miércoles 28 de julio de 2021
OPINIóN Tiempo libre
23-04-2021 13:17

El placer de leer, siempre (novena entrega)

Hoy más que nunca celebramos la compañía de un libro que es enriquecedora, a nivel intelectual y emocional. En esta ocasión hablaremos de Cristina Morató.

23-04-2021 13:17

Cristina Morató nació en Barcelona en 1961. Autora de “Viajeras intrépidas y aventureras” (2001); “Las Reinas de África” (2003); “Las Damas de Oriente, grandes viajeras por los países árabes” (2006); y “Cautiva en Arabia” (2009); “Divas Rebeldes” (2010); “Reinas Malditas”(2014); y “Divina Lola”(2017).

Fundadora de la Sociedad Geográfica Española y miembro de la Royal Geographical Society de Londres. Fotógrafa y reportera en temas culturales y antropológicos, recorrió África, Asia y América Latina (en 1986 estuvo en Argentina). Con una importante experiencia en revistas, radio y televisión, en la actualidad está dedicada a escribir biografías.

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En tres ocasiones ganó el premio Pluma de Plata, concedido por la Secretaría de Turismo de México al mejor artículo escrito sobre este país en prensa española. En 2003 recibió del gobierno de Tailandia –Ministerio de Turismo– el premio “Amigo de Tailandia” por la difusión de este país asiático en España.

 

escritora Cristina Morató 20210423

 

El libro que hoy me ocupa, trata la vida de una de las mujeres más famosas del siglo XlX: Elisabeth Rosanna Gilbert, más conocida como Lola Montes, nacida en Irlanda en 1821 y muerta en Nueva York el 17 de junio de 1861 a los 39 años de edad.  

Mujer de cabellos negros y tez morena, capaz de atraer y enloquecer de amor a cualquiera, estaba casada con un oficial inglés que la había llevado a vivir en la India. Aburridísima del hindi, las castas y los elefantes, regresó a Europa a bailar danzas españolas en los teatros, alternar con reyes, nobles, políticos, intelectuales, músicos y escritores, como Alejandro Dumas, Honoré de Balzac y George Sand, casada tres veces, una larga lista de amantes, entre ellos el compositor Franz Liszt,

Baviera, con sus cuatro millones de habitantes -después de Prusia el reino de mayor importancia de la Confederación Alemana-, también se vio afectada por los sucesos revolucionarios europeos de 1848.

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Entre las numerosas consignas que gritaba una enardecida multitud en Munich, había una que no confundía a nadie: “¡Que se vaya la p……! ¡Que se vaya!” refiriéndose a Lola Montes, entrometida a fondo en los vaivenes de la política y denunciada por la opinión pública como perniciosa para la paz social.

Luis I ayudó a escapar a su querida, -a la que le había concedido  el título de condesa de Landsfeld y la inmortalizaría en un cuadro en un famoso palacio- y la ayuda le costó el reino, que pasó a manos de su hijo, Maximiliano II.

Tras su muerte, Lola Montes  se convirtió en una leyenda. En 1930, el director Josep von ­Sternberg la homenajeó en la película El Ángel Azul”, donde Marlene Dietrich encarnaba una cabaretera llamada Lola en su recuerdo.

A continuación, un párrafo de “Divina Lola. La vida de Lola Montes, la falsa española que quiso ser reina”, editada por Penguin Random House, Buenos Aires, 2017.

El placer de leer, siempre

“Tres días después de su llegada a Munich, Lola iba a entrevistarse con el rey de Baviera, que concedía las audiencias privadas a última hora de la mañana. Dispuesta a ofrecer al monarca la imagen de una auténtica dama de a nobleza andaluza, eligió un atuendo de lo más austero. (…) Cuando Lola llegó ante la imponente fachada del palacio notó un cosquilleo en el estómago. Si no conseguía cautivar al rey con su belleza y le negaba la autorización para bailar en el Teatro de la Corte, se vería en serios problemas. La ciudad, aunque no era ni la sombra de París, le resultaba muy agradable, pero no podía llevar el tren de vida propio de “una reconocida artista de la danza de la escuela bolera perteneciente a una familia de rancio abolengo español”, como se presentaba en público. Apenas tenía dinero para comprar un caballo, pagar el alquiler de una buena casa y contratar los servicios de una doncella.

(…)

Cuando Luis dejó la pluma sobre la mesa y levantó por fin la mirada, el rostro se le iluminó y sus mejillas se sonrojaron. A sus sesenta años quedó literalmente subyugado por la voluptuosa belleza de Lola, que le pareció una Virgen de Botticelli. Con gesto torpe se acercó a ella y la suave luz que penetraba a través de los grandes ventanales le permitió apreciar con más detalles sus rasgos: el óvalo perfecto de su rostro, sus grandes ojos de un azul intenso y densas cejas arqueadas, su nariz recta, sus labios rojos y carnosos su cuelo sublime, sus pechos firmes y fina cintura. Sintió que todo su cuerpo se estremecía y la emoción casi le impedía hablar.

(…)

La audiencia se prolongó más allá de lo habitual, para desesperación del chambelán que esperaba al otro lado de la puerta. El rey era un enamorado de España, país que nunca había visitado pero que despertaba en su corazón todo tipo de pasiones. Para él era la reencarnación de un sueño romántico, una tierra de poesía, serenatas de guitarra, ardientes mujeres y amores prohibidos. Le confesó a Lola que era un lector habitual de Cervantes y Calderón de la Barca, y que su libro favorito era El Quijote. Se sentía dichoso de poder practicar la lengua cervantina con una española de tan noble cuna. Luis, que hablaba rápido, en tono enérgico y gesticulaba mucho, estaba tan embelesado con Lola que ella tuvo que volver a recordarle amablemente el motivo de su visita.

(…)

La bailarina abandonó la estancia con porte majestuoso dejando a Luis sumido en la confusión. En su último cumpleaños el monarca había sentido un enorme vacío, como si la vida se le escapara de entre los dedos. Su esposa Teresa le había anunciado mees atrás que deseaba dormir sola, pero él no pensaba renunciar al sexo y seguía frecuentando a sus viejas amantes, actrices del Teatro de la Corte que le hacían olvidar sus tediosas responsabilidades. Pero el rey, un romántico empedernido, deseaba enamorarse de nuevo, conquistar a una joven hermosa y entregarse a ella sin límites. Al ver a Lola sintió que en el ocaso de su vida había encontrado a la mujer de sus sueños.


Ángel Cabaña. Profesor y Licenciado en Historia.