un presidente del Banco Central, un ministro de Economía y una política que refuerza el superávit fiscal, por su cuestión ideológica, que no la tiene Lula, porque, bueno, no es economista, no tiene el nivel ideológico que tiene Kicillof, no tiene el nivel académico que tiene Kicillof, que normalmente son sesgos intelectuales que a uno lo condicionan para bien, ¿no sería posible que le hiciera eso?
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Bueno, lo que señalás es bien importante porque ahí vos dejás muy en claro el problema de cuando el mercado dice que no, el mercado te percibe de una manera en la cual vos realmente no sos, pero lo que importa al final del día son las percepciones. O sea, Lula tuvo que exagerar su giro hacia mercado poniendo gente que no era de su riñón político, como típicamente se dice. Yo en esto tengo algo, una posición más general, que creo que Argentina necesita hace tiempo que los presidentes se animen a poner funcionarios que manejen la economía con cierta autonomía. Autonomía no en el sentido de que lleven la economía donde ellos quieran, sino que le puedan decir al presidente que no. Y me parece que es algo que no vemos hace mucho, mucho tiempo, mucho tiempo. Te diría desde la controversia que terminó con Roberto Lavagna fuera del gobierno de Néstor Kirchner, donde Roberto decía: bueno, llegó la hora de crecer al 4 en vez del 8. Y Néstor Kirchner decía: sigamos al 8. Entonces, ahí voy a lo que necesita la economía argentina. O sea, yo creo que, en un hipotético gobierno de Kicillof, Máximo Kirchner o Miriam Bregman, si ese giro no ocurre, me parece que el mercado va a descontar un escenario negativo muy rápido. Y entonces, el truco que algunas veces hacían los gobiernos en Argentina, que era: bueno, yo tengo como dos años de changüí para emitir, poner un cepo, cerrar un poco las importaciones, generar una recuperación rápida de la actividad económica a costa de una subida de la inflación y ganar la elección de medio término, que fue tal vez la estrategia de Alberto Fernández. A mí me parece que ese tiempo, una Argentina que está tan desgastada, ya no lo tiene. Entonces, me parece que un no giro va a condenar los destinos de un gobierno distinto al de Javier Milei. Y, por otro lado, Jorge, mi punto con esto es casi te diría aritmético. Argentina tiene pocos drivers de crecimiento para adelante, debido a la debilidad de su moneda. Si vos querés volver a crecer basado en el gasto público, vas a tener un problema. Ahora, ¿Qué es un gobierno de centroizquierda en la región? ¿Qué es un gobierno de centroizquierda en el mundo? No es un gobierno de emisión monetaria, cepo y cierre importador. Es un gobierno que reconstruye, compone o mantiene el superávit fiscal. En vez de sostenerlo en reducción del gasto, lo hace sostenido en aumento de impuestos. Yo sé que este tema hoy es hasta escabroso, porque hemos llevado la discusión a unos lugares increíbles donde los impuestos son un delito y qué sé yo, pero vos ves lo que hace, desde Mandami hasta Sheinbaum, que traigo un gobierno municipal y uno nacional, y lo que ocurre es que la carga tributaria se rebalancea, pero los gobiernos dicen: la verdad que yo necesito tener un superávit fiscal, que me lo tengo que gastar cuando la cosa anda mal, pero lo tengo que sostener. Cuando la cosa anda bien, esa carga del ajuste la reparto distinto. Y para mí, gran problema del péndulo argentino, Milei ha sido tan extremo en el rebalanceo de la carga fiscal y ha sido tan injusto desde el punto de vista distributivo en ese rebalanceo, porque yo creo, Jorge, que está objetivamente mal que a mí me bajen el impuesto a los bienes personales para dejar sin remedios a los discapacitados. Me parece que no es una buena estrategia ni económica ni política. Entonces, creo que esa reversión de muchas de las cuestiones fiscales que hemos visto hoy con este presidente, que nos está costando casi dos puntos del PBI, en términos de baja de impuestos, me parece que muchas de esas cuestiones se pueden revertir. Yo creería, y ahora te lo digo más como diagnóstico, no como forecast, no como anticipación de lo que puede hacer un gobierno, que en ese rebalanceo de la carga fiscal tiene que ir más sobre las cabezas de las personas, de manera tal de generar incentivos para que el dinero quede y se reinvierta en las compañías y no vaya a la cabeza de los accionistas, que en general la buena política económica hace eso. La buena política económica te dice: mirá, si vos querés usar tu dinero para reinvertir, la verdad que la carga tributaria te la bajo. Si vos querés usar tu dinero para repartirte dividendos y consumir, bueno, la carga tributaria es un poco más alta. Me parece que eso... Las economías que nos gustan, los incentivos fiscales están puestos de esa manera.
