En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), Nicolás Tereschuk describió el clima emocional que atraviesa a las democracias contemporáneas y que explica, en parte, el avance de las derechas radicales a nivel global. “Son movimientos que irrumpen y organizan un malestar”, sostuvo, y aclaró que ese malestar “es más que económico”: se construye “de arriba hacia abajo y del centro hacia la periferia”, generando “comunidades negativas muy fuertes, organizadas en función del odio y del miedo”.
Frente a ese escenario, el politólogo señaló que las fuerzas progresistas comparten hoy un mismo dilema: cómo ofrecer “una idea de abundancia de futuro posible” basada en capitalismo, democracia y “algo de justicia social”, sin que la moderación sea leída como debilidad.
Nicolás Tereschuk es licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad de Buenos Aires y magíster en Sociología Económica por UNSAM. Se desempeña como docente en la carrera de Ciencia Política de la UBA y en la Maestría de Políticas Públicas de FLACSO Argentina. Es director en el Instituto Argentina Grande, se especializa en temas de desarrollo económico, industrialización, sistemas políticos y tensiones entre los poderes Ejecutivo y Legislativo.
Recientemente publicó el libro ¡Progres del mundo! Qué hacen las fuerzas políticas que se enfrentan a las derechas radicales, donde analiza las estrategias de sectores progresistas frente al avance del movimiento de la derecha radical. Decir progresista hoy, es algo bastante distinto a lo que era en el pasado. Lo mismo pasa con la palabra liberal, con los libertarios. ¿Por qué se te ocurrió esa palabra? ¿Podrías hacer una síntesis de la tesis de tu libro?
¿Qué son estos progres? Como estás diciendo bien, es una la etiqueta que estamos poniendo para simplificar. Son fuerzas políticas, partidos políticos que hace algunos años no tenían mucho que ver. Pero, lo primero que plantea el libro es que, estando este movimiento de derecha radical global, que ya es bastante obvio, aparece en espejo o se homogeneiza también una serie de debates, problemas, hipótesis, estrategias en quienes se le enfrentan, que son partidos políticos o fuerzas políticas que intersectan tres cosas mínimas.
Quieren un capitalismo; quieren democracia; y quieren algo de justicia social. Consideran que hay que equiparar algo de ese capitalismo. Y ahí, entran fuerzas políticas que no han tenido mucho que ver. El Partido Demócrata en Estados Unidos no tenía mucho que ver con el Partido Justicialista en la Argentina. Pero hoy uno mira algunos debates, palabras, hipótesis, discusiones, y se parecen en eso. Partidos políticos que algunos están en el oficialismo y otros en la oposición. El Partido de los Trabajadores en Brasil está en el oficialismo, pero está asediado por una derecha radical. Lo mismo el Partido Socialista Obrero Español, que está asediado por derechas radicales.
Y ahí podemos incluir a la socialdemocracia alemana. En este mes de enero tan fuerte que tuvimos política y geopolíticamente, el primer ministro de Canadá, que uno podría decir: “¿Qué tiene que ver el primer ministro de Canadá con el Partido Justicialista de la Argentina?”. Si lo decíamos hace cuatro meses, probablemente nada. Y hoy tienen bastantes cosas en común en los problemas que tienen y en cómo están pensando encarar esos problemas.
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Eso internacionalmente. Y nacionalmente. O sea, eso amalgama al socialismo, al radicalismo, al peronismo cordobés. ¿Qué efecto produce la emergencia con fortaleza de derechas más extremas?
Yo creo que sí produce. Estas derechas radicales, a mi modo de ver, son movimientos que irrumpen y organizan un malestar. Yo creo que ese malestar es más que económico. Una hipótesis: podemos verlo en la irrupción de Javier Milei en la Argentina. Vos me dirás: “No, es muy económico”. Yo podría decir que sí; y cuando veo la irrupción de Kast en Chile, pienso que quizás los chilenos tienen casi todo lo que promete Milei, como si fuera el punto de llegada de Milei, y sin embargo van hacia un líder de derecha radical. Creo que es más que económico.
Y creo que lo que hacen estas fuerzas de derecha radical es organizar un malestar en un movimiento que va de arriba hacia abajo y del centro a la periferia. Hay debates sobre eso. Está la posición que yo creo que es más adecuada cuando uno mira lo que está pasando: se organiza desde las elites ese malestar, se organiza desde los centros del mundo, y va hacia la periferia y organiza esas periferias de una determinada manera. Un malestar podría ser organizado hacia el estallido social que hubo en Chile hace unos años.
Pero ahora, por ejemplo, está siendo organizado de otra manera, generando unas especies de comunidades negativas, donde esas comunidades negativas son muy fuertes y se organizan en función de los sentimientos del odio y del miedo, que son muy poderosos. Y en general hacia algún diferente, que puede ser un inmigrante en un país, pero también puede ser alguien que recibe ayuda social en otro país, o quizás puede ser la comunidad LGTBI en un país, o quizás pueden ser quienes van a las universidades nacionales en otro país.
