Entre una estabilización nominal que cruje y la ausencia de reformas de fondo, la economía argentina parece atrapada en un esquema de corto plazo que prioriza la licuación de ingresos sobre la solidez estructural. Ante este contexto, el economista Mariano Fernández analiza en Modo Fontevecchia, por Net TV, las inconsistencias del modelo actual y lanza una sentencia lapidaria sobre el rumbo del Ejecutivo: "A Milei el poder se lo comió y nunca tuvo un plan".
El economista argentino, profesor y analista Mariano Fernández es conocido por su trabajo académico y sus críticas al gobierno actual. Se desempeña como profesor en la Universidad del CEMA y como economista asociado en el Centro de Economía Aplicada de esa universidad. Además, fue profesor de Macroeconomía, Macroeconomía Superior y Finanzas Internacionales en distintas universidades de Buenos Aires, y publicó artículos de análisis económico.
No está saliendo todo de acuerdo al plan, parece, en términos económicos.
Buen punto. En realidad, la pregunta que deberíamos hacernos es si hay plan y si hubo plan. Yo creo que lo que hubo fue una serie de intentos estabilizadores, pero mal ejecutados y mal diseñados desde el principio. Entonces, yo no soy tan conocido, pero si a mí me preguntabas desde el principio si iba a bajar la tasa de inflación, la tasa de inflación va a bajar hasta un nivel que llamamos estado estacionario para dados los fundamentales de Argentina, pero más allá de eso. Es decir, no hay nada que determine que la inflación baje en forma permanente en Argentina.
Ahora, tu opinión, si sos conocido, y tu opinión se potencia al mismo tiempo, más allá de toda tu tarea académica, por ser un testigo privilegiado de Javier, al haberlo conocido en un momento en que nadie lo conocía. Entonces, al mismo tiempo de poder hacer un análisis crítico, técnico, respecto de las medidas que se toman, también podés darle un sentido del carácter de la persona, que siempre es importante. Las ideas luego se tienen que ejecutar, y en la ejecución de las ideas, a veces, si uno cambia el orden procedimental y pone lo segundo primero y lo primero segundo, incluso hasta una buena idea o un buen plan termina fracasando. Entonces, tu mirada es que ni siquiera hubo plan. Conociendo a la persona, un poco lo que estás diciendo es que no había un plan, más allá de un plan de poder, pero luego no había un plan económico a ejecutar, y que a lo mejor Caputo no era la persona que imaginaba, ni se lo imaginaba él mismo seis meses antes, cuando era candidato.
Mirá, yo creo que algo de eso hay, y la verdad es que da mucha lástima todo el proceso. Yo hace años que ya… 2020 creo que fue la última vez que tuvimos contacto con Javier. En realidad no hubo una pelea, no hubo nada, fue un alejamiento. Cuando, desde el punto de vista político, empezó a trabajar en política, yo decidí correrme.
Pero uno hubiera esperado equipos técnicos mejores, algo mejor. Y lo que tuvimos fue un salto de distintos sistemas o enfoques o tipos de estabilización, pero, como vos decís, improvisados, y estamos pagando las consecuencias.
Hay una cosa que es muy importante: la inflación que recibe Javier es una de las consecuencias del proceso de la pandemia, en donde Argentina no tenía mercado de capitales y lo único que podía hacer era financiarse, es decir, financiar el déficit a través de emisión monetaria y de instrumentos de crédito, tampoco era una inflación de equilibrio.
Y es mentira que íbamos hacia una hiperinflación, como dice Javier. Ya empezó con el pie izquierdo. Entonces, cuando empezamos mal, vamos peor. Y creo que esa es la conclusión. Después, más allá de la lástima, de la pena de un proceso que se había construido, que mucha gente construyó, que participó en el camino, creo que el poder se lo comió.
Vayamos al tema de la inflación, que probablemente haya sido el mandato más importante que Milei tuvo de las urnas una y otra vez. Voy a decir: llega un punto de esta inflación, entre 2 y 3%. Y que vos decís que la inflación que había dejado Alberto Fernández era el resultado de una situación extraordinaria, como había sido la pandemia, que era de 6% mensual y que a lo mejor también hubiera podido bajar al tres.
Yo creo que sí, no sé si al tres, pero sí la inflación con la que terminamos el 2023 no era ni inflación de equilibrio.
Sí, a menos que las cosas se hubieran empeorado.
Previo a la candidatura, previo a que Milei gana las PASO, la inflación era 6% mensual.
La inflación, en promedio, sí. Hubo meses donde fue un poco más, meses donde fue un poco menos.
Bueno, fue más después de que Milei ganó y dijo que iba a dolarizar, pero hasta ese momento la inflación venía en un ritmo de 6% mensual. Decís que esa inflación era resultado de la emisión acumulada.