Entonces, a ver si lo puedo sintetizar de esta manera, vos corregime. Que una eventual presidencia de Axel Kicillof no tendría el pragmatismo que tuvo Lula de sobreactuar a favor del mercado como lo hizo Lula, porque no sería cognitivamente digerible para el propio Kicillof y para el entorno probablemente del peronismo, y de la coalición que llegue gobernando. Pero sí diría: vamos a ser responsables fiscalmente, subiendo los impuestos para generar con un aumento de recaudación alguna forma de distribución en aquellos sectores más necesitados.
Te hago una corrección y te respondo.
Dale.
A ver, y hoy incluso esto aparece públicamente, es medio desagradable hablar en primera persona, pero me parece que tu punto lo amerita. Axel Kicillof me tuvo de viceministro de Economía a mí, y yo no pienso igual que Axel Kicillof. De hecho, mucha gente, cuando lo quiere chicanear, a Axel Kicillof le dice “Álvarez Agis de derecha”, bueno, qué sé yo, son estándares, no importa, pero la verdad que mi gestión con Axel no era “sí, jefe”. La verdad que era de discusión y de tensión en el buen sentido de la palabra. Lo segundo que te digo es: ya me incomoda mucho tratar de adivinar qué haría Axel, entonces te lo pongo en este sentido. Si un cambio de Gobierno, que gira esto a la izquierda, no quiere terminar con tres dígitos de inflación, cepo y precios en dólares alocados, necesita de un rebalanceo fiscal que permita mantener el superávit apoyado en otros pilares, y de una política que cuida la inversión de manera más inteligente, en mi impresión, que como Milei intenta cuidar la inversión. Pero que Argentina necesita inversión, porque es un país que está absolutamente subinvertido y, en particular, del 2000 a esta fecha, está subinvertido en lo que refiere a inversión extranjera directa, es algo que los datos lo muestran a las claras. Entonces, creo que en ese sentido, yo me daría mucha pena que pensemos que para que los conurbanos tengan un mayor nivel de actividad, una mejor calidad de empleo y un mejor nivel de ingresos, lo que hay que hacer es arruinar la economía de la cordillera. Yo creo que el verdadero desafío de Argentina es que esas dos realidades puedan convivir e interactuar inteligentemente. Te lo digo en estos términos, Jorge, como para concretizarlo y no escaparme. Tal vez el problema no es el RIGI, tal vez el problema es que deberíamos modificar y extender el RIGI hacia las cadenas de valor, que lamentablemente son bastante cortas, que generan las actividades como el petróleo, como el gas, como en la minería en Argentina. Porque tener un Vaca Muerta corriendo a 200 kilómetros por hora, como hoy, pero con proveedores que pierden competitividad a manos de proveedores extranjeros, porque vos estás hoy adentro de un RIGI en Vaca Muerta y no tenés la carga tributaria para importar, que sí tiene el proveedor de servicios de Vaca Muerta, que cuando importa paga todos los impuestos, me parece que tratar de empujar el efecto derrame, o sea, de generarlo con las manos, a mí me parece que es como el desafío productivo más interesante que tiene Argentina para adelante.
