“El plan Caputo es un episodio más de populismo macroeconómico”, afirmó Sergio Chouza, y sostuvo que el Gobierno “compra tiempo a corto plazo comprometiendo la posición de equilibrio de mediano y largo”. En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), el economista advirtió que el ancla cambiaria “agudiza el deterioro del sector externo”, que el déficit de cuenta corriente ronda “entre un punto y medio y dos puntos del PBI” y que el programa entra en “un laberinto” donde la política monetaria restrictiva termina “estrangulando la economía”.
Sergio Chouza es economista, docente, analista, es el director de la consultora Sanandí, donde realiza análisis de coyuntura macroeconómica. También se desempeña como profesor universitario en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad Nacional de Avellaneda.
La gran pregunta aquí, que se vincula directamente con el tema de las reservas, es: ¿hasta qué punto resulta útil un dólar tan barato? ¿Un dólar de 1300 y pico termina siendo una ventaja o una desventaja para el Gobierno, considerando sus otras consecuencias? Tiene un efecto antiinflacionario, pero tiene un efecto destructivo del empleo, la industria, la competencia nacional.
En general, en la mayoría de los planes de estabilización, saliendo de regímenes de inflación alta o incluso episodios hiperinflacionarios, han habido ventanas de tiempo en los cuales, se ha utilizado a la paridad cambiaria como una de las anclas nominales del programa. Ahí siempre la clave es una cuestión de graduación y de temporalidad. Por qué período de tiempo se hace ese proceso hasta que empezás a liberar y a normalizar. Este programa ya lleva más de 2 años con el objetivo de anclar al dólar como una de las estrategias antiinflacionarias.
Hoy una de las principales, sobre todo el segmento de bienes transables de la economía, principalmente los alimentos, los que más influyen sobre la canasta del consumo de la población y las dudas ahí siempre sobrevienen por el lado de la sostenibilidad de estos esquemas, porque obviamente las consecuencias de esto, son la agudización del deterioro de los equilibrios del sector externo, porque el déficit de cuenta corriente se te agudiza. El año pasado cerró en el orden de entre un punto y medio y dos puntos del PBI. Lo vamos a conocer ahora, en el mes de marzo, el dato.
Y es todo cuando estás en una economía que no tiene acceso pleno al financiamiento de ese déficit de cuenta corriente, puede ser ver complejo. Por eso todas las martingalas financieras que cada cuatro meses nos tiene acostumbrados esta gestión económica para construir puentes de corto plazo y patear el problema para adelante. Así que es un episodio más de populismo también en la gestión macroeconómica. Comprar tiempo a corto plazo, eh, comprometiendo la posición de equilibrio de mediano y de largo plazo.
¿Cuánto se puede invertir una cosa y la otra? O sea, ¿hasta qué punto, desde el punto de vista incluso electoral del gobierno populista, tener medio punto menos de inflación y dos puntos menos de crecimiento, o seis puntos menos de consumo, termina invirtiendo el orden de qué es lo principal y qué es lo accesorio?
Sí, sumado a que, en determinado umbral, hay un agotamiento del uso de esa estrategia como principal ancla nominal del programa. Lo estamos viendo en la actualidad. Milton Friedman decía que la inflación es, en todo lugar y momento, un fenómeno monetario, pero eso en el largo plazo. En el corto plazo también juegan otros componentes y, hoy estamos viendo una inercia muy importante dada la estructura indexada de los contratos de nuestra economía.
Eso le pone rigidez a la baja del índice. Una inflación en la zona de entre el 2 y medio y el 3% está muy desacoplada de los parámetros internacionales. Es parecida a la inflación permanente que tuvieron otros regímenes políticos sin resignar tanto los niveles de actividad y de empleo. No está garantizado el éxito del programa de desinflación solamente con la herramienta monetaria y cambiaria sin atender el resto de factores.
Y después, también siempre se pone en consideración la variable socioeconómica vinculada a los efectos reales de este tipo de programas. Es un reloj de arena dado vuelta y en algún momento te empieza a hackear la sostenibilidad política del programa. Lo estamos viendo con la preocupación creciente justamente por los despidos, por una actividad económica que no termina de recuperar, un consumo masivo que sigue famélico, y ahí entra en cierto laberinto el programa. Para comprar reservas y de esa forma poder honrar la deuda, necesitás una política monetaria muy restrictiva. Sin la política monetaria restrictiva, el ancla cambiaria, no funcionaría y ahí entra a girar en falso.
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Roberto Lavagna, el ex ministro de Economía, decía que este plan puede durar todo el tiempo en que Estados Unidos esté dispuesto a darle dólares a la Argentina para que dure. La convertibilidad duró 10 años. Cavallo recientemente decía que había que hacer una especie de neoconvertibilidad, pero la convertibilidad dejó de durar en el momento en que el Fondo Monetario decidió no mandarle más dinero, en el año 2001, a la Argentina, después de haber aumentado crónicamente su deuda y tener estos déficit de cuenta corriente que mencionábamos, pero tenía déficit fiscal. El actual gobierno no tiene déficit fiscal, sí tiene déficit de cuenta corriente.
