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MODO FONTEVECCHIA
EL ESPEJO DE 2001

Ramón Puerta y el armado electoral: "Un peronista con un 'gorila' en la fórmula da tranquilidad"

El dirigente misionero sostiene que la salida a la crisis actual exige recuperar la esencia del peronismo tradicional y amalgamar la experiencia de los veteranos con el ímpetu juvenil para reconstruir la gobernabilidad nacional.

Ramón Puerta
Ramón Puerta | NA

El escenario político actual presenta una alarmante carencia de instituciones sólidas y una fragmentación partidaria que distingue este proceso de la crisis social y económica vivida en el 2001. Ante este panorama, en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), el expresidente Ramón Puerta aboga por recuperar el filtrado democrático de los partidos y construir frentes que integren diversas visiones, asegurando que "un peronista con un 'gorila' en la fórmula da tranquilidad" para garantizar la paz social.

El político, ingeniero civil y empresario yerbatero, Ramón Puerta, ocupó la presidencia de la Nación de manera interina durante la crisis de diciembre de 2001. Su breve mandato de apenas 48 horas se produjo en su carácter de presidente provisional del Senado, tras la renuncia de Fernando de la Rúa y ante la inexistencia de un vicepresidente, cumpliendo con la Ley de Acefalía hasta la designación de Adolfo Rodríguez Saá por la Asamblea Legislativa. Además de ello, consolidó su poder político en la provincia de Misiones, donde fue gobernador durante dos periodos consecutivos entre 1991 y 1999. Mantuvo una alianza con Mauricio Macri, quien lo designó embajador argentino en España entre 2016 y 2019, y actualmente integra el espacio Encuentro Republicano Federal.

Recientemente dijiste que la crisis actual es peor que la del 2001 en términos económicos y sociales, porque entonces no había inflación, las instituciones funcionaban y tus credenciales te permiten hablar de esa comparación mejor que nadie. Me gustaría que compartieras esa mirada con nuestra audiencia.

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Sí. Lo que mencionaste recién, el punto institucional, es muy importante.

En la crisis del 2001 existían partidos políticos que funcionaban. Había tres fuerzas políticas muy claras: el radicalismo, que era un frente; el peronismo, que éramos la oposición; y también una tercera fuerza. Ahora, esas dos fuerzas mayoritarias daban gobernabilidad en el Parlamento.

Yo fui presidente del Senado porque, ante la ausencia de vicepresidente —a De la Rúa lo dejaron solo a los ocho meses de gobierno—, asumí como presidente. Pero ese cargo de presidente del Senado llegaba por primera vez por voto directo de los senadores. Luego, en el cuerpo, había que elegir quién conducía. Teníamos clara mayoría y decían que había toda una tradición de darle la presidencia del Senado al que presidía la República.

Eso no era cierto. Tanto a Yrigoyen como a otros presidentes les tocó tener presidentes del Senado de otro color político. En Uruguay pasaba y en Estados Unidos también.

Yo asumí con un compromiso claro. Me reuní con De la Rúa y le dije: “Mire, usted no va a tener problemas con alguien que venga a quedarse con su cargo. Simplemente quiero hacer valer el voto de la ciudadanía y una democracia que debe funcionar con oficialismo y oposición. Ahora, nosotros somos mayoría. Usted diga qué leyes necesita y se las vamos a votar, pero dígale al país qué ley necesita, para que si tiene un costo social lo pague usted y, si tiene un éxito, lo coseche usted”.

Bueno, en eso nos quedamos. Lamentablemente duró 20 días y vino la crisis del 19 y 20 de diciembre.

Ahí, ¿qué pasó? ¿Por qué comparo con lo que sucede hoy? Con dos llamados telefónicos yo supe perfectamente cuántos votos teníamos en la Asamblea Legislativa para alcanzar la mitad más uno. Porque, si hay vacío de poder, la Ley de Acefalía decía que en 48 horas debía reunirse la Asamblea Legislativa y elegir a alguien. Si había vacío de poder, entraba el Poder Judicial, la Corte, a poner un presidente.