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En Brasil eso organizó a todas las fuerzas que podríamos decir que creen que hace falta un poquito de justicia social; todas las fuerzas que creen que además quieren democracia y capitalismo. Y unió, por ejemplo, al PSDB, que era un partido de centro-centroderecha, con el PT, que era un partido de izquierda o de centroizquierda. En la Argentina, la emergencia de Milei va a lograr, por tanto, que las diferencias que existen entre todos aquellos partidos que comparten más o menos esto.
El PRO también compartía que hacía falta un poquito de justicia social. El tema es de grado. Por lo que estamos discutiendo acá es qué grado de justicia social. Pero la aparición de uno que dice que la justicia social no debe existir amalgama a todos los otros. En sociología siempre se dice como uno de los axiomas que, ante la irrupción externa, los conflictos de las personas desaparecen. Las personas se cohesionan frente a una amenaza externa. ¿Eso va a suceder en la Argentina?
Hay varios puntos interesantes. Uno es el PRO, en general también, y voy también a los historiadores de otros momentos en que hubo esto de esta manera: uno puede ver paralelos, y los hay, en los debates de los años 30, la irrupción de los fascistas, etcétera. Se discute si esto es fascismo. Podríamos entrar en eso perfectamente. Y un elemento central es la defección de las derechas clásicas, y los países donde esas derechas clásicas conforman cordones sanitarios, vamos a decirlo así, o no los conforman. En Alemania los conforman, en Brasil los conforman; en otros países no los conforman. Eso por un lado.
Por otra parte, ¿qué le diría yo a mis alumnos de la Universidad de Buenos Aires, donde con otros colegas damos un curso sobre liderazgo presidencial en América Latina, sobre todo en Sudamérica? Uno tiende a pensar casi como un teorema que, presidente dominante, oposición dividida; presidente declinante, un presidente que aceleradamente pierde recursos de poder -como podía ser el presidente Milei en los meses de agosto y septiembre del año pasado.
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¿La cohesión aparece cuando aparece la oportunidad?
En Sudamérica, por la centralidad de los presidentes y del liderazgo presidencial, en contextos donde las instituciones son lábiles, son más débiles -hay debilidad institucional, dirían algunos colegas politólogos-, probablemente en casi todos los países, salvo Uruguay y Chile, es muy así la dinámica. Es decir, si el presidente logra acumular importantes recursos de poder, en general logra dividir a la oposición o la oposición se divide.
¿Tiene que ver con los incentivos? En términos concretos: cuando se está cerca del poder, el poder justifica unirse para compartir el premio.
También tiene que ver con la capacidad que tienen los presidentes, en un contexto donde las instituciones no logran, las normas no logran moldear los comportamientos totalmente, para poder dividir a las oposiciones. Creo que también, en este momento de esta irrupción de derecha radical -que no es igual a cualquier otra-, podemos leer, pero no son iguales. Creo que es relevante también la cuestión de las elites. Como te decía, me parece que son movimientos que organizan ese malestar existente de arriba hacia abajo y las elites más dinámicas económicamente, en general las vemos muy enganchadas y participando de estos movimientos de derecha radical y fortaleciéndolos.
Al momento de pensar todas las épocas de la historia: que siempre no es “el pueblo unido jamás será vencido”, sino elites divididas las que producen la posibilidad de que se despierte el pueblo.
Por ejemplo, Brasil, más allá de los intentos y de la militancia de 60 años de Lula y del Partido de los Trabajadores, el pueblo no siempre está en el centro de la escena. La elite tiene un lugar muy importante. Y en el caso de lo que ocurrió en Brasil...
Y lo que quisieron hacer en la Argentina para que esté Milei.. Es decir, que el pueblo es simplemente una herramienta que es activada o desactivada cuando las elites se dividen y encuentran una elite emergente que le disputa el poder a la que estaba.¿Qué era lo que pasó con las elites en la Argentina para que Milei sea presidente?
Eso es algo que debaten los progres del mundo cuando les aparece o les reaparece un líder de derecha radical.
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¿Los medios de comunicación son parte de la construcción de esos emergentes?
Fijate un poco lo que yo planteé en el libro: cómo esas miradas se dividen un poco en dos. En esta mirada de: “Nos hemos ido demasiado a la izquierda”, dicen algunos. Tomamos demasiado fuerte agendas acotadas, individuales, de pequeños grupos. Ahí la palabra no dicha es la agenda del movimiento de mujeres...
...y el agobio por un lado, y por otro el garantismo en términos jurídicos para lo que significa seguridad. Son los dos puntos.
