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MODO FONTEVECCHIA
"psico-guerra"

Ex director de la Escuela Superior de Guerra sostuvo que la campaña anti argentina fue contra la reivindicación de Malvinas

El coronel Gabriel Camilli afirmó que los ataques surgidos durante el Mundial no respondieron solamente a una rivalidad deportiva, sino a una disputa vinculada con la cuestión Malvinas. “Esta bandera tiró por tierra años de campaña de desmalvinización”, aseguró.

Gabriel Camilli
Gabriel Camilli | Linkedin

En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), el coronel Gabriel Camilli aseguró que la aparición de símbolos vinculados con Malvinas durante el Mundial expuso una disputa que, según su análisis, continúa vigente desde 1982. “Esta bandera tiró por tierra años de campaña de desmalvinización”, afirmó el ex director de la Escuela Superior de Guerra Conjunta, al explicar que los conflictos actuales también se libran en el terreno “cibernético y cognitivo”.

Gabriel Camilli es un coronel mayor retirado del Ejército Argentino, académico, escritor y reconocido analista geopolítico especializado en historia de la guerra y defensa estratégica. Se desempeñó como director de la Escuela Superior de Guerra Conjunta de las Fuerzas Armadas, ejerció el cargo de decano dentro de la Universidad de la Defensa Nacional, además fue jefe del Regimiento de Infantería Mecanizado 3, que en el Alpegrano preside la Fundación Estudios y Legados en Valores Nacionales, desde donde dicta conferencias sobre geopolítica y el pensamiento de próceres argentinos.

—El coronel Camilli escribió un excelente artículo que publicó el diario La Prensa, explicando, desde una perspectiva militar, que los recursos de defensa de un país no son solamente sus armas, que es lo que tiene doble valor viniendo casualmente de un militar. Así que le pido, si usted pudiera sintetizar oralmente su artículo a nuestra audiencia.

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—El artículo se llama La Argentina Bajo Ataque. Esto fue motivado porque tengo un centro, una fundación de estudios, que seguimos el problema estratégico de los valores nacionales. Y mirando el Mundial, como lo hacía cualquier ciudadano argentino que sigue este torneo, empecé a ver, habiendo escudriñado un poco en las redes sociales y habiendo estudiado esto, que se estaba dando delante de mis ojos una nueva forma de agresión que yo venía estudiando en guerras que se vienen dando en otros lugares del mundo.

Desde La Prensa seguimos en una columna la guerra de Ucrania y Rusia, los acontecimientos en el Medio Oriente. Y nosotros siempre hablamos de que hay distintos campos o dominios en los cuales se desarrollan las operaciones en la actualidad. Nosotros, y la mayoría de la gente, piensa que la guerra se desarrolla en la tierra, con los ejércitos; el mar, el aire. Pero en estos últimos tiempos se ha determinado que hay otros espacios importantes que tienen tanta o más trascendencia que estos clásicos que he mencionado.

Tenemos el campo aeroespacial, se pasó a una dimensión mayor, el campo cibernético y el campo cognitivo, que es el que llega al celular, a la pantalla de cada uno de los ciudadanos, para hacerse de la mente de él mismo. Entonces, después de los primeros partidos, llegando hacia la semifinal, empecé a ver que los ataques a la Argentina eran no solamente de tono futbolístico, que no hubiese tenido ningún tipo de preocupación porque es discutible, y más con la pasión que le ponen los aficionados al fútbol a esto en todo el mundo.

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Pero, a partir sobre todo de la victoria sobre Egipto se empezó a desencadenar una serie de ataques que nada tenían que ver con el fútbol; tenían que ver con la Argentina, con otras cosas. Y lo de la victoria sobre Inglaterra y la exposición de esa maravillosa bandera que la afición le acercó a nuestra magnífica selección, eso fue un desencadenante explosivo.

Porque tenemos que entender hoy, aunque parezca exagerado lo que estoy diciendo, de que el mundo se mueve por las redes y por el marco cibernético, la psico-guerra. Entonces, esta bandera tiró por tierra, según mi entender, años de campaña de desmalvinización, en la cual el Reino Unido y otras potencias invierten ingentes cantidad de dinero. Entonces, no fue una reacción natural de la ficción contraria o de los partidarios que no quieren a la selección argentina, sino que fue una cosa perfectamente instrumentada y fabricada desde otras usinas de poder. Y esto quedó determinado.

