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OPINIóN / Hace 50 años
jueves 18 junio, 2020

Roberto Levingston, el presidente de facto desconocido por la opinión pública

Durante su corto mandato imprimió a su gestión una orientación nacionalista, influenciado, al igual que sectores militares, intelectuales y políticos, por los ejemplos de Brasil y Perú y el socialismo árabe nasserista.

GENERAL ROBERTO MARCELO LEVINGSTON Foto: CEDOC
jueves 18 junio, 2020

Un día como el de hoy, 18 de junio, del año 1970, el general de brigada Roberto Marcelo Levingston asumía como presidente de la Nación.

Nacido en San Luis el 1º de enero de 1920, desde 1969 se hallaba en Estados Unidos como agregado militar en la embajada argentina en Washington, cuando recibió la propuesta de la Junta de Comandantes en Jefe integrada por el Teniente General Alejandro Agustín Lanusse, el Almirante Pedro Gnavi y el Brigadier General Carlos Rey.

Una sorpresa para el propio Levingston, y para el país, que nunca había tenido un presidente desconocido por la opinión pública.

Preocupado por robustecer la industria local, Levingston imprime a su gestión una orientación nacionalista, influenciado, al igual que sectores militares, intelectuales y políticos, por los ejemplos de Brasil y Perú y el socialismo árabe nasserista (reforma agraria y estatización de servicios públicos y otros sectores de la economía).

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Son convocados para ocupar la cartera de Economía, Carlos María José Moyano Llerena, y posteriormente Aldo Ferrer, que había sido parte de los equipos del frondizismo, el cual impone el slogan “Vivir con lo nuestro”, impulsado a través de la televisión por figuras como Susana Giménez diciendo: “Esto es el compre nacional” y una voz en off explicando la ley por la que las reparticiones públicas debían adquirir productos del país.

Se pretende la industrialización a través de la ayuda a los empresarios nacionales protegiéndolos contra la competencia extranjera mediante préstamos baratos subsidiados. Las metas consisten en otorgar a las industrias autóctonas una porción más grande del mercado interno, mejorar el ingreso de los asalariados y reducir la brecha entre Buenos Aires y el interior del país para evitar otro “cordobazo.

Con el objeto de reducir y eliminar el rojo fiscal, hay control de la salida de capitales, transferencias financieras, importaciones suntuarias y sobre los precios, en especial, de los artículos de consumo popular. Un ejemplo: el consumo de carne vacuna es muy importante en el costo de la canasta familiar; por lo que, al dispararse el precio, se tiene que restringir el consumo interno. La veda dura 15 días: 15 días hay carne, 15 días no.

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Se transforma el Banco Industrial en Banco Nacional de Desarrollo (BANADE) con el objetivo de financiar proyectos productivos. El proyecto ferrovial Zárate-Brazo Largo une la Mesopotamia y el extremo sur de Entre Ríos con el resto del territorio argentino.

En cuanto a la política, Levingston intenta desarrollar, al margen de la Junta Militar, una serie de reuniones con dirigentes políticos en busca de apoyo popular que le permita llevar adelante un plan de tipo desarrollista y continuar siendo presidente.

Por su parte, a través de la “La Hora del Pueblo”, el partido peronista, la UCR y otros partidos de menor envergadura, plantean la necesidad de una salida electoral, mientras la CGT dispone un Plan de Lucha con paros generales y jornadas de protesta contra el plan económico, considerado similar al de Krieger Vasena.

Levingston cambia algunos ministros y gobernadores, uno de ellos el de Córdoba. El nuevo Gobernador, el general José Camilo Uriburu, no duda en lanzarse sobre el activismo estudiantil y sindical y se le va la lengua al referirse  a “la avaricia contenida, la ineficacia desplazada y la conjura materialista de la bandera roja” y expresar su deseo “de cortar, de un solo tajo, la cabeza de la serpiente marxista infiltrada entre los cordobeses que perturba a la Revolución Argentina”.

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La respuesta es una huelga de trabajadores, comerciantes e industriales. Los disturbios nuevamente ponen a Córdoba en la tapa de los diarios nacionales: enfrentamientos en las calles, todo el mundo de paro, muchos detenidos, la ciudad es declarada “zona de emergencia”, renuncia el Gobernador. En fin, lo que va a pasar a la historia como  “el viborazo”.

Mientras la CGT persevera en la exigencia de aumentos de salarios y controles de precios, las organizaciones armadas se expresan a través de robos, secuestros y asesinatos de militares y líderes sindicales, bombas en sedes y plantas de empresas multinacionales, en ocasiones para apoyar peticiones gremiales. En Córdoba, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), brazo armado del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), se apodera de 120 millones de pesos que transporta un camión blindado, el mayor robo realizado en Argentina. Al copamiento de La Calera por los Montoneros, en Córdoba, le sucede el de Garín, en Buenos Aires por las FAR. Es asesinado José Alonso, líder del Sindicato del Vestido y ex Secretario General de la CGT.

A la preocupación de los empresarios, que ven que el país está ante un conflicto que apunta contra sus propios intereses y rebasa la puja salarial, se suma la Iglesia, preocupada por la acción de más de uno de sus miembros seducidos por el afán de instalar la justicia social en la Tierra.            

A todo esto, el peronismo viene en ascenso; por lo que todo parece indicar que no hay forma de postergar una salida política electoral sin proscripciones, ni de establecer acuerdos con los sindicalistas, ni el Gobierno se muestra interesado en satisfacer las demandas de pronta apertura política que existen en las Fuerzas Armadas.

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El 22 de marzo de 1971 Levingston acusa a la Junta de Comandantes de incumplir con su función de asegurar el orden interno y releva del mando al comandante en jefe del Ejército, general Lanusse. Pero la respuesta de la Junta a este relevo sorpresivo es relevarlo del cargo y reasumir el poder político.

Levingston renuncia y es reemplazado por Lanusse, quien retiene la comandancia del Ejército, con lo que concluye otro intento de lograr un recambio en la dirigencia política, de convocar a la participación de diferentes sectores de la sociedad, de construir un movimiento político sin el suficiente apoyo popular.

 


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