Ahí aparece, podría yo traducir eso, como ciertas agendas de las personas más desfavorecidas. Algunos dicen: “Nos fuimos mucho con las minorías a la hora de preguntarnos por qué no tenemos el apoyo de los trabajadores como teníamos en algún momento”. Y otros dicen: “No, nos hemos ido demasiado a la derecha, no le estamos cambiando la vida a nadie. En un mundo demasiado desigual, no estamos cobrando los impuestos correctos ni estamos asignando esos impuestos correctos”. También aparece algo que parece estar en el medio, que es: no estamos dando una idea de abundancia de futuro posible en esta intersección que queremos.
¿Cómo es la idea de abundancia posible de futuro para esta idea de capitalismo con democracia, con algo de justicia social? La derecha radical lo resuelve fácil, lo de la abundancia. Trump dirá: “Yo cobro tarifas y con eso resuelvo todos, los buenos trabajos para volver a Estados Unidos”. Milei lo dice muy fácil: yo mantengo el superávit fiscal, o hago que haya restricción monetaria, y se solucionan todos los problemas, y en X años seremos España y seremos Alemania, y ta, ta, ta. O sea, se plantea algo muy simple y dice: “Es esto”.
Vamos a todos los actores que no son esta derecha radical. Bueno, ¿cuál es esa idea de abundancia de futuro? Eso está disputado y no está claro. La otra cosa que uno puede ver en este libro los paralelos en los debates de cómo estos popgres del mundo están discutiendo esto. A veces se están acusando por ser los culpables de esto, entre ellos están también divididos.
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El eslogan de este programa es “la rebeldía de la moderación”. Y la moderación viene fracasando políticamente hace mucho tiempo. Cada intento del centro, la amplia avenida del medio, y todos los intentos, incluso en medios de comunicación: la polarización es la que tiene rating; el centro, la moderación, no despierta interés. ¿Podríamos decir que el problema de todo lo que se opone a estos partidos de extrema derecha es la moderación? Es decir, que el ciudadano, frente a esa crisis de no resolución de los problemas cotidianos, considera que la moderación es un problema. Macri, por ejemplo, lo padeció, y lo tratan de ñoños republicanos porque, en realidad, no entendió que lo que la gente quiere es asertividad y no moderación.
Entonces, cuando decimos que encontramos incluso dificultad para denominar progres, debemos decir socialdemocracia, liberal-socialismo, liberal-progresismo. Necesitamos combinar dos elementos: capitalismo y democracia con justicia social. ¿Cuánta? Entonces, de lo que estamos hablando desde un tema de moderación, aristotélico es el tema, mientras que estas otras personas creen, de un lado y del otro, que la solución está en el extremo.
Yendo a lo que está pasando afuera, ahora está el gobernador de California, Gavin Newsom, que quiere ser presidente,y que fue buscando las formas y ahora está en una forma que es: podes estar equivocado, pero lo que no podes parecer es débil. Wrong, but strong. Y el tipo está parado ahí. Entonces, se pelea, es agresivo, se muestra fuerte, en esta cuestión también de los géneros que hablamos, que para mí es algo muy particular, porque creo que está muy en el centro lo que pasó con la irrupción de estos movimientos de derecha radical y con el movimiento de mujeres. Pero pienso que no por eso hay que atacar el movimiento de mujeres, que es una de las cuestiones más dinámicas y más fuertes que ha habido.
Finalmente, la moderación parece debilidad; la cortesía parece débil. No es simplemente un tema de derechas. Uno podría decir también que Grabois es un expositor que logra imprimir, a través de un discurso más fuerte, no moderado, claramente.
Hay otro problema que también se ve, que es la cuestión que atraviesa distintas dimensiones de la vida actual: el tema de la atención. Para que escuchen tu buena idea, lo primero que van a tener que hacer es prestarte atención un poco. Y algunos piensan que, si no gritas, no te van a escuchar.
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O sea, lo que hay es una inversión cultural: antes, a aquel que gritaba se lo suponía irrazonable. Eso es del orden de la cultura, es mucho más que de la política. La propia Cristina Kirchner, aunque de forma diferente, también tenía un discurso altisonante. Recordá que la palabra de moda en ese momento era “crispada”, en líneas generales una potencia discursiva provocadora.
Creo que más bien era que ocupaba el centro de la escena: la presidenta de la Nación, pasaban un montón de cosas, pero sí, esto está siendo debatido. A mí me parece, de todos modos, que esta cuestión de imitar la forma, tengo mis dudas. Por supuesto que los estilos de cada uno son los de cada uno.
Perdóname, pero se me viene a la mente: dicen que soy aburrido.
Bueno, era hacer de la debilidad una fortaleza.
Pero además está el humor de época, porque Menem era divertido. O sea, no solamente hablaba él, sino que estaba hablando de un cambio de época.
