domingo 29 de enero de 2023

La igualdad de los sexos es sólo ante la ley: cerebro mata relato

Las diferencias de los sexos en materia cerebral son estructurales y funcionales y se manifiestan con prescindencia de la voluntad o conciencia o deseo de las personas. Son actos que no dependen de la libertad.

10-