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MODO FONTEVECCHIA
SALUD ADULTA

Guillermo Capuya explica el fallecimiento de Luis Brandoni y el peligro de las caídas en adultos mayores

El especialista advierte sobre el peligro de lesiones comunes en la tercera edad.

Luis Brandoni
Luis Brandoni | Netflix

El fallecimiento del actor Luis Brandoni pone de relieve la peligrosidad de los accidentes domésticos y cómo el entorno ambiental puede volverse un riesgo crítico para la salud de los adultos mayores. Según el análisis del cirujano Guillermo Capuya en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), este desenlace evidencia las asimetrías de un sistema sanitario donde la prevención y el acceso a la tecnología médica son determinantes para extender la vida.

El médico clínico argentino, Guillermo Capuya, cuenta con amplia presencia en los medios de comunicación. Se desempeña como divulgador de temas de salud y suele participar en programas de televisión y radio, donde explica cuestiones médicas de forma accesible para el público general. Además, trabajó durante años en instituciones de salud y ganó notoriedad por su rol como columnista en programas periodísticos, especialmente en señales como Todo Noticias.

La operación a Charly García por una nefrectomía parcial a la antigua, sin laparoscopía. ¿Cómo es eso?

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Sí, son amigos míos los que han operado a Charly García. Lo que le hicieron fue una nefrectomía parcial. Solo tenemos dos riñones; se llaman nefronas las partes que componen los riñones. Nefrectomía significa sacar un riñón. Nefrectomía parcial significa sacar un pedazo de ese riñón. Esto fue un hallazgo. Un hallazgo significa que se hace una ecografía por otro motivo. Él estaba con molestias digestivas, se realiza una ecografía y, cuando el ecografista observa el riñón, encuentra una masa tumoral. Cuando digo tumor, no necesariamente es maligno, pero generalmente los tumores de riñón lo son; también puede ser benigno. Cuando uno dice tumor, es una masa benigna o maligna.

La decisión del equipo quirúrgico fue sacarlo. Cuando se detecta algo así, se extrae. Se llaman incidentalomas, porque se descubren de manera incidental. Quiero decir que el tumor de riñón va en aumento.

¿Por qué crece?

Porque vivimos más tiempo y también estamos viendo tumores en gente más joven, así como ocurre con los de mama o colorrectal. Este cáncer aparece cada vez en edades más tempranas. Los factores de riesgo a veces son aleatorios; es multifactorial, pero el consumo de tabaco es una de las causas principales que afectan a la vía urinaria. Después, la hipertensión arterial también va dañando el riñón de forma progresiva. Ese órgano recibe mayor presión y se deteriora.

¿Hay aumento de cáncer, no solamente de riñón sino de otros?

Sí. Estamos viendo cáncer con mayor frecuencia y en edades más jóvenes.

Uno podría entender que existan enfermedades asociadas al desgaste propio de la edad, pero que aparezcan en personas más jóvenes abre otro interrogante. Si la estadística lo confirma y el fenómeno es generalizado, ¿hay causas vinculadas al estilo de vida?

Son multifactoriales, pero también intervienen factores ambientales, la alimentación y los ultraprocesados. Uno dice: voy a comer un salmón, un plato aspiracional. Sin embargo, el salmón rosado es un pigmento. El de criadero es gris, no es rosado. Uno va a Países Bajos y elige el color del salmón que quiere para su criadero. Como son de producción intensiva, tienen muchos antibióticos para evitar infecciones. De este modo consumimos un producto criado artificialmente.

El salmón rosado natural es el del Báltico, que se alimenta de krill. Así como este ejemplo, cuando uno observa un producto en el supermercado, cuanto más ingredientes tiene, más ultraprocesado es. Después está el tema de los microplásticos, que son disruptores endócrinos. Esto modifica el metabolismo y la endocrinología.

Los microplásticos, explicarlo de una manera más accesible.

Micro es pequeño, plástico son fragmentos diminutos. Muchas veces tomamos bebidas en botellas de PET, usamos envases o calentamos recipientes plásticos en el microondas. Hay múltiples situaciones en las que estamos en contacto constante con estos materiales. Si uno mira el mar, encuentra que los peces consumen otros peces o elementos que contienen partículas. No las vemos porque son microscópicas, pero se acumulan en el organismo, incluso en el cerebro.

Ahí hay un factor claro: hace 100 años la cantidad de plástico era mínima y hoy está en todos lados.

