martes 05 de julio de 2022
MODO FONTEVECCHIA Dilema ecológico

Explotación minera: ¿quién paga el costo ambiental?

Julián Monkes, becario del CONICET en agroecología, junto a Tomás Karagozian, presidente de la Unión Industrial Argentina Joven, fueron parte del debate sobre medio ambiente en Modo Fontevecchia. Mirá la entrevista completa.

03-06-2022 12:12

El ambientalista Julián Monkes y Tomás Karagozian, presidente de la Unión Industrial Argentina Joven, participaron de la tertulia sobre medio ambiente en Modo Fontevecchia en la que se debatió la necesidad del desarrollo de una minería sustentable que piense en las futuras generaciones y en los costos de la utilización de las tecnologías del desarrollo productivo. Escuchá el programa por Radio Perfil FM 101.9 o miralo por Net TV.

¿Cómo podría hacer la Argentina para crear, en su población, una toma de consciencia acerca de los beneficios que tienen los recursos naturales, como la minería, sin crearle un perjuicio a las generaciones futuras?

Tomás Karagozian (TK): Los jóvenes ambientalistas tienen una frase de cabecera que dice que: "si no es desarrollo sostenible, no es desarrollo". Y ahí tenemos coincidencias. Como generación de industriales entendemos como prioritario el desarrollo industrial cada vez más sostenible. Hay tecnologías contaminantes, no sectores contaminantes.

Tenemos que lograr que las nuevas tecnologías, en todos los sectores, mejoren la productividad y el impacto ambiental y social. Creemos que el camino hacia la suspensión de ciertos sectores es peligroso en un contexto donde tenemos 40% de pobreza en un país con grandes asimetrías a nivel regional. Tenemos como desafío trabajar con los sectores, tecnologías y modelos que corresponden.

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Julián Monkes (JM): Hay que entender una perspectiva histórica de los conflictos ambientales y territoriales. Podemos discutir la minería, en esos territorios se viven avasallamientos y violencia institucional y hay que considerarlos para entender las posturas de quienes habitan esos territorios y por qué se oponen a los avances de los emprendimientos mineros. En términos dicotómicos de minería, no hay que discutir el "sí" o el "no", sino el "cómo" y "para quién" se hace la minería. Hay dos debates, en discutir la cuestión técnica de cómo producir sustentablemente y, otro, es la necesidad a largo plazo de una transformación cultural para que las personas vivan en mejores condiciones. 

¿Cómo se explica que con la misma cordillera, Chile exporte 40 mil millones de dólares de minerales y Argentina sólo 4 mil? Además, ¿por qué provincias que limitan entre sí, la minería es usada en una y rechazada en otra?

TK: Coincido con que hay que discutir las tecnologías y no, si es un sector o no. Hay que trabajar en transiciones a través de las tecnologías para mejorar el bienestar social. El 75% del territorio minero está sin explorar. Haciendo una autocrítica, creo que falta diálogo y que el sector empresarial explique y muestre datos, que tengamos mayor responsabilidad en buscar puntos de encuentro.

Creo que podemos seguir caminos como el de Australia, Nueva Zelanda o Suecia en donde la minería es socialmente aceptada y se justifica en lo económico y tiene un bajo impacto ambiental. Por supuesto ninguna actividad es inocua. La Argentina necesita de los dólares pero también que la minería desarrolle proveedores locales y regionales para generar estructuras productivas e industriales para que el 38% de la gente no esté concentrada en el conurbano. La minería tiene salarios altos y son muchos más los dólares que puede generar. 

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JM: Quiero puntualizar en el diálogo que se viene trabajando en la mesa de participación minera desde el ministerio de Desarrollo Productivo sin embargo, al día siguiente, hubo represión institucional en Catamarca. Hay compañeros de asambleas que están presos y no puedo evitar pensar que el diálogo esconde una falacia porque terminamos tomando decisiones desde los centros urbanos sobre lo que pasa en esos territorios sin conocer las experiencias de la gente que vive allí y que por algo rechaza la minería.

Hay una dimensión económica que no se puede negar como los salarios, las exportaciones, si bien deja poca divisas al pensar las retenciones, también genera proveedores locales que dinamizan la industria. En eso estamos de acuerdo pero en la dimensión cultural hay discrepancias porque tenemos que ver si creemos que realmente este modelo puede seguir siendo sostenido.

No creo que tengamos que seguir el camino de los países desarrollados que se desarrollaron explotando haciendo que los países periféricos, no podamos ir por ese camino. Debe haber una discusión política sobre la responsabilidad y la contaminación que ellos generaron.

Entiendo que de lo que hablamos es de un compromiso transgeneracional. ¿Cuánto es responsable de los costos que le genera a la generación futura? ¿Cómo ustedes logran equilibrar el intercambio y el compromiso con el futuro entre las generaciones?

TK: Con respecto a lo que decía Julián, coincido en que la Argentina es centralista y define y debate en Buenos Aires. Tenemos que hablar de transiciones, de cómo van a ser las nuevas empresas energéticas y hablar de electromovilidad y saber explotar los recursos y darles un proceso sostenible. No hay ninguna actividad económica que sea 100% inocua. Tenemos que minimizar este impacto

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JM: La deuda ambiental es fundamental. En el debate que organizaste, entre Javier Milei y Juan Grabois, surgió el tema. Hay que pensarlo no solo en términos generacionales sino también en el hoy. El consumo de las clases populares son de bajo impacto pero quienes se apropian de la ganancia, de tener un modelo productivo que destruye el ambiente, hacen que los costos recaigan en los sectores populares.

Las tecnologías no se pueden pensar en abstracto, sino dentro de un modelo social y económico determinado de capitalismo exacerbado que sólo busca maximizar ganancias. Si a las futuras generaciones le vamos a dejar este sistema económico el cambio climático será cada vez más hostil haciendo difícil que se consiga agua y alimentos.

CB PAR