A ver, los dirigentes, en la frase de Sartre, uno hace con uno lo que primero otros hicieron con uno. O sea, aquel que le toque en diciembre estar allí, más que lo que piensa que está en su cabeza, es analizar cuáles son las condiciones de posibilidad en las que se va a encontrar. Y claramente, si gana un candidato del peronismo, las condiciones de posibilidad que se va a encontrar es que va a aumentar el riesgo país, va a haber una tensión cambiaria y el mercado va a sobreactuar negativamente. En ese contexto, lo que decís es que cualquier persona, más allá de su ideología, bueno, se adecúa a las condiciones de posibilidad. Y la condición de posibilidad que vos estás marcando es: no hay posibilidades de volver a repetir un modelo de emisión monetaria y de déficit fiscal y que, por más a la izquierda que sea que le toque gobernar, bueno, va a tener que buscar otras formas de producir mejoras en aquellos lugares que la están pasando peor, sin ceder el equilibrio fiscal. Y la única forma es, si hay que aumentar el gasto, que subimos impuestos.
Exactamente. A ver, cuidado con esto, Jorge. El punto es el siguiente. Vos te podés indignar porque el mercado te ponga un precio más bajo que lo que vos pensás que valés, digamos. Pero, como vos decís, eso es lo que ocurre. Y yo tengo una versión del mercado financiero. Cuando doy clases en finanzas, explico los ciclos de euforia, de depresión; o sea, uno se refiere al mercado financiero como una persona que no está muy bien de su psiquis, porque alguien que tiene ciclos de euforia y depresión no es alguien que está centrado. Pero es lo que es. Y lo que uno no puede hacer es enojarse con ese hecho. De hecho, mirá, creo que hoy la que va a ser la potencia mundial, en vez de enojarse con ese hecho, lo asumió, a pesar de tener ideología comunista: China. La China no dijo: está mal el capitalismo. Dijo: entendí cómo funciona, me voy a meter en un hueco que me parece más inteligente. Entonces, vos cuando tenés riesgo país de 2.000 puntos básicos, porque el mercado te penaliza por tu ideología, por lo que supone, por su prejuicio, lo que sea, tenés dos opciones: llevarlo de 2.000 a 500, lo cual implica crecer al 5%, bajar la inflación al 10% y que los salarios mejoren, o llevarlo a 3.000 para tratar de que la gente esté mejor durante 14 segundos. Te digo algo: si uno se hace una posición moral de esto, yo estoy de acuerdo, digo, la verdad que estamos en un mundo de locos. Como la gente desconfía de que alguien va a hacer las cosas mal, se genera una especie de profecía autocumplida. Los bonos caen, el riesgo país sube y las cosas salen mal. Bueno, pero es un dato que hoy ya tenés. Entonces, si corrés para presidente de Argentina en contra de Milei, te llames como te llames, tenés que entender que la condición de partida es esa. Y adecuarte inteligentemente, porque vos no me decís que Lula fue un gobierno de derecha, imagino. Entonces, nadie acusa a Lula de ser un gobierno de derecha. Y, sin embargo, tuvo 300 puntos básicos de riesgo país.
Entonces, lo que digo es: existe ese hueco. Existe ese hueco donde vos podés tener una distribución del ingreso más justa, un crecimiento más balanceado y, al mismo tiempo, un mercado absolutamente anclado y que te ayuda. Es más difícil que poner un cepo, cerrar las importaciones y emitir pesos. Eso se hace en 14 segundos.
Se me acaba de ocurrir una idea. Se me acaba de ocurrir una idea. A ver si... Asociación Libre. ¿Quién sería el Meireles y el Palocci que transmita al mercado lo que logró transmitir al mercado Lula? ¿Quién tiene suficiente seniority para lograr eso? La primera persona que se me pasó por la cabeza, vos, Ariadna, que se te pasen por la cabeza vos, fue Roberto Lavagna.