Si uno compara cómo vivíamos hace 200 años en Argentina con la actualidad, la sobrevida aumentó notablemente. Hoy la expectativa de vida ronda los 77 años. Las mujeres viven más que los hombres, y eso ocurre en todo el mundo. Si hubiéramos nacido en 1810, la expectativa de vida era de unos 30 años.

No es que todos murieran a esa edad, sino que había mucha mortalidad infantil. Muchos chicos menores de cinco años fallecían por infecciones; no existían antibióticos y las pestes diezmaban a la población pediátrica. Afortunadamente vivimos más tiempo, pero eso también implica mayor probabilidad de enfermar. Existen patologías asociadas al ambiente.

Es interesante escuchar que la adolescencia es un invento del siglo XX, que hasta el siglo XIX a los 13 años las personas iban a trabajar. Fue el capitalismo el que generó una mayor producción y productividad que permitió que personas pudieran permanecer más tiempo consumiendo sin producir. Entonces, si la adolescencia es un invento del siglo XX, podríamos decir que la longevidad es el invento del siglo XXI. Ahora bien, que las mujeres vivieran más que los hombres tenía una explicación lógica vinculada al riesgo físico de las tareas que realizaban los varones como proveedores casi exclusivos en el siglo XIX. Sin embargo, eso está cambiando de manera notoria en el siglo XXI. Hoy podría decirse que cada vez queda menos trabajo físicamente exigente. La mayoría de las tareas, incluso en el caso de los hombres, ya no son trabajos de fuerza, y las mujeres participan prácticamente en la misma proporción en el mundo laboral. Si no se modificara que las mujeres siguen viviendo más que los hombres a pesar de tener el mismo ritmo, ¿habría que encontrar las causas en otros motivos?

Sí, porque el hombre tiene más conductas de riesgo. No solo en lo laboral. Pensemos: ¿quién limpia vidrios en altura?, ¿quién fumiga? Generalmente son hombres. Siguen siendo tareas más frecuentes en varones. Además, hay comportamientos más riesgosos. Por ejemplo, hay más ahogados hombres que mujeres.

En la adolescencia, los varones tienden a subestimar el peligro. Las mujeres suelen ser más cuidadosas. También en el tránsito hay más incidentes en jóvenes varones que consumen alcohol.

¿Hay una estadística que después de los 60 años, eliminando esos riesgos, las mujeres siguen viviendo más?

Creo que se equipara en parte, pero la mujer tiene un período fértil —de los 13 a los 45 o 50 años— en el que cuenta con protección hormonal. Esa protección reduce el riesgo de eventos cardiovasculares. Después de la menopausia, ese riesgo se iguala con el del hombre. A partir de los 60 años aparecen problemas como osteoporosis, caídas, fracturas y hospitalizaciones. También está el cáncer más frecuente en la mujer, que es el de mama. A medida que aumenta la expectativa de vida, crece la probabilidad de enfermedades. Si uno muere a los 30 años, es posible que no tenga Alzheimer o cáncer de próstata, que son patologías más comunes en adultos mayores.

Pero al vivir más tiempo, esas afecciones aparecen. En países como Japón, Corea del Sur o Singapur, la expectativa de vida ronda los 85 años. En Japón, desde hace años se venden más pañales para adultos que para niños. Es un fenómeno que también enfrentaremos, ya que la natalidad descendió notablemente.

El embajador de Japón me decía que el país pierde 1000 personas por año, que es la diferencia entre nacimientos y defunciones, que entonces, proyectándolo entre siglos, no existen más japoneses.

Se dice que la población, hablando de demografía, a fin de este siglo la mitad no va a ser japonesa. Los 110 millones de habitantes que tiene Japón, creo que es ese número, pero más o menos la mitad no va a ser japonesa porque no hay nacimientos. Y lo terrible de Japón es que el año pasado, en un semestre, primer semestre, 40.000 japoneses murieron en soledad profunda, al no tener descendencia. Por ahí muere la pareja, la persona queda sola y se enteran a veces a través de un vecino que no lo ve más o por el olor que sale por putrefacción, y así desaparecen de la faz de la tierra.

Luis Brandoni falleció de una fractura y existen ciertas polémicas respecto del nivel de actividad o de hiperactividad que tiene que tener una persona grande. Una persona que seguía trabajando como si tuviera 20 años. Obviamente el trabajo mantiene jóvenes a las personas. ¿Hasta qué punto hay un riesgo en la mantención del mismo, un actor que todas las noches tiene que subirse a un teatro? El caso es Sergio Denis.