Nada de eso fue necesario. Funcionaron todas las instituciones: la independencia de los tres poderes, el funcionamiento de los partidos políticos, la Asamblea. Y a la semana, tras la renuncia inesperada de Adolfo Rodríguez Saá, nuevamente funcionaron las instituciones.

Hoy veo que estamos sin partidos políticos. Los partidos están intervenidos o dormidos. Y hay una sociedad que odia la política porque se le han cargado todos los males a la política, cuando en realidad el gran problema argentino es la corrupción. Corrupción que generalmente emana de quien detenta el poder, que no siempre es un político. Pueden ser personas traídas desde fuera de la política.

También detentan poder empresarios contratistas del Estado —no todos, pero muchos— que alimentan ese esquema; muchos periodistas que están pautados o ensobrados, como se dice ahora. Todos los sectores tienen gente que forma parte de este sistema de corrupción y hay que desterrarlo.

En 2001 el modelo corrupto era de mucho menor​ envergadura que el que fuimos creando en la Argentina con el kirchnerismo. Y quienes hoy están gobernando no han desterrado ese modelo de corrupción.

Los partidos están destruidos. ¿Qué democracia hay en el mundo sin partidos? Hubo la Unión Soviética, que creía que con un partido alcanzaba. No es así. Necesitás por lo menos dos, como en Estados Unidos.

Algo así como el resurgimiento de los partidos.

Fundamental, porque la política sirve dentro de la institución partidaria y con reglas de juego.

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Mirá, yo vivo en un pueblo chico, Apóstoles. Cuando se hacía la lista, tanto en el radicalismo, en el comité, como en el peronismo, en la unidad básica, estaban las autoridades reunidas armando la lista de concejales y decían: “No, a ese no lo pongas, le estafó al vecino. Buscá a aquel joven que tiene muchas ganas de trabajar”.

El primer filtro ya se daba en el partido. Luego venían las instancias provinciales y por último las nacionales.

Hoy un mandamás te hace la lista de arriba abajo sin escuchar miles de opiniones, porque hay 5.000 municipios y 24 provincias.

Entonces hoy todos preguntan: “¿Quién va a ser el candidato de la oposición?”. Pará. Primero hay que tener un partido de oposición. Hay que tener propuestas para salir adelante de esto y hay que revalorizar la política al servicio de la democracia y de las instituciones.

¿Y vos ves que lo que sucedió en el acto de Parque Norte el 1° de mayo, que juntó a 4.000 personas, es un indicio de fortalecimiento del partido?

A mí me gustó, pero no es el único ejemplo. El mismo día nosotros estuvimos acá, muy cerca, en Gastronómicos Capital. Seríamos mil dirigentes reunidos con motivo del 1° de mayo y ahí se sentó gente a hablar de los mismos problemas que se habían discutido un rato antes en Parque Norte. Y es el peronismo.

El peronismo que está intrusado, porque el kirchnerismo —a quien yo respeto— en sus primeros años sacó los cuadros de Perón y de Eva, levantaban los cuadros de Chávez, Fidel Castro, Venezuela y Cuba. Pero luego, cuando empezaron a tener problemas, reivindicaron el PJ y hoy tenemos el PJ en muchas provincias en manos ajenas.

Entonces, cada uno en su casa. Nada de tener intrusos. Hay que recuperar el funcionamiento partidario.

¿El kirchnerismo intrusó al peronismo?

Sí. Llega Duhalde, pone a Néstor. Néstor gana las elecciones y empieza a considerar el éxito de haber flexibilizado el uno a uno. Carlos Menem, un pícaro, sabía que tenía que flexibilizar. Cuando vio que no había reelección, dijo: “No, dejemos el problema al que viene”. Y así fue.

Entonces Duhalde tomó un par de decisiones que permitieron recuperar la competitividad de la Argentina. Esos éxitos los terminó cosechando el gobierno que vino, el de Néstor, porque Duhalde también se va un tiempo antes de cumplir los dos años. Lamentablemente ahí hubo un idilio con ideas que ya estaban perimidas en el mundo: Cuba, Venezuela, gobiernos con economías estatistas. Ya fracasaron.