¿Se podría decir que mientras haya quien financie ese déficit de cuenta corriente el plan puede durar todo el tiempo del mundo, o por el contrario es la sociedad la que se enoja porque finalmente su calidad de vida empeora, aunque la macroeconomía pudiera ser sustentable?
Yo creo que es un activo político importante que tiene el gobierno. Por el hecho de que, en ese período crítico, en esa ventana previa a las elecciones, fue efectivamente un game changer. Fue algo muy novedoso que no estaba en el conjunto de posibilidades del mercado. Ahora, no deja de ser un activo político con toda la volatilidad que eso tiene, en un mundo además donde las verdades y la permanencia de lo político siempre es muy endeble.
De hecho, estamos a algunos meses de las elecciones de Estados Unidos, donde un mal resultado para los republicanos, bueno, empieza a poner en jaque también la sostenibilidad política de ese esquema. Es más endeble que un préstamo de mercado que si vos tuvieras acceso pleno a financiar tu déficit de cuenta corriente, como ocurría en los 90, donde vos tenías un mercado de capitales con excedentes de liquidez en todo el mundo que justamente iban a buscar activos más riesgosos de los países de frontera, de los países emergentes, y entonces la solución, la salida de ese laberinto, te la daba el financiamiento en condiciones de mercado.
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Esto es un préstamo ni siquiera gobierno a gobierno, es un salvataje, presidente a presidente, ni siquiera es Estado a Estado. Entonces yo creo que es más inestable y, de nuevo, muy de corto plazo. No me parece un dato menor que haya salido rápidamente, haya cerrado la posición, dos meses después de abrirla. No quedaron dólares en el Tesoro de los Estados Unidos invertidos en activos argentinos, rápidamente realizó la ganancia y, cerró la posición. Así que no lo veo como un equilibrio permanente a la hora de financiar un déficit de cuenta corriente. Si vos no tenés acceso pleno al mercado, todavía las condiciones son restrictivas para nuestro país. Estamos lejos de volver a poder salir a refinanciar la deuda en dólares que vence una vez por semestre.
1,5% del Producto Bruto fue el equivalente del déficit de cuenta corriente en 2025. ¿Cuál es tu pronóstico de qué será en 2026?
Tenés dos efectos para este año que van en contraposición, uno es el precio y otro es el efecto de las cantidades. El efecto precio juega después de la agudización de esos desequilibrios externos. Justamente tenemos un primer bimestre del año en el cual la paridad cambiaria se atrasó en términos reales, en relación a la inflación argentina y el resto del mundo, alrededor de un 12%. Es mucho en solamente dos meses. La contracara, es otra forma de entenderlo, menos técnica, es que tuvimos inflación en dólares del 12% en solamente dos meses. Una cosa muy llamativa.
Paridad cambiaria nominales yendo a la baja, con inflación yendo al alza. Diría, solamente en Argentina pasa esto. Pero el efecto precio va en contraposición al efecto cantidades porque es posible que haya menos demanda por importaciones porque justamente la actividad productiva está en un momento de estrangulada, como decía el presidente del Banco Macro. Lo vimos el último mes, el flujo de importaciones de bienes, solamente de mercancías, cayó un 10%. Fue la primera caída en 1 año y 4 meses, y bueno, ese número crecía al 35% en el primer semestre del año pasado.
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Entonces, eso te muestra el estrangulamiento de la actividad productiva, por ende, menos demanda de piezas, partes, maquinarias, equipos. todo lo que hace al ciclo de actividad productiva interna. Entonces, el efecto de esos dos componentes, precios versus cantidades, yo no lo sé. Creo que se puede mantener más o menos en parámetros del año pasado, entre un punto y medio y dos puntos de déficit de dólares en relación al PIB.
Y la pregunta que persiste: ¿cómo lo va a financiar el gobierno? Porque, de nuevo, este año, yo creo que ya está resignado el ministro de Economía de que no va a volver a los mercados de forma plena. Por eso empezó a construir una narrativa de que quiere reducir los niveles de dependencia respecto de Wall Street. Ese viene siendo un poco el discurso oficial. Yo creo que lo que es más cara es que no hay dólares financieros para Argentina por parte del mercado.
¿Y tu pronóstico es que dura? ¿Llega a 2027?
Creo que sí. Digo, justamente por el efecto de esa última ratio del salvataje de los Estados Unidos que, aunque quede pato rengo con un mal resultado Donald Trump en las elecciones, excede su mandato a la presidencia misma de Javier Milei. Y, más allá de los riesgos de sostenibilidad, hay que reconocerlo, el sistema financiero tiene buenos niveles de liquidez. Todavía no han tomado decisiones de producir un descalce de monedas. La inflación es alta para los parámetros internacionales, pero para nuestra cultura inflacionaria es, diría, normal. No veo un riesgo de que esto explote por los aires de un día para el otro. Sí, de nuevo, la insostenibilidad del esquema a mediano y largo plazo y, además, los resultados socioeconómicos que van a seguir siendo muy magros.