En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), el exdirector de la SIDE Miguel Ángel Toma analizó la desclasificación de archivos del período 1973-1983 y sostuvo que “no debiera sorprendernos” porque se trata de una práctica habitual en las democracias. Sin embargo, advirtió que gran parte de la información “fue destruida sistemáticamente” al final de la dictadura, por lo que puso en duda su alcance: “No sé sinceramente qué valor puede tener lo que se ha desclasificado”. Además, consideró “muy probable” que exista una intencionalidad en la selección del material, aunque aclaró que “si eso fue la intención, no va a lograr el objetivo”.
Miguel Ángel Toma es un político que, a lo largo de su extensa trayectoria, ha ocupado roles claves en el Estado. Dirigió el organismo de inteligencia durante la presidencia de Eduardo Duhalde entre 2002 y 2003. Fue ministro del Interior, también desempeñó ese cargo en la gestión de Duhalde. También fue diputado nacional, representó al justicialismo en el Congreso en varios períodos. Además, ejerció funciones en el área de seguridad interior durante la presidencia de Carlos Menem.
La SIDE desclasificacó una serie de documentos que van del 73 al 83. Me gustaría su visión sobre lo que pasó y su comentario.
Creo que es muy importante y no debiera sorprendernos esta desclasificación que se ha hecho porque, en general, todos los países democráticos tienen una pauta de desclasificación de información reservada que tiene como límite en el tiempo que lo que se vaya a desclasificar no afecte la seguridad nacional.
El caso de Estados Unidos, por ejemplo, en general esos períodos son de 30 años, siempre y cuando alguna parte de eso no afecte la seguridad nacional en el momento en que se produce la desclasificación. De modo que me parece bien esta medida y nos coloca dentro de los estándares de lo que son las estructuras democráticas respecto del manejo del secreto o de la información clasificada en manos del Estado.
Casualmente 73 al 83, o sea, podríamos decir una dictadura a la otra dictadura, estamos hablando de los 10 años en los que podríamos decir fueron más controversiales en la historia de Argentina y con mayores interpretaciones, y con más hechos de violencia también, que estamos hablando de la salida de una dictadura, la de Lanusse, al comienzo de otra dictadura, la de Videla, con el trayecto de un gobierno democrático en el medio de los famosos 70, que son los años de mayor discusión respecto de qué hizo cada fuerza política, qué responsabilidad le cupo a cada una de ellas. Me gustaría una reflexión, a ver si usted considera especialmente interesante para el presente la apertura de justo esa década y, al mismo tiempo, si encuentra algún tipo de sesgo en qué tipo de información se informó y si hay algo, que no se lo hizo.
en primer lugar hay que decir que muchísima información en manos del Estado, particularmente del 76 en adelante, fue destruida sistemáticamente cuando la dictadura militar entrega el poder a Raúl Alfonsín en 1983. En aquel momento y en todo ese período, la estructura de la inteligencia del Estado estaba básicamente conducida por la inteligencia militar, es decir, la SIDE, o lo que en aquel momento era lo que hoy se conoce como SIDE, estaba absolutamente condicionada y subordinada a la estructura militar por una sencilla razón: porque se estaba en medio de un conflicto armado entre las Fuerzas Armadas y las estructuras de la subversión, o sea, la guerrilla de aquel momento, que en definitiva no era nada más ni nada menos que la violencia militar producto de la Guerra Fría del siglo XX, que era una guerra entre Estados Unidos y la Unión Soviética.
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Como existía el temor a la destrucción, al holocausto nuclear, la confrontación militar entre ambas potencias no se daba en forma directa, sino a través de guerras en las periferias: Vietnam, Corea o la aparición de las estructuras de la guerrilla en la década de 70 en América Latina, por ejemplo, el fenómeno cubano, etcétera. Consecuentemente, terminado ese período, mucha desinformación fue destruida, por lo tanto, no sé sinceramente qué valor puede tener lo que se ha desclasificado, por ejemplo, en términos de saber el destino de muchos desaparecidos. Evidentemente, no creo que tengamos información, lamentablemente, de esa naturaleza.
¿Sabe por qué le preguntaba? Porque hay quienes plantean que esta desclasificación está sesgada, que busca asociar al peronismo al terrorismo de Estado, a la dictadura, y que en realidad lo más llamativo y novedoso no tiene que ver casualmente con la dictadura, como usted marca, porque la propia dictadura destruyó la mayoría de las informaciones, sino que queda, para decirlo de alguna manera, parte de un solo bando. No sé si usted lo considera así.
Sí, a ver, puede ser que haya esa intencionalidad, es muy probable. De todos modos, me parece que si eso fue la intención, no va a lograr el objetivo. Realmente creo que nuestra generación, la verdad que todavía llevamos en nuestro cuerpo y en nuestras mentes las huellas de esa dictadura. Consecuentemente, hemos sido las víctimas, no se nos puede colocar como victimarios.
Y dicho esto desde una militancia, en mi caso, que nunca estuvo vinculada a la guerrilla, al contrario. Pero que evidentemente, igual teníamos y corríamos los riesgos de ser militantes de una causa que evidentemente no coincidía con lo que en ese momento se estaba dando, es decir, básicamente peleábamos por el regreso a la democracia, sabíamos que en una compulsión democrática el peronismo iba a ganar, como de hecho ocurrió en el 73.
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Ahora, luego el contexto internacional, y esto hay que colocarlo muy claramente: esa Guerra Fría de la que estamos hablando determinó situaciones absolutamente anómalas, que gracias a Dios a partir de 1983 no se han repetido. Por el contrario, si vemos, tenemos una cultura ya democrática muy grande, que espero que los autoritarismos, como fueron los de izquierda en aquel momento o de derecha en la dictadura, no vuelvan a aparecer, no vuelvan a aparecer, porque los autoritarismos y los populismos solo se caracterizan por el desprecio a las instituciones. Yo espero que realmente no volvamos a caer, con el ropaje democrático, en situaciones de esa naturaleza.
¿Usted cree que habiendo pasado 50 años, que se cumplen ahora el próximo martes, las nuevas generaciones mantuvieron esa huella anémica que la generación anterior le haya legado, para que ese sentimiento que usted dice está presente dentro de las personas de nuestra generación se haya trasladado a las más jóvenes?
No, la experiencia de una determinada o de determinadas generaciones queda como un sustrato en la cultura. Evidentemente, lo que ocurrió hace 50 años en la Argentina, o en el proceso previo, ha dejado una huella en la historia, como la dejaron otras generaciones. Hoy todavía hablamos, por ejemplo, del impacto de la generación del 80 y discutimos si estamos a favor o en contra o los matices que tuvo, y hablamos de la generación del 80 del siglo XIX. Evidentemente, eso todavía, y durante mucho tiempo, es parte del detrito que constituye la historia y, consecuentemente, la cultura y la identidad de un pueblo.
Ahora, que esté presente como está en nosotros, que hemos vivido esas circunstancias, claro que no. Es decir, la historia ha sido de alguna manera condicionada. En esto, los filósofos que han desarrollado toda una interpretación de la historia han planteado claramente cómo la cultura se constituye de la sumatoria de hechos; aunque no aparezcan en la conciencia individual de cada uno, son parte de lo que se define como la identidad colectiva.
Ahora bien, yo me alegro, por otro lado, que mis hijos o mis nietos hayan nacido en un régimen democrático, porque eso va a condicionar también su conciencia y su identidad individual. Ahora, la historia y los condicionantes de la historia van a seguir presentes.