sábado 18 de septiembre de 2021
OPINIóN desarrollo
29-08-2021 00:20

3 X BIO

29-08-2021 00:20

“Un poco de ciencia aleja de Dios, pero mucha ciencia devuelve a Él”, dijo Louis Pasteur, padre de la microbiología moderna. Tomates que crecen en el desierto, cultivos que no necesitan fertilizantes y son resistentes a las sequías, microorganismos capaces de descontaminar el agua o el aire. Innovaciones que hasta hace poco tiempo parecían milagros o ciencia ficción ya ocurren en muchas partes el mundo, algunas de ellas incluso en la Argentina.

La biotecnología ofrece un enorme potencial para el desarrollo sustentable, la producción de alimentos y la lucha contra el hambre. Existen también progresos vinculados al sector de la salud que van desde la vacuna con ARN mensajero y los test para detectar covid hasta tratamientos contra el cáncer. El uso de encimas y probióticos generados en laboratorios se expande incluso en productos para el hogar.

El crecimiento poblacional exigirá alimentar a 9.000 millones de personas en 2050. No será posible satisfacer esta demanda sin el aporte de la biotecnología, que permite un incremento de hasta 50% en la productividad por hectárea de cultivos como maíz, soja, girasol y trigo.

En nuestro país, existen más de 200 empresas de biotecnología, de las cuales el 70% son pymes. Apenas otros 15 países del mundo tienen mayor cantidad de firmas productoras de insumos biotecnológicos. Se trata de un punto de partida inmejorable para avanzar en una etapa de aceleración que permita triplicar la cantidad de empresas e incrementar la producción, el empleo y las exportaciones del sector.

Con este objetivo, el Consejo Económico y Social (CES) realizó hace pocos días el “Foro 3xBIO”. Allí los principales actores nacionales e invitados internacionales entablaron un diálogo público-privado para sistematizar incentivos, regulaciones y alinear esfuerzos entre el Estado Nacional, las provincias y las empresas del sector.

Se analizaron las perspectivas globales y la relación entre biotecnología y cambio climático, en especial las nuevas técnicas para la descarbonización de los procesos productivos. Además, jóvenes bioemprendedores continuaron el ciclo iniciado con la maratón de co-creación que reunió en junio en el CES a decenas de estudiantes y graduados en biotecnología, y permitió identificar prioridades, iniciativas creativas con alto impacto y necesidades de capacitación en bioinformática, biología sintética y genética aplicada.

A partir de la conformación de la mesa plural de trabajo en biotecnología, el CES impulsará una hoja de ruta para avanzar en materia regulatoria y apuntalar la formación de nuevas habilidades. La conformación de bienes públicos, un diagnóstico de iniciativas privadas en curso, un mapeo de nuevos productos que fortalezcan las cadenas de valor, la incorporación de buenas prácticas internacionales, y una estrategia de formación de capacidades son algunos de los ejes de esta agenda. El último aspecto es fundamental: necesitamos más talento joven que, siguiendo altos estándares en bioética, contribuya a la seguridad alimentaria regional y global y preserve el cuidado ambiental.

Tenemos la experiencia necesaria como para ser actores de peso en la producción de alimentos saludables para el mundo. Existen desarrollos como la vacuna contra la aftosa que nos posicionan como líderes globales de segmentos relevantes de biotecnología. Contamos con una tradición reconocida en la producción de alimentos de alta calidad y valor agregado, con una marca distinguida internacionalmente.

Innovaciones que hasta hace poco parecían milagros, ocurren incluso en Argentina

La inversión en I+D+I en el sector es una de las más elevadas de América Latina. Contamos en el país con 86 centros de investigación en biociencias y más de 3.000 investigadores. La Ley 26.270, de “Promoción del Desarrollo y Producción de la Biotecnología Moderna” brinda una referencia regulatoria que resulta necesario actualizar para potenciar el camino. Con todo esto a favor, precisamos consolidar un ecosistema federal integrado y fortalecer las cadenas de valor entre proveedores de servicios biotecnológicos.

Con esta tarea por delante, el Foro 3xBIO permitió compartir experiencias dignas de imitar. Por caso, la provincia de Córdoba, cuenta con un semillero de proyectos en marcha y trabaja desde el Ministerio de Ciencia y Tecnología provincial junto a una nueva generación de empresas y startups biotecnológicas para transformar el conocimiento científico en bienes y servicios innovadores. Santa Fe, en tanto, implementó SF500, un fondo de inversión para emprendimientos que generen productos de exportación con alto contenido tecnológico.

La creación de Bioceres, una de las firmas impulsoras de SF500, dejó también varias enseñanzas. Su fundación en plena debacle de 2001 invita a mirar con optimismo las oportunidades que surgen tras una crisis profunda. Su origen santafecino da cuenta de las condiciones de nuestras economías regionales cuando promovemos una mirada federal del desarrollo productivo. Sus primeros pasos fueron consecuencia de estrategias de articulación público-privada, de la mano del CONICET y del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), con quienes estableció sus primeros contratos.

La comunidad científica argentina tiene mucho para aportar y decir sobre biotecnología

Al mismo tiempo, así como la biotecnología es una de las tecnologías más disruptivas, también plantea interrogantes y desafíos éticos que no pueden ignorarse. Los procesos de edición o modificación genética necesitan seguir procedimientos estrictos de auditoría y control, y llevarse a cabo con la máxima rigurosidad y responsabilidad. La bioética debe ser un mantra que acompañe a cada paso el crecimiento de un sector donde la regulación es inevitable, también para evitar la formación de monopolios, y donde el sector privado y el Estado resultan socios naturales.

Hace menos de veinte años, secuenciar por primera vez el genoma humano costó 2.700 millones de dólares. En la actualidad, cuesta menos de 600 dólares. El abaratamiento exponencial de la biotecnología brinda oportunidades de acceso a más actores, fomenta la competencia y la participación.  Pero fundamentos de ética y responsabilidad civil necesitan incorporarse a las carreras de ciencias biotécnicas para mitigar riesgos sobre daños irreparables para la salud humana y ambiental de la manipulación indebida de secuencias genómicas.

El impulso a una Agencia de Regulación del sector que articule a todos los actores estatales involucrados, el puente más intenso entre el sistema científico tecnológico y la comunidad de emprendedores, la coordinación a nivel Mercosur de los aspectos regulatorios, la conciencia de las profundas implicancias geopolíticas que tienen muchos debates en el sector  y la promoción de una “vocación biotecnológica con ética” en todas sus facetas educativas, son los hitos a poner en marcha de modo cooperativo.

En un libro apasionante, “El Código de la Vida”, se relata la vida de la Premio Nobel de Química 2020, Jennifer Doudna, descubridora de la técnica de edición genética CRISPR/CAS9, quien fue perseguida durante mucho tiempo en sus pesadillas por la imagen de Hitler queriendo ingresar a su laboratorio. Doudna, junto a sus equipos de investigación, también tuvo un rol clave para el hallazgo de vacunas contra el Covid 19. En esta metáfora bipolar, están resumidos los riesgos y las oportunidades de la biotecnología. Primero fue el descubrimiento del átomo, luego del bit, luego del gen. Ingresamos a paso acelerado en un terreno donde se juega el futuro de la especie humana. Y la comunidad científica, estatal y productiva Argentina tiene mucho para aportar y decir.

*Presidente del Consejo Económico y Social. Secretario de Asuntos Estratégicos.