Sí, bueno, por supuesto que es una referencia ineludible. Yo, la verdad, a veces miro para atrás y digo: ¿quién gestionó bien en tormentas? ¿Quién fue un buen gestor de tormentas? Me parece que la gestión de Alfonso Prat-Gay al frente del Banco Central fue muy destacable. Me parece que en Argentina estamos locos, Jorge, pero la verdad que si vos agarrás el espectro ideológico argentino, es difícil pensar en una persona como Prat-Gay en la extrema derecha, digo, por sus consideraciones. Él tenía decorado con Keynes —perdóname—,
Él tenía decorado su estudio todo con Keynes, así que tendría un punto de contacto con Axel Kicillof respecto de su ídolo.
Pero Jorge era una persona que compraba dólares para que el dólar no se apreciara, o sea, operaba a contrapelo del mercado, cuando el 99% de los economistas en ese momento le decía: no, no, no, libre mercado, que el dólar se vuelva a apreciar. O sea, es una persona que, lo digo exageradamente, evitó una enfermedad holandesa tempranamente en Argentina. Entonces, me parece que es alguien para tener en cuenta. Después, obviamente, colegas míos que yo respeto, no sé, Hernán Lacunza, Marina Dal Poggetto, me parece que son, insisto, porque también la exageración de poner a alguien polarmente distinto y que no esté favoreciendo el diálogo y que no esté entendiendo que al ministro de Economía también le toca negociar con su presidente, eso es obvio. Porque tampoco uno puede pensar un Gobierno donde después termina todo trabado porque, la verdad, las visiones son absolutamente polares. Pero también me parece que, en términos políticos, nos haría muy bien mostrar que podemos convivir e incluso gestionar con gente que piensa distinto y con gente que viene de otra raíz ideológica, política. Me va a matar Alfonso, que ahora lo estoy viendo ahí en pantalla, pero lo digo con el mayor respeto hacia su figura, y creo que Argentina viene necesitando eso. Tal vez yo soy iluso porque no parece que la sociedad esté muy llamada, o la política por lo menos, muy llamada al diálogo y al consenso. Pero creo que para arreglar un problema argentino, si uno trae a este siglo, medio de los pelos, los componentes políticos del programa de estabilización de Israel, uno entiende que de alguna manera tenemos que lograr cerrar la grieta, porque con grieta la política económica se vuelve imposible, imposible. Y lo estamos viendo hoy con Milei. Ayer Caputo es una medida que para mí está perfecta y ya empezamos todos a chicanearlo: ah, ahora sos keynesiano, ahora hablás de la justicia social. Y yo digo: es más sano que un ministro diga: miren, muchachos, para extender la maturity de este mercado, para lograr que haya depósitos a largo plazo en Argentina, no lo va a hacer el sector privado. El que tiene que hacer punta en eso es el sector público y voy a usar la plata de los jubilados para que los argentinos tengan crédito hipotecario. Chapó. Ojalá hubiese más de esas cosas. Pero a veces pasa esto: hace esto Caputo, el núcleo duro de La Libertad Avanza empieza a decir: che, ¿qué pasó? Se dio vuelta. Ahora es keynesiano. Caputo ahora es intervencionista. Y así nos quedamos entrampados en estos programas macroeconómicos que no andan ni para atrás ni para adelante.
En síntesis, el próximo presidente, si no fuera Javier Milei, independientemente de un plan económico, lo que tiene que hacer es cerrar la grieta, en cuyo caso tiene que construir puentes con el otro lado y señales de puente con el otro lado.
Yo creo que sí, Jorge, porque me voy a poner un poco marxista, pero la lucha de clases o se arregla o destruye un país. Entonces, esta idea de que cada polo vota al preferido para que le mejore su balance inmediatamente, a costa del balance de la otra vereda, tiene patas muy cortas. Y lo estamos viendo hace como 12 años, que tiene patas muy cortas.
Emanuel, como siempre, un lujo hablar con vos. Muchísimas gracias.
Muchas gracias, Jorge. Un placer. Un abrazo fraterno.
LMM