Si hay algo en el mundo que ya no se discute más es el modelo económico. Hay uno solo. China tiene al Partido Comunista Chino, sí, pero una economía capitalista, liberal y privatizadora, lo mismo que tienen los países a los que les va bien. Ahora, después vienen las políticas sociales.

Yo no quiero una economía exitosa que condene a millones de ciudadanos a la pobreza. Quiero que las políticas sociales tengan los recursos necesarios para apoyar al trabajador y al productor.

Haces una comparación con el 2001 y decís que había instituciones. Y que la situación económica hoy es peor porque en aquel momento había una salida de la convertibilidad. ¿Cuál es la salida? Porque vos decís que el gobierno que continuó cosechó los beneficios de la salida.

Por eso hay que tener un espacio político. Nosotros, los peronistas, tenemos que reconstruir ese espacio, incorporar en el área económica valores que hoy no tenemos y decirle al país qué vamos a hacer.

Porque todos preguntan quién va a ser el candidato. Y yo digo: “Pará. Decime primero qué vamos a hacer para salir de esta situación”. Hoy tenemos un modelo espantoso. Es muy parecido al de Martínez de Hoz. Cuando el dólar baja, ayuda a que la inflación baje, pero mata la economía. Tenés que saber hacer las dos cosas.

Hoy el problema no es el dólar que no sube. Sí, el dólar no sube, pero no podemos exportar y entra todo.

Yo vivo a 40 kilómetros de Brasil y a 30 de Paraguay. Veo las luces de un lado y del otro. Buenos Aires me queda lejos. Vengo en auto desde Apóstoles hasta acá: 900 kilómetros. Solo cruzo camiones brasileños y paraguayos.

Está muerta la economía argentina. Gracias a Dios está lo de Neuquén y toda esa zona. La carne tiene valor, pero el resto de la actividad se está desplomando. Si no encontramos rápidamente una salida que, además de frenar la inflación, genere actividad económica, vamos a tener un problema enorme.

Yo quiero equilibrio fiscal con justicia social, porque el equilibrio fiscal haciéndole pagar a millones de argentinos el beneficio para unos pocos no tiene sentido.

Si vos decís que cuando Menem vio que no podía ser reelecto dijo: “Bueno, dejémosle el problema al que viene”, entonces vino De la Rúa proponiendo mantener la convertibilidad. Cuando Duhalde planteaba que había que salir de ella, perdió Duhalde y ganó De la Rúa. Imaginemos, aunque la historia nunca se repite pero dicen que rima, un escenario en 2027 donde otra vez haya tercios: uno que diga “continuemos con lo que está”, representado por Milei; otro que plantee un cambio económico de 180 grados, quizá el peronismo kirchnerista; y otro, un sector de centro o una alianza que trascienda varios partidos, que plantee mantener el rumbo pero hacer correcciones sociales. ¿No correría ese último sector el mismo problema de De la Rúa, es decir, mantener lo que en el fondo es el desastre?

Hay una palabra graciosa de los gorilas: “Un peronista con un gorila lleva tranquilidad”. Cuando fue la fórmula peronista pura, Lúder-Bittel, perdimos con Alfonsín.

Después, con una fórmula donde Menem incorpora sectores de la UCeDé y sectores que no eran peronistas, llevás respuesta a problemas que había que resolver.

Lo que Menem resolvió fue que habíamos heredado la hiperinflación.

Por eso me gustó lo de Parque Norte, como me gustó lo que hicimos en Gastronómicos, como lo que venimos haciendo desde Encuentro Republicano Federal y la agrupación Leopoldo Marechal. Hay distintos sectores que deben confluir para dar un peronismo del tercer milenio: democrático, republicano, federal y frentista.

Mirá, en Misiones, en el año 83, estábamos muy soberbios, creíamos que íbamos a ganar, hicimos una fórmula peronista pura y perdimos. En el 87 el radicalismo creyó que venía por cien años, armamos un frente peronista y ganamos. Y pudimos dar respuestas. En la década del 90 se resolvieron muchos problemas. Pero Menem, como dijiste vos, ya en el 98 sabía que tenía que flexibilizar.