—¿Puedo decir entonces, escuchándolo, que la guerra de Malvinas no terminó nunca y que la guerra continuó por parte de Inglaterra fomentando la desmalvinización, que es una forma de consolidar su triunfo?

—Absolutamente bien resumido. Porque la paz, ¿qué es? La paz es, según una definición clásica, la tranquilidad en el orden. Es una definición clásica de la paz. Hay tranquilidad hoy porque no nos estamos agrediendo físicamente como en el 82, pero no hay orden. El orden es volver las cosas a su justo sitio. El orden es que, de mínima, se cumpla la resolución de Naciones Unidas que obliga a las partes a sentarse a negociar, de mínima.

Y para nosotros el orden es restaurar esa usurpación que en 1833, de forma absolutamente arbitraria y por la fuerza, desalojó a la población argentina que venía ocupando ese lugar. Entonces, como usted bien dice, la guerra no terminó. La guerra en estos 44 años posteriores tuvo un desarrollo muy interesante, con períodos que nosotros estudiamos acabadamente: período de desmalvinización fuerte, período en que la guerra era el carro atmosférico para la Argentina, la guerra en que los chicos de la guerra eran los locos de la guerra, hasta que después el tiempo, o la verdad, fue decantando de que esta fue una justa guerra, y la Argentina fue reconociendo a sus veteranos.

La Argentina, a pesar de esas campañas de desmalvinización, como lo muestra esta bandera y este espíritu de gente sencilla, de nuestros jugadores que con todo el corazón, en todos los momentos, mostrado este amor por Malvinas. Acordémonos la canción en el mundial anterior, en la hinchada por los muchachos de Malvinas. Entonces, esto ha quedado fijo del lado nuestro y del lado del enemigo no ha cesado. No ha cesado porque hay pruebas fehacientes de que existen usinas de pensamiento producidas desde Gran Bretaña, en la cual se le paga a profesionales y expertos para generar un ambiente de desmalvinización, de que los argentinos abjuremos de Malvinas.

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Hay un hecho muy fuerte que yo siempre destaco. Hay una campaña que promueve la Embajada Británica en Buenos Aires que se llama Visitemos a nuestros vecinos los Kelpers, en la cual invitan a jóvenes universitarios dedicados al área de la comunicación para que visiten Malvinas, a cambio de que los jóvenes produzcan piezas de orden publicitario que favorezcan esta amistad con los Kelpers.

Este es un problema muy grave porque desde el Gobierno argentino, del Estado Nacional, no se hace nada para impedir esto porque los Kelpers no son ni nuestros vecinos, son usurpadores de un territorio nacional. Y todo esto, aunque parezca mentira y parezca una fantasía, quedó demostrado en 30 segundos, con la aparición en el mundo, en el éter mundial, de esta bandera que desplegaron nuestros jugadores.

—Usted dice que, sabiendo que venía el partido con Inglaterra, el origen de toda esta campaña, en el fondo, es parte de la agresión de la guerra de Malvinas.

—Yo creo que sí, y de otros poderes que quieren que la Argentina no surja. La Argentina es un país por naturaleza rebelde. No se puede perdonar, ni no nos perdonaron en los 44 años posteriores de la guerra, el haber osado querer cambiar el statu quo que en 1965 las Naciones Unidas decían que debía cambiarse. La Argentina se ha esforzado por todos los medios en tratar de lograr recuperarla pacíficamente. Entonces, esto no se perdona.

—Y, visto en retrospectiva, ¿Cuál es su opinión de Galtieri?

—Al general Galtieri lo conocí. Tuve la oportunidad de conocerlo cuando yo era un joven teniente. El general Galtieri estaba cumpliendo prisión en la Escuela de su Oficial, el Sargento Cabral, el lugar que yo revistaba en ese momento. Y, como con un espíritu curioso, digo: bueno, tengo a esta persona acá, quiero entrevistarlo, quiero conocerlo. Así que varias veces pedí tomar un café con él.

Imagínense, yo era un teniente de 23, 24 años y el general era una persona bastante más grande. Y encontré una persona distinta a la que cuentan los medios, una persona que estaba consciente. Él me dijo a mí: “Mire, Camilli, la historia a mí me va a matar, me va a destruir”. Era perfectamente consciente y tomaba con una gran austeridad esta prisión que se le había impuesto. No tengo palabras negativas. Vi a una persona bastante simple, sencilla, y esa fue mi experiencia personal con el general Galtieri.

—Y desde el punto de vista militar, no personal, sino desde el punto de vista militar, ¿qué opina de la decisión de Galtieri de haber ido a la guerra? No sé si de Galtieri o de la Marina, en cualquiera de los casos? ¿Fue un error o finalmente fue un error útil en algún sentido?

