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MODO FONTEVECCHIA
Riesgo estructural

El talón de Aquiles del modelo Milei: "La reducción de los salarios baja la inflación pero termina generando falta de crecimiento"

La mirada del economista Carlos Pérez señala que el principal límite del modelo del presidente no está en la baja de la inflación, sino en sus efectos sobre el crecimiento. Advirtió que la reducción de los salarios puede ordenar la macroeconomía, pero también frenar el empleo y el desarrollo.

Milei
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El programa económico de Javier Milei retoma rasgos centrales del Plan de Convertibilidad de los años 90 —disciplina fiscal, desregulación y ajuste acelerado—, aunque sin un tipo de cambio fijo y con una dinámica más veloz. A partir de ese paralelismo, el economista Carlos Pérez advirtió en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190) que el orden macro puede tener un costo alto si se apoya en salarios a la baja: “La reducción de los salarios baja la inflación pero termina generando falta de crecimiento”.

El economista argentino Carlos Pérez cuenta con trayectoria en análisis macroeconómico y en roles técnicos. Se desempeñó como vicepresidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires y, Gerente General y director del Banco Central de la República Argentina (BCRA). Actualmente, es Director Coordinador de la Fundación Capital.

¿Qué se ve de este proceso económico como repetición de aciertos y desaciertos de estos 40 años, casi podríamos decir 30 de la Fundación Capital más el tiempo anterior?

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Sí. Desde el regreso de la democracia podríamos establecer qué repeticiones encontrás. El filósofo y teólogo danés Søren Kierkegaard decía que el ser en sí es la repetición; que en la repetición se nos ve nuestra verdad, en aquello que repetimos. Y en la ciencia siempre se buscan los invariables: aquello que, más allá de los cambios continuos que siempre hay, mantiene algo constante.

¿Qué encontrás en Milei que pueda ser un signo de la argentinidad, o en la economía de Milei?

En los más de 40 años que tiene la Argentina, diría que es más el tiempo de retroceso que el tiempo de estabilización. No podemos hablar de un proceso de crecimiento sostenido en la economía argentina. En realidad, lo más que tuvimos en términos económicos fueron tres programas de estabilización.

Uno fue el famoso Plan Austral, en 1985. El otro fue el Plan de Convertibilidad, en 1991. Y después, el plan de Lavagna. Tanto el Plan Austral como el Plan Lavagna duraron menos. Lavagna, en realidad, se tuvo que ir y el plan empezó a virar hacia otros lados; el tema fiscal pasó a ser menos importante. Lo mismo le pasó al Plan Austral. Duraron menos. La convertibilidad duró bastante más: una década.

Y creo, en esto de los invariables que decías, que el presente gobierno y las actuales autoridades económicas tienen un parentesco muy notorio y muy marcado con lo que fue el Plan de Convertibilidad. Y sinceramente —esto es opinión personal—, creo que el plan de estabilización más exitoso, entre comillas, fue el de la convertibilidad. Vuelvo a insistir: no dio lugar a un proceso de crecimiento sostenido en la Argentina.

Tuvimos diez años. Si uno toma desde el primero de enero de 1992 —porque el año 1991 todavía tuvo inercia inflacionaria; en el 91 es cuando nace el Plan de Convertibilidad— hasta diciembre de 2001, estamos hablando de diez años. La inflación de la Argentina fue de un dígito anual, en torno al 5% o menos. Si miramos la historia argentina, es un logro muy fuerte.

La Argentina, incluida la formalización y la transformación del austral en pesos argentinos convertibles, entre 1969 y 1992 se comió trece ceros. La moneda argentina no tiene antecedente, tiene prontuario. Y si extendiésemos esos trece ceros a hoy, deberían ser dieciséis, porque claramente nos comimos tres ceros más. Lo formalicemos o no, recordemos que la relación era uno a uno. Con lo cual, ya nos comimos tres ceros más.