El día que Fernando Henrique Cardoso devaluó en Brasil, el 1° de enero, el día 2 yo lo llamo. Yo en la interna jugué para Cafiero, pero Menem fue grande porque aceptó a propios y extraños. Entonces yo tenía la confianza para decirle: “Presidente, nuestros vecinos devaluaron. Ahora tenemos que hacerlo nosotros”.

Y él me respondió: “Ramoncito, ya hicimos tanto, que lo haga el que viene”. Había que hacerlo y no lo hizo. De la Rúa ganó con esa propuesta, pero el país se salvó gracias a que hubo otra alternativa.

¿Y qué tendría que hacer hoy un peronismo frentista, donde haya un peronista junto con alguien que represente, si querés, este rumbo económico?

Este rumbo económico tiene cosas correctas. Lo que dijo Milei era correcto. El problema es que no está haciendo lo que dijo. Las autopistas: después de tres años recién se adjudicó una, la del Mercosur, y sin peaje. Cuando el mundo sabe que las rutas funcionan con peaje y nosotros ya teníamos peajes.

Entonces hay ineficiencia, porque todo el día se critica a la política, a la política, a la política… pero hay que hacer las cosas. ¿Qué se privatizó? ¿Qué ajuste se hizo sin destruir la actividad económica?

Yo voté a Milei para que no siguiera lo que teníamos, que era un desastre. Pero Milei no está haciendo lo que se votó. Y eso es porque le está faltando política.

¿Qué tendría que ser distinto en economía?

En economía ya mencioné varias cosas. No encapricharse con que el dólar valga menos y decir que porque bajaste la inflación al 30% ya conseguiste el objetivo. Hay un gran objetivo que Milei consiguió. Veníamos de una inflación altísima. Bajó el riesgo país, pero sigue arriba de 500, que es alto. Todas estas cosas tienen solución, porque cuando estás atrasado hay una ventaja: alguien va adelante. Copiale al que le va bien.

¿Por qué voy a mirar al que le va mal cuando hay gente a la que le va bien?

Te voy a hacer la misma pregunta que le hice a otro entrevistado hoy, que también venía de un sector afín. ¿Quién te gustaría que representara esa candidatura de ese peronismo frentista?

Lo primero que les estoy diciendo a los compañeros es que no salgamos con un candidato. Porque donde salís con un candidato, hay otros cuatro o cinco que también quieren ser y trabajan en contra.

¿Quiénes son esos cuatro o cinco?

Es una condición argentina. Vos juntás dos argentinos y hay tres posiciones.

Entonces, cuando empiece a mencionar nombres, voy a dejar afuera a alguno que también quiere ser. Por eso no lo hago. Hay varios precandidatos y yo viví la historia cuando Cafiero tuvo la grandeza de convocarnos a todos: a Menem, a Grosso, a De la Sota… Yo venía por Misiones.

Bueno, ¿qué pasó? Creíamos que ganaba Cafiero y ganó Menem la interna.

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Tenemos que hacer el mismo planteo desde el peronismo.

¿Te parece que debería ser una persona con experiencia en la administración pública? ¿Un gobernador?

Muy buena tu pregunta. No hace falta que sea gobernador, pero sí que tenga experiencia. Si es gobernador tiene la ventaja de estar hoy en el frente de batalla.

La experiencia es fundamental. Por eso hay que darle manija a los jóvenes, pero del brazo de la experiencia.

A los jóvenes los están largando en pelota, sin el apoyo de quienes ya vivieron ciertas cosas para decirles: “Hermano, ese camino yo ya lo transité y salió mal. Este otro salió bien”.

El joven lo va a hacer mejor que yo, pero hay que escuchar la experiencia.

La democracia nace en el Consejo de Ancianos. Entonces, este tema de tirar toda experiencia y todo conocimiento por la borda es muy malo.

MV