—Lo entiendo perfectamente y, por supuesto, que como 40 años de estudio de este tema me llaman poderosamente la atención y soy el primer interesado en conocer la verdad. La llegada a Malvinas está envuelta en una serie de circunstancias que no son conocidas. Yo tengo una gran amistad con el licenciado José Enrique García Enciso, que fue senador nacional y vicegobernador de la provincia de Corrientes, que a la sazón, en ese momento, era un joven de veintitantos años que formaba parte del gabinete de crisis del general Galtieri por el tema de su conocimiento del idioma inglés.

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García Enciso demuestra cabalmente y con pruebas que en 1981, ya en el gobierno del general Viola, se estaba preparando una reacción argentina en forma diplomática fuerte para evitar el cumplimiento de los 150 años ininterrumpidos en el 83 de la Guerra de Malvinas. Hubo una preparación y había un plan B que se empezó a gestar allá por el 81, que era el menos querido, que era hacer una especie de touch and go para cambiar y simplemente mover la sensibilidad de Gran Bretaña y obligarla a cumplir con la directiva de las Naciones Unidas. Estoy resumiendo brevemente porque él lo explica en un libro. Así que tengo una prueba presencial. Es una de las pocas personas vivas que formaban parte del ápice estratégico...

—O sea, usted lo dice que el objetivo era el touch and go. Y cuando ofrecieron las tres banderas fue el error de Galtieri. O sea, el error no fue iniciar la guerra sino seguirla.

—Exactamente. Fue el error, pero condicionado. Porque en este tema de las tres banderas, el presidente Belaunde Terry había logrado... y en la noche del primero al 2 de mayo...

—Hunde en el general Belgrano.

—Sí, señor, pero antes que lo que la gente no sabe, que esa noche se acordó entre las tres partes, Margaret Thatcher, Galtieri y Haig, que era el ministro de Relaciones Exteriores, un alto el fuego momentáneo para negociar. Margaret Thatcher incumple con esa orden y hunde al general Belgrano.Y ahí es cuando el general Galtieri no acepta seguir adelante. Ahora, podemos decir, tendría que haber sido con sangre fría y haber continuado con el acuerdo. De esto es testigo mucha gente del Perú y el mismo García Enciso, de lo que estoy diciendo. No es una cosa imposible de certificar. No justifico. Estoy diciendo: en el proceso de toma de decisiones de un Estado, de una nación, intervienen muchos factores.

—Coronel, me gustaría finalmente que usted le compartiera a nuestra audiencia la conclusión final que usted hace, diciendo de que el poderío de una nación se mide también por su capacidad cultural. Se mide también por cuestiones de soft power. Usted cita el INVAP, el CONAE, el CNEA. Grandes símbolos colectivos de la capacidad y la potencia de un país. Que la fortaleza no es exclusivamente las armas que un país tiene, sino que son la consecuencia de toda una capacidad científica, educativa, tecnológica, económica. Me gustaría un cierre con ese punto.

—Sí, la defensa nacional no es el aparato militar. En un sentido literal, podemos ver la figura de un hombre con un arco y una flecha que se proyecta hacia un blanco. La punta de la flecha, el metal, es solamente el poder militar. Pero todo lo demás que está detrás del arco, la flecha y todo el hombre y todo el esfuerzo, es todo el poderío nacional, toda la potencia nacional que hace posible la ejecución de ese esfuerzo último que tiene una nación cuando va a la guerra. Entonces, si nosotros debilitamos nuestro aparato tecnológico, nuestro aparato productivo, nuestro aparato industrial, nuestro conocimiento científico, y es un activo también la selección nacional, aunque te le parezca mentira, es un activo porque el fútbol Es pasión de las multitudes. Entonces, es un activo nacional.

Todo eso hace al ser y a la esencia de la defensa nacional. Pero tenemos que ponerlo en valor, tenemos que ponerlo a trabajar todos juntos detrás de ese esfuerzo, como ese hombre y ese arco y la flecha. No va la flecha por un lado, la soga por el otro y el músculo por otro. Va todo encaminado hacia cumplir un objetivo. Lo que yo veo es que la Argentina anda así, a la deriva, como una veleta, donde va el viento. Lo que creo que es el momento lo llama a buscar rumbos, a elegir conductores que busquen rumbos, que marquen direcciones y encolumnarnos todos detrás de ese esfuerzo.

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