La mortalidad materna en Argentina vuelve al centro del debate, no solo por sus cifras preocupantes sino también por la forma en que se presentan. El especialista de la salud, Martín Morgenstern, puso el foco en lo que considera una distorsión estadística que impide dimensionar correctamente el problema.
“En todo el mundo se mide la mortalidad materna por cantidad de muertes por cada 100.000 chicos nacidos vivos”, explicó, marcando el estándar internacional. Sin embargo, advirtió que en el país se utiliza otra metodología: “la Argentina hace más de 30 años y no quiere cambiarlo, la mide únicamente por cada 10.000”, lo que genera una percepción errónea.
Para graficarlo, utilizó una analogía cotidiana: “Es como mentirnos a nosotros mismos”, sostuvo, al señalar que el cambio de escala reduce artificialmente el impacto de los números. Según detalló, esta diferencia no es menor, ya que altera la lectura pública y política del problema.
Una estadística que oculta la gravedad
El especialista fue contundente sobre las consecuencias de esta práctica. “Si no lo mostramos como se muestra en todo el mundo, entonces estamos subestimando el problema”, afirmó. Y agregó: “si subestimamos el problema, no ponemos en la necesidad de corregirlo”.
Los datos comparativos son elocuentes. Argentina registra cifras muy superiores a países como Chile, Uruguay o Alemania. En ese sentido, remarcó: “No es solo más. Cuánto más”, destacando la magnitud de la brecha.
Incluso advirtió que la situación podría estar empeorando: “Se habla de que ahora la Argentina, nuevamente la mortalidad materna creció”, con estimaciones cercanas a 40 muertes por cada 100.000 nacidos vivos. Frente a esto, lanzó una definición tajante: “Seguimos creciendo en lugar de disminuyendo, como otros países”.
Un sistema de salud estructuralmente fallido
Más allá de las estadísticas, Morgenstern apuntó a problemas estructurales del sistema sanitario. “No es un problema de salud pública… es un problema del sistema de salud”, aclaró, ampliando la responsabilidad tanto al ámbito público como privado.
En esa línea, fue crítico con el funcionamiento general: “Es un sistema de salud que no está funcionando como debe”, y profundizó: “el sistema de salud argentino es un sistema mal formado, mal estructurado y ahora empeorado”.
Finalmente, el especialista hizo un llamado directo a las autoridades para iniciar un cambio básico pero clave: “Si empezamos a tomar conciencia del problema, yo creo que sería el primer paso”, en referencia a adoptar estándares internacionales de medición.
La advertencia es clara: sin datos transparentes y comparables, cualquier política sanitaria corre el riesgo de ser insuficiente frente a una problemática que, lejos de resolverse, sigue creciendo.