Sí, el trabajo, la actividad, la razón de vivir que los japoneses llaman ikigai nos mantiene activos neurocognitivamente y nos hace muy bien. Cuando uno tiene un propósito en la vida, es lo que te levanta de la cama para hacer algo. Si no, no te querés levantar. Si no tengo nada que hacer, ¿qué voy a hacer? Lo que le pasó a Brandoni fue un traumatismo por una caída de propia altura, que provocó un traumatismo encefalocraneal.

¿Qué pasa una persona adulta mayor en general? Y las caídas es un capítulo de la medicina. Pensar que en el mundo por año mueren 684.000 personas y 37 millones de personas que caen de propia altura tienen que consultar un médico porque tienen algún tipo de lesión. En el caso Brandoni se cayó de una silla corrediza, pum, se cae, pega la cabeza contra un escritorio y por la fragilidad que tenemos a partir de determinada edad puede ser catastrófico. Por ejemplo, traumatismo encefalocraneal​ por caída de propia altura. Puede caer una persona porque tiene problemas auditivos. Entonces, al tener el oído interno con problemas auditivos, la persona no tiene el equilibrio y la ubicación espaciotemporal que debería tener en un escenario. Por eso, cuando sacás una licencia de autos, te la dan por la edad cronológica, no por el estado físico, porque hay personas que pueden tener 40 años y estar mucho peor desde el punto de vista físico que una persona de 85 años que es deportista, que se entrena bien.

Después la medicación, pensemos que un adulto argentino es hipertenso, hablo de Argentina, toma medicamentos antihipertensivos. Muchas veces nosotros los médicos le decimos a las personas cómo tienen que levantarse de la cama. La persona de golpe tiene que hacer pis, de orinar a la noche, se levanta y tiene quizás alfombra y la alfombra es un enemigo de la persona adulta. Quizás tiene una mascota, cuando la persona se levanta de la cama a las 3 de la mañana la mascota viene corriendo, le quiere saltar para saludarlo. Y se colocan pantuflas, un elemento que no debería existir, y no tiene luz porque para cuidar el dinero, para no gastar en luz, no tiene luz desde la cama hasta el baño, con lo cual está a oscuras, con pérdida de equilibrio, con medicamento antihipertensivo, tal vez toma una pastilla para poder descansar que se la recetó un vecino o un médico. Entonces se hace, digamos, la tormenta perfecta para que esa persona caiga. 90 fracturas de cadera por día en la República Argentina, 34.000 fracturas al año. Así que imaginate eso.

El gasto enorme que es para la salud pública, privada y la calidad de vida de esa persona, porque una persona que se hospitaliza a los 85 años por una fractura de cadera, que tarda en operarlo, que después tarda en recuperarse, ¿cuánto tiempo le lleva a esa persona volver si vuelve? Porque son escalones que a veces uno baja y no los puede volver a subir.

Después yo entro a la casa de una persona grande, miro el baño y los baños no están acondicionados. Tienen pisos, quizás la persona en un momento de bonanza compró un porcelanato de buena calidad, italiano, chino, brilloso, hermoso, y es una pista de patinaje eso, que por ahí la persona tiene zoquetes porque hace frío y pega una patinada y se golpea la cabeza. O la ducha. Para mí la bañera no debe existir nunca más. Es un elemento, una trampa mortal, una bañadera. Hoy por hoy se trata de hacer cubículos, pero una persona que ingresa, que tiene dificultad en movilidad para ingresar a una bañadera, tiene que levantar una pierna, tiene que levantar la otra. Es patinosa, es recontrapatinosa.

Ahora, por lo que me estás diciendo, no es que el exceso de trabajo aumente en las personas de tercera edad. Brandoni no es que se exigió más. Digo porque si se hubiera quedado en la casa sin trabajar hubiera podido tener el mismo accidente. ¿Seguís recomendando que un actor de 85 años, si puede actuar, vaya y actúe?

Sí, por supuesto, por supuesto que sí. Lo vemos en Mirtha, ¿no? Mirtha es una persona, un ejemplo de que yo digo y siempre que la veo le digo lo mismo: no deje de trabajar nunca. Y ella sabe que no tiene que dejar de trabajar nunca porque es la razón de vivir, es su propósito en la vida. Es seguir saliendo en la pantalla, seguir yendo a las fiestas. Uno dice: “Pero esta mujer necesita ir a las fiestas. Todas las fiestas que hay, vestirse, peinarse”.