Entonces, hablar de diez años de estabilidad inflacionaria es muy importante. La convertibilidad hay que mirarla. Esta gente mira la convertibilidad, tiene la referencia en el gobierno de Carlos Menem.

Un modesto consejo sería este: mirar por qué la convertibilidad funcionó muy bien como estabilización, pero colapsó. Para que esto pueda ser más que una estabilización y se transforme en un proceso de crecimiento sostenido, hay que rescatar algunas cosas de la convertibilidad y descartar otras. Porque así como fue exitosa en la estabilización económica, colapsó. Y si colapsó, es porque tuvo problemas.

Yo rescataría el tema de las reservas. Para mí, el tema de las reservas es fundamental. Cavallo se hizo de reservas con una base monetaria chica, sin pasivos monetarios remunerados. Entonces, las reservas, en términos relativos respecto a la base monetaria, eran altas. Había una convertibilidad fuerte, en el sentido de que por cada peso que el Banco Central debía había un dólar que lo respaldaba. Eso era muy fuerte.

No solo estaba ese respaldo, sino que la misma Ley de Convertibilidad permitía la emisión monetaria solo contra sector externo, solo contra compra de dólares. No permitía la emisión monetaria para financiar al fisco ni para salvar a los bancos. Recordemos que la década del 80 fue bastante fuerte en términos de caída de bancos, con los famosos redescuentos para atender situaciones transitorias de liquidez que terminaban siendo un pagadiós.

Entonces, rescatar de la convertibilidad las reservas. Ahí fueron muchos años, décadas. No quiero ponderar a mi amigo y compañero de estudios Martín Redrado, pero está claro que la salida de él del Banco Central marcó un punto de inflexión. Dejamos de lado esto de que veníamos con un prontuario en materia de moneda y nos olvidamos. Dijimos: “Ya no tenemos problema”. Y la verdad es que empezamos a generar un problema enorme.

Esto se da desde 2010. Estamos hablando de más de diez años de uso y abuso de las reservas. Hoy aparece algo que antes no existía: uno preguntaba cuántas eran las reservas internacionales del Banco Central y te daban el dato. Hoy tenés reservas internacionales brutas, netas, de caja, líquidas. Y eso es producto de la escasez.

Es cierto que este gobierno tiene como norte la convertibilidad de los 90, lo que fue Menem —y pongo a Menem y no a Cavallo, porque confronta con algunas cosas de este gobierno—. Por un lado, se parece a los 90 en la búsqueda de emular un dólar bajo, el dólar como ancla cambiaria como plan antiinflacionario. Pero, al mismo tiempo, se parece al kirchnerismo post Redrado al frente del Banco Central en el desprecio por las reservas. El kirchnerismo se las consumía y este gobierno no las crea. Hay una mezcla: el ancla cambiaria lo une con los 90 y el desprecio por las reservas lo une con el final del kirchnerismo.

Yo creo que, como te decía, de la convertibilidad hay cosas para rescatar y cosas para descartar. Para rescatar, una sólida posición de reservas, que en lo que va de este año, empezamos a ver con un Banco Central activo.

Si uno repasa el año pasado, no recuerdo ningún año en que el Banco Central no haya comprado dólares en la gruesa, en abril, mayo, junio y julio. Cuatro meses en los cuales no compró dólares. Ahora soy cauto, pero optimista. En enero y los primeros días de febrero viene comprando a razón de 55 millones de dólares diarios. Espero que la elección del año pasado la haya capitalizado y que lo mantenga.

Ahora, hay que tener cuidado con lo que no funcionó. En la segunda mitad de la convertibilidad aumentó el desempleo, el crecimiento se frenó y la estabilidad macroeconómica no se tradujo en desarrollo.

Permitime una hipótesis de optimismo. El gobierno aprende de la elección de 2024, acumula reservas y logra una macroeconomía estable, con una inflación del 12% en 2027. Comparativamente, es un éxito.

