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OPINIóN / A 44 años de su muerte
martes 5 noviembre, 2019

Recordando a Agustín Tosco, enemigo acérrimo de la burocracia sindical

Apodado "El Gringo", muere de meningitis el 5 de noviembre de 1975. Como él lo había querido, sin haber traicionado sus ideales de clase.

Agustín Tosco Foto: Cedoc.
martes 5 noviembre, 2019

Hijo de padres campesinos, Agustín Tosco, a los 27 años de edad ya era secretario general del Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba. Cree en la perseverancia, en las convicciones, en la organización y en la lucha, en los argentinos que se sienten personas identificadas con su patria, que se sienten agentes de la historia y no objetos de la historia.

Enemigo acérrimo de la burocracia sindical, así la califica a principios de 1973 en su debate en la televisión con José Ignacio Rucci, Secretario General de la Confederación General de Trabajadores (CGT):

“La burocracia sindical es el ejercicio de los cargos sindicales con el criterio de reducir todo al sindicalismo; de administrar desde posiciones de poder los beneficios sociales; de discutir especialmente los convenios colectivos de trabajo; de quedarse gobernando al movimiento obrero desde posiciones administrativas. Es decir, desde el mismo término burocrático surge: gobierno de empleados. Significado gramatical que trasladada al campo sindical significa no asumir esa proyección general de la lucha del movimiento obrero como factor de liberación nacional y social.”

Declaradamente marxista-socialista, considera que el reclamo económico solamente es la ideología del economicismo, la cual pretende desviar a los trabajadores de la lucha de clases, de la liberación nacional, de la explotación del hombre por el hombre:

“Nosotros queremos rescatar los medios de producción y de cambio que están en manos de los consorcios capitalistas, fundamentalmente de los monopolios, para el pueblo, socializarlos y ponerlos al servicio del pueblo. Nuestro punto de vista es que deben desaparecer las clases y que debe existir una clase, la de quienes trabajan, y no como ahora que existe la de los explotados que trabajan y la de los explotadores que sólo viven del esfuerzo de los demás.”

Otro debate: hace 46 años debatieron Agustín Tosco y José Ignacio Rucci

Tosco, para quien la democracia sindical no pasa por la hegemonía del dedo, sino por las asambleas de cada sector o los cuerpos de delegados, obtiene reconocimiento público a partir del cordobazo”, un movimiento obrero que estalló el 29 de mayo de 1969 por aumento de salarios, defensa del patrimonio nacional por oposición a los monopolios extranjeros, creación de nuevas fuentes de trabajo, una universidad abierta a los hijos de los trabajadores y acorde con los intereses del país.

Condenado a ocho años por un tribunal militar en el penal de Rawson, una cárcel de máxima seguridad en la provincia del Chubut, recupera la libertad a los diecisiete meses. Allí se producirá la famosa fuga de dirigentes guerrilleros el 15 de agosto de 1972, de la que Tosco, si bien la apoyó moralmente, no participará porque cree que sus compañeros de las fábricas son los que van a obligar a la dictadura militar a dejarlo en libertad.

De vuelta en Córdoba sigue siendo un dirigente sindical, con su mameluco azul de trabajo, un gran orador, sin ningún dinero adicional, el primero en rendir cuentas de los gastos que hace, sin despacho a todo lujo, ni auto con chofer, renuente a hacer uso de licencias gremiales por años, trabaja hasta el momento de tener que pasar a la clandestinidad (octubre 1974) cuando es intervenido el sindicato de Luz y Fuerza.

Cómo el Cordobazo le abrió el camino de regreso al peronismo

En Buenos Aires se entrevista en secreto con dirigentes políticos para formar un frente patriótico y democrático, que incluya a las organizaciones armadas, - cuya violencia justifica “por ser una respuesta a la violencia institucionalizada que impide a los hombres un mínimo nivel de la dignidad humana”-con el fin de aislar a los sectores golpistas, pero fracasa. A todo esto, contrae una dolorosa enfermedad infecciosa y no se lo puede internar, los médicos que lo atienen son amigos y se juegan la vida.

Nacido el 22 de mayo de 1930 en Coronel Moldes, a 80 kilómetros de Río Cuarto, Córdoba, Agustín Alemano Tosco, alias “El Gringo”, muere de meningitis el 5 de noviembre de 1975. Como él lo había querido, sin haber traicionado sus ideales de clase. Tenía apenas 45 años de edad, había sido elegido tres veces Secretario General del Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba, una de ellas estando en la cárcel.

A pesar de las amenazas de la Triple A gubernamental, su cortejo fúnebre es acompañado en Córdoba por una inmensa multitud nunca antes vista. Se hacen presentes dirigentes políticos, gente de los barrios, estudiantes, militantes sindicales y de las organizaciones guerrilleras. Desde los balcones de los edificios caen flores. Hay banderas argentinas y banderas rojas. Se escuchan consignas. Frente a sus restos los oradores se aprestan a concluir el acto, cuando alguien grita: “¡Todos somos Tosco!”. La policía inicia el ataque. Hay heridos y numerosos detenidos.


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