Es su razón de vivir y eso es lo que nos mantiene vigentes.

Escuchamos todos los días desinversión por parte del Estado en todo, los servicios públicos, la caída de los servicios públicos del Estado como PAMI, que llevan a las personas cada vez más a la medicina pública de base. ¿Cómo repercute esto en la calidad de la salud de los argentinos? Y si vos creés que va a generar una reducción en la duración de la vida de los argentinos de aquí a un par de años.

Tenemos un sistema complejo, un sistema fragmentado. Por un lado, el sistema privado existe porque justamente la salud pública no da respuesta. Es similar a lo que ocurre con la seguridad: si no hay protección en la calle o en el barrio, se termina contratando seguridad privada en edificios o barrios cerrados. Así conviven la seguridad que se paga con impuestos —municipal, provincial, nacional— con servicios privados que intentan cubrir lo que el Estado no alcanza.

Lo mismo pasa con la salud. La salud privada existe porque la salud pública no dio respuesta desde hace muchísimos años. Sin embargo, el avance tecnológico es enorme, casi estrepitoso. No se trata solo de un desarrollo ligado a lo capitalista, sino de herramientas que mejoran la calidad de vida.

Si hoy tengo que operar a una persona, no es lo mismo que hace 40 años. Antes implicaba internaciones de 14 o 15 días; hoy, en muchos casos, con cirugía robótica, el alta puede darse el mismo día. Ese nivel de tecnología todavía no está al alcance de todos los sistemas de salud.

También existen medicamentos nuevos que mejoran y prolongan la vida, pero en muchos casos son inaccesibles para países como el nuestro. No se puede pagar un tratamiento de millones de dólares para una sola persona, ni siempre se puede garantizar incluso un medicamento básico para patologías frecuentes como la diabetes.

La desinversión en salud se refleja directamente en la calidad y en los años de vida. En muchos casos, la gente muere esperando un turno o una cirugía, o su cuadro empeora mientras espera atención. Eso tiene un costo inmediato.

La falta de inversión en salud se paga.

He tenido la oportunidad de ser jurado de periodismo científico en toda América y analizar estudios de distintos países. La comparación muestra que estamos en una situación compleja, y en algunos aspectos nos alejamos de los estándares tecnológicos más avanzados, aun dentro de nuestras propias asimetrías internas.

No es lo mismo atenderse en la ciudad de Buenos Aires, donde hay decenas de hospitales medianamente o bien equipados, que en otras regiones del país donde las condiciones son muy precarias.

He visto terapias intensivas en situaciones extremadamente deficientes: espacios improvisados, falta de condiciones básicas de higiene, infraestructura inadecuada. Eso muestra que dentro del mismo país existen desigualdades muy marcadas en el acceso a la salud.

En ese sentido, por ejemplo, en Córdoba se tomó un sanatorio que cerró y que obligaba a los habitantes de una ciudad del interior de la provincia a trasladarse 120 km para atenderse. El hecho de vivir lejos de lugares sanitarios de cierto nivel implica un riesgo muy alto en la calidad de vida. En otras palabras, para ser longevo hay que vivir cerca de hospitales, dicho de forma clara.

Mirá, la longevidad tiene una parte de herencia. Si tu padre o tu abuelo vivieron 90 o 100 años, eso representa un 20% de la posibilidad de llegar a esa edad. Un 20%. Un 25% tiene que ver con la herencia.

Lo que más condiciona, más que el código genético, es el código postal.

¿Dónde naciste? Si vos naciste en Nigeria, por ejemplo, donde el promedio de vida hoy es de 54 años entre hombres y mujeres, tuviste la desgracia de nacer en Nigeria, vas a vivir en promedio 54 años. Si naciste en Japón, vas a vivir en promedio 85 años. El código postal, incluso en Argentina, determina la vida.

Aquellas personas que viven en lugares alejados de centros asistenciales tienen un riesgo de una vida más corta.

Nosotros decimos un viejo adagio en salud, y lo sabe mucha gente del interior: Dios, para aquellos creyentes, está en todas partes, pero atiende en la ciudad de Buenos Aires. Y esto es una realidad dentro de todo.

Intendentes del interior de Córdoba denuncian saturación del sistema de salud por la crisis de PAMI

Hay centros médicos buenos en Rosario, en Mendoza, en Córdoba, en San Luis. Hay lugares especiales dentro de la Argentina, pero hay mucha asimetría, sin duda alguna.

MV