Como publicidad fue muy buena y después, después hay que gobernar, ¿no?
Como publicidad fue muy buena, creo que sí, fue muy buena en ese momento. Y algo habla de que si en aquel momento fue muy buena, algo cambió de la sociedad de aquel momento a esta. Que aquello aburrido podía parecer moderado, para decirlo de alguna manera.
No sé si hay una sociedad buscando más fuerza, pero quizás esté buscando autoridad. Y esa autoridad puede surgir de lugares no gritones. Y los límites a estas derechas radicales pueden surgir de lugares no gritones. Y voy a los ejemplos que también están ocurriendo en Estados Unidos a partir de movilizaciones que tienen mucho más de aquellas movilizaciones no violentas de Gandhi y de Luther King, y más de lo comunitario, que del grito del líder.
En el libro se abre ahora también una especie de tercera o cuarta opción, que es la discusión por lo comunitario: la polarización aparece cuando la comunidad se deshace. Por ejemplo Estados Unidos, que era un país hasta los años 60, 70, que tenía múltiples formas de participación comunitaria y de encontrarse cara a cara las personas, no solo en la política, en diversos intereses que tenían. Eso se deshizo, se hizo una cosa más individual, al quedarse mirando la televisión. Ahora, con las redes sociales, se potencia mucho eso. El cirujano general de Estados Unidos dijo hace dos o tres años, que ese país estaba atravesando una epidemia de aislamiento y soledad, que producía efectos de salud y también efectos en lo social.
Entonces, esta hipótesis de que la derecha radical surge o irrumpe cuando lo comunitario, la posibilidad de vernos cara a cara. Jorge, yo seguramente no coincido en todo con vos y con tus opiniones o con tus notas, y sin embargo quizás, si nos ponemos a hablar en vez de tirarnos tuits, podemos encontrar esas cuestiones de grado que vos estás diciendo. Quizás yo soy un joven que tiene, por distintas cuestiones hoy en día, un problema, una dificultad o una desconfianza en cómo acercarme hacia las mujeres, y pienso que las mujeres son muy agresivas, pienso que las mujeres son feminazis, pienso que las mujeres son un peligro, y quizás sea porque no me encontré con distintas mujeres en un ámbito a trabajar, a estar con ellas, a conocer su riqueza.
Entonces, esta idea de recuperar lo comunitario, de ver dónde hay una idea de comunidad positiva, que no sea solo negativa porque nos juntamos para oponernos a tal grupito como el culpable de todos los males, con lo peligroso que ha sido eso en la historia, creo que ahí también hay algo.
Mencionabas autoridad, y probablemente haya metonimias que se producen en determinados momentos y palabras que empiezan a incorporar otras, y que a lo mejor hoy la idea de autoridad esté asociada con la fuerza, que tenga que ver con el aceleracionismo, la necesidad de respuestas rápidas. Y que sea un combo multifactorial de todos estos elementos: el aislamiento, la velocidad, la insatisfacción. No cabe ninguna duda de que hace, por lo menos, treinta años que a nivel mundial, o por lo menos occidental, hay una caída de la capacidad de consumo y del bienestar de las personas.
Me parece que allí se pueden encontrar elementos que trascienden, a lo mejor, a las ciencias políticas. Son más del orden antropológico, pero me parece que en el tema del modo, probablemente en la estética más que en la economía, en el modo haya muchas explicaciones a esto que estamos hablando. Yo, cuando hablo con los de centro, siempre el problema es: bueno, una cosa es ser de centro, pero no ser anodino. Cómo encontrar un intenso centro. Uno podría decir que Alfonsín era elegante, respetuoso, culto, pero tenía intensidad, ¿no?
Es que la pregunta también es: ¿qué sentimiento puedo generar en muchas personas? ¿Cómo van a hacer esas personas para captar que yo, que les estoy hablando, es porque quiero liderarlas? Cuando llegue el momento y cuando yo esté a puertas cerradas, ¿cómo ellos saben que yo voy a estar, que yo voy a defenderlos? ¿Cómo transmito eso? Y eso se puede transmitir con distintas formas, pero hay que transmitirlo. Siempre hay emociones. Estos movimientos de derecha radical están usando, como te decía, mucho el odio y el miedo. Y la pregunta es cuáles son las otras, o si las otras son lo suficientemente potentes, o cómo se puede generar.
La alegría es un sentimiento muy poderoso. La confianza, la alegría de estar juntos, la alegría de poder vivir en paz, podrían ser otros elementos. Hay que ver si hay quién o hay quienes puedan transmitir esos otros sentimientos, o apalancarse sobre ellos. Ya que traés el kirchnerismo, el kirchnerismo tenía como eslogan, y después dirás: “Estoy en desacuerdo”. Decía: “El amor vence al odio”. Y generaba algo.
RM CP