En realidad, la inflación es como un proceso de acumulación. Si nosotros vamos viendo los procesos inflacionarios desde el inicio de la década del 2000, vemos cómo se va agregando, y la inflación de equilibrio va siendo cada vez más alta. Es decir, Cristina entrega con un nivel de inflación del 30 y pico, Macri se va con un nivel de casi 50, Alberto se va con un nivel mucho más alto, pero hay que descontarle el efecto de la pandemia, que es algo no esperado. Y ahora lo que tenemos es una estabilización: la inflación de equilibrio, descontada la pandemia, sería 6% mensual.
¿En qué época?
En ese… al final de… no, descontada la pandemia, por ahí un poco menos.
¿5%?
Entre tres y cinco, y ahora estamos entre dos y tres. Teniendo en cuenta que sí hubo algunos cambios, pequeños cambios. Sí, hubo licuación a través de la devaluación que hizo Javier. Tenemos un esquema más inteligente, pero lo relevante en el manejo financiero, a través de instrumentos financieros —donde antes teníamos un solo instrumento, como la LEVAC, después la LELIQ, ahora hay varios—. Parte del control tiene que ver con un control financiero.
Es decir, la baja de 4% a 2,5% no es poco, quiero decir, la baja un 40.
Lo que pasa es que el fenómeno de la inflación hay que entenderlo como fenómeno transitorio y permanente. No hay nada que haga que en la Argentina la inflación, en términos permanentes, sea más baja. Podríamos tomar una parte de la literatura. Algunos economistas podrían señalar el superávit primario, pero no alcanza porque, si uno tiene en cuenta la renovación de la deuda, que no está incluida en los intereses del superávit financiero, el déficit de Argentina sigue siendo alto. Entonces, hay un elemento estructural que impide que la tasa de inflación baje.
¿La deuda, estás diciendo vos?
El flujo de deuda, que es el que se renueva período a período, el costo de interés, es decir, el costo de la deuda entre cuatro y cinco puntos del producto, que es alto. Si ajustáramos ese déficit, tendríamos un déficit de 4,5% del producto. Eso es consistente con la inflación que tenemos. Además, hay otros elementos que determinarían un sendero de convergencia hacia niveles de países como Uruguay, Chile o Brasil y que en Argentina no están en discusión.
El Banco Central sigue siendo una oficina de la Tesorería. No está separada la política monetaria de la política fiscal. Tampoco tenemos un sistema bancario que funcione con reglas claras.
O sea, la Argentina tiene una deuda sobre el producto bruto no mayor que la de la mayoría de los vecinos. Sin embargo, paga una tasa de interés mucho más alta por el riesgo país y los defaults.
El stock de deuda no es tan alto comparado con países de la OCDE.
El problema es la estructura: es una deuda corta y cara.
La deuda acumulada no es tanta. El problema es que se paga mucho interés y además hay estrés continuo porque vence todo el tiempo. A la Argentina le cuesta entre 4% y 5% del producto. Para tener equilibrio fiscal, hay que tener un superávit primario de ese nivel.
Hay otro elemento que no tenemos en cuenta. Existe una distinción entre lo transitorio y lo permanente, que condiciona las expectativas. Argentina hizo un fuerte ajuste sobre el gasto primario, injusto desde lo social, porque recayó en jubilaciones, salud, educación e infraestructura. La pregunta es si, sin una reforma del Estado, esa baja del gasto se puede sostener. Probablemente no, y eso genera expectativas de que el superávit actual no sea sostenible.
Entonces, la inflación también depende de expectativas. No es solo un fenómeno de cantidad de dinero. Hay que mirarla en el tiempo y hacia adelante. Entonces, hay trabas que impiden que la inflación baje a niveles como los de Chile o Uruguay, principalmente por el déficit fiscal futuro y la estructura de deuda.
Exacto. Si Argentina tuviera un superávit basado en reformas estructurales, una deuda más larga y un Banco Central independiente, podría tener inflación como Brasil o Uruguay.
Pero eso no se logra de un día para el otro. Es un proceso de reformas, no de licuación vía inflación. Lo que vos planteás es una tarea de mediano plazo, y lo que Milei eligió es algo de corto plazo, eficaz políticamente pero económicamente insustentable.
Por eso digo que no hay plan. Chile tardó años en bajar la inflación y lo hizo con reformas estructurales. En Argentina no hay reformas, hay medidas transitorias.
Entonces, el tema es la paciencia.
Argentina necesita estadistas que piensen a futuro, no decisiones de corto plazo que solo responden a la urgencia.
¿Eso implica aceptar varios años de inflación más alta antes de bajarla?
Sí. Terminar con la inflación de manera sostenible es una tarea de diez años. La literatura es clara: bajar una hiperinflación puede ser rápido, pero bajar una inflación crónica requiere procesos, contratos, hábitos y aprendizaje.
LT
Si la política fiscal y la política monetaria no acompañan ese proceso, en algún momento se genera un choque.
MV