La convertibilidad tuvo dos problemas. El primero fue que, aunque no financiaba al fisco con emisión monetaria, sí lo hacía con endeudamiento. Eso terminó en el default y en el colapso. El segundo problema tiene que ver con el empleo y el crecimiento, con el cóctel entre tipo de cambio real y productividad.

Si la productividad es alta, el tipo de cambio real importa menos. Si es baja, el costo argentino es alto y hay que mirar el tipo de cambio. En ese cóctel, la convertibilidad falló.

Dicho en lenguaje no económico: el ancla cambiaria controla la inflación, pero genera pérdida de competitividad, menor crecimiento, recesión y aumento del desempleo. Podés tener éxito macroeconómico y crear una sociedad que no te vote, porque no hay empleo. Ellos dicen que, como no tienen déficit, no necesitan emitir deuda.

Entonces, que la diferencia con Cavallo, con Menem y con Roque Fernández es que había déficit y que lo financiaban con endeudamiento. Ellos dicen: “Acá no tengo déficit fiscal, no necesito endeudarme, entonces no tengo ese problema”. Sin embargo, podes tener dos problemas. Uno es el tema fiscal, que ahí, así como nosotros decíamos que el gobierno debería estar mirando el ejemplo de cómo acumulaba reservas —un aspecto a destacar, un aspecto a rescatar de la convertibilidad—, en lo fiscal la verdad es que el gobierno está mucho mejor.

Está muchísimo mejor que la convertibilidad, porque en realidad no es que no emite moneda para financiar al fisco: no emite moneda ni emite deuda para financiar al fisco, porque tiene internalizado el equilibrio fiscal.

Pero en el otro tema, el que hace al crecimiento y al empleo —que es el tema final: la economía es para la gente—, ahí aparece el problema. Lo que quiero decir es qué pasó en el segundo lustro de los 90. Acordate que tuviste un fenómeno de superdólar, que Estados Unidos puede darse el lujo de tener. Ahora, un fenómeno de superpeso era más difícil en ese momento y tuviste el disparador de la devaluación en Brasil. Permitime esto: con el aprendizaje de los 90, acá hay un dólar que flota relativamente, por lo menos entre bandas. Entonces no hay riesgo de tener atada nuestra moneda a la sobrevaluación del dólar. Corrige sobre los 90 y también corrige sobre los 90 en que no emite, no necesitaría emitir deuda para financiar al fisco.

Esos dos problemas estarían resueltos. El que no parece resuelto es que la convertibilidad fue útil para eliminar la inflación, pero no fue útil para producir una sociedad —no digo de pleno empleo—, pero sí de alto empleo. Con los años se producía una pérdida de salario real. Este presidente, Milei, siempre pone como ejemplo que el salario real en dólares actualizado hoy, comparado con el del fin de la convertibilidad, es el triple del actual.

A la gente lo que le interesa es el salario para vivir en Argentina, no para vivir en Brasil o en otro lugar. Con lo cual, en realidad, tiene que mirar más el salario real que el salario en dólares. Lo que está claro —y vos lo estás planteando muy bien— es que el otro tema que la convertibilidad no resolvió bien y que la Argentina tiene que entender que fue un problema es el empleo, que, si querés, es la consecuencia.

Esto tiene que ver con un cóctel que es el nivel de tipo de cambio real combinado con la productividad. Ese cóctel sirve para bajar la inflación, pero no sirve para terminar creando empleo. Y con bajar la inflación hay que tener cuidado con las variables explicativas sanas y las variables explicativas que te están generando un problema.

Variables explicativas sanas son la política fiscal y la política monetaria. Esas son variables explicativas sanas para tener una inflación baja. Variables explicativas no sanas: el atraso cambiario, el ancla cambiaria —pan para hoy, hambre para mañana—, el atraso salarial —pan para hoy, hambre para mañana—.

Entonces, tenemos que tener bien en claro que las variables explicativas de una inflación baja tienen que ir por el lado de la política monetaria y la política fiscal, obviamente con una economía abierta y con una cancha nivelada. Porque si tengo una cancha desnivelada a favor de los productores locales no es bueno, pero si la tengo desnivelada a favor de la importación tampoco es bueno.

