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OPINIóN / FIN DE AÑO
sábado 8 diciembre, 2018

A Macri le vendría bien un #DeseoDiciembreEnPaz generalizado

Me llamó la atención encontrarme, en mi última visita a Córdoba, con una campaña de comunicación cuyo mensaje es “Deseo un diciembre en paz”. Un lema sencillo, que parecería de sentido común en cualquier lugar del mundo, pero que en Argentina es una rareza.

por Eduardo Reina

Una feroz batalla se desató el 14 de diciembre de 2017 en las afueras del Congreso por la reforma previsional, entre la la Policía y manifestantes. Foto: Pablo Cuarterolo
sábado 8 diciembre, 2018

En teoría, las Fiestas son un momento de paz. Una tradición que, para mucha gente, tiene un profundo sentido religioso, y para casi todos es una razón para cerrar ciclos, encontrarse con familiares y amigos, e intercambiar buenos deseos. Después llegan y pasan, como cualquier fecha del calendario, y nuestra vida sigue igual. Entonces, si todo es tan simple, normal y deseado ¿por qué será tan complicado?

Parece que el estrés es más tradicional todavía que el pan dulce y el arbolito. Se suman las fiestas del trabajo, las reuniones que hay que organizar, las peleas familiares, las vacaciones que están cerca, el calor de 40 grados y, sobre todo, la fiebre consumista de estas fechas. Y en Argentina, se nos agrega (¿cuándo no?) el estrés de la política.

Todavía tenemos frescos en la memoria los incidentes de diciembre del 2001. La represión en la plaza, los saqueos, la anarquía y la implosión de las instituciones. Desde ese momento, se instaló la idea de que diciembre es un mes “peligroso”, y que grupos con intereses políticos pueden usar el estrés generalizado para crear caos y violencia.

Los incidentes son raros, pero el miedo es tan poderoso que funciona como una herramienta política. El Gobierno, por ejemplo, declara estar “preocupado” por la cercanía de diciembre, y lo usa como una forma de protegerse y acusar a sus rivales de desestabilizar. Los movimientos sociales y los gremios agitan el fantasma de las Fiestas como una forma de apurar sus reclamos.

Por todo esto me llamó la atención encontrarme, en mi última visita a Córdoba, con una campaña de comunicación cuyo mensaje es “Deseo un diciembre en paz” (#DeseoDiciembreEnPaz). Un lema sencillo, que parecería de sentido común en cualquier lugar del mundo, pero que en Argentina es una verdadera rareza.

La campaña fue lanzada por algunas organizaciones gremiales, fue tomada y potenciada en la provincia mediterránea por el Sindicato Petrolero de Córdoba. No es una coincidencia que sean gremios con dirigentes jóvenes que buscan diferenciarse del triunvirato de la CGT y que, dentro de las 62 Organizaciones, se enfrentan a Luis Barrionuevo ,Carlos Acuña y compañía. Esta campaña refleja ese posicionamiento político, ya que plantea una ruptura con prácticas políticas muy enquistadas en los dirigentes tradicionales.

Lamentablemente, la lógica que de un tiempo a esta parte se ha instalado en la vida política argentina es generar caos y disenso para sacar de eso un rédito individual o sectorial. El bien común se pierde de vista. Las Fiestas parecen así, más que nada, una oportunidad para aprovecharse del clima de estrés generalizado y presionar por intereses propios. Se olvidan de que la gente, a fin de cuentas, sólo quiere pasar este momento del año en paz.

Creo que lo positivo de esta campaña que menciono es que busca, precisamente, reencontrar ese sentimiento popular que los gremios parecen tener olvidando. La gente, como siempre, quiere paz; la política sigue proponiendo división y enfrentamientos. Esta incomprensión, este distanciamiento entre representantes y representados, está en el centro de nuestro drama político, y por eso hay que valorar todas las medidas que busquen acortar esa distancia.

También es importante que el sindicalismo empiece a repensar sus estrategias de lucha. Las medidas de fuerza son herramientas válidas, pero usadas en un contexto democrático y en dosis inteligentes. Si la forma de presionar por un reclamo es una amenaza, ya no sirve. Si hay un piquete o una protesta todos los días, ya a nadie le importa. Pierde su capacidad de impacto y, en vez de simpatía de la población, genera hartazgo. Una serie de protestas en París recorre los noticieros del mundo porque es un hecho relativamente raro; las protestas, en Argentina, aparecen en los noticieros junto con el parte meteorológico.

No debería ser así, pero en todo este contexto, llama la atención una campaña que propone paz en lugar de enfrentamientos. Ojalá que la iniciativa prospere, sea imitada y que vaya más allá de una campaña navideña. Ojalá que, en poco tiempo, los deseos de paz vuelvan a ser moneda corriente en el mes de diciembre , y no pensar que los días de furia se acercan cuando queremos días de felicidad familiar y reconciliación .


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