El tema productividad y el tema del costo argentino son importantes, y ese es un proceso que se va a ir dando. Vas a tener una reforma laboral ahora, pero seguramente va a ser un proceso iterativo. Vas a tener varias reformas laborales. Vas a tener, en algún momento, la reforma impositiva, que también va a ser un proceso iterativo. Vas a tener una reforma financiera que también va a ser un proceso iterativo. ¿A qué me refiero? Vas a seguir bajando la presión impositiva, los costos laborales extrasalariales, los costos financieros, los costos de logística.

Entonces, el cóctel que tengas de productividad y nivel de tipo de cambio real es muy importante para el manejo de la transición y para lograr el gran desafío que vos planteaste, que es crecer. Si uno mira el año que pasó, el 2025, el 4% de crecimiento real de la economía está casi todo explicado por el arrastre estadístico que dejó el 2024. La economía cayó mucho en el primer semestre de 2024, rebotó bastante fuerte en el segundo semestre y ese rebote se extendió hasta enero y febrero de 2025. A partir de ahí se estancó. Con lo cual, el crecimiento del 4% es arrastre estadístico. En realidad, desde febrero de 2025 hasta hoy, hace un año, la economía está estancada.

Tenés un gran desafío, que es el crecimiento económico. La Argentina tiene un ratio muy bajo de exportaciones e importaciones sobre el producto interno y también bajo en materia de inversión. La variable que tracciona la Argentina es el consumo. Y el consumo es P por Q: precio, salario, cantidad, empleo. Hoy el salario nominal evoluciona por debajo de la inflación, el empleo se deteriora en calidad y aparece el tema del crédito.

La irregularidad en las carteras de consumo y de las familias aumentó muchísimo. En noviembre de 2025, el último dato disponible, la irregularidad en los préstamos a las familias era del 8,8%, cuando un año atrás había sido 2,5%.

Con la salida de la convertibilidad, cuando explota la convertibilidad, la narrativa de época era que un poco de inflación no es mala. En la idea de Néstor Kirchner eran paritarias por arriba de la inflación, lo que generaba más inflación. Exactamente lo opuesto a lo que hace este gobierno, que utiliza salarios por debajo de la inflación para bajar la inflación. Uno aumentaba salarios por arriba de la inflación y creaba más inflación; el otro aumenta salarios por debajo de la inflación para crear menos inflación.

Para mí, esto tiene que ir muy ligado a la productividad. Argentina tiene un desafío de reforma estructural en términos de productividad económica. Siempre nos vamos de un extremo al otro, es el típico ejemplo argentino. Yo miraría mucho la convertibilidad porque fue lo menos malo, o lo mejorcito que tuvimos en los últimos 40 años. Lo que le faltó fue aceptar, como pasó en Brasil, que en lugar de tener un año con 5% de inflación se tenga uno con 12%, corregir la tasa cambiaria y después volver a una inflación más baja.

Lo que queda como invariable en la Argentina es la falta de moderación. Salarios por arriba de la inflación para crear más inflación, salarios por debajo para bajarla, quemar reservas o acumularlas. Sea lo que fuere, siempre vamos a los extremos. Subir salarios sirve un tiempo, mientras tenés la soja. Bajar salarios para controlar la inflación puede servir uno o dos años, pero no puede ser permanente. Ninguna herramienta puede serlo.

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Yo me atrevería a sugerir que la clave sea la moderación y la alternancia. Milei sorprende gratamente en el tema fiscal, muy gratamente. Pero eso no debería ser un activo de Milei, debería ser un activo de la Argentina. Hoy es presidente Milei, mañana será otro. La Argentina debería tener algunas cuestiones que no se discutan: moderación y alternancia. Van juntas, porque cuando tirás el péndulo hacia un lado, la misma fuerza es la que lo lleva hacia el otro. Probablemente la moderación permita una alternancia con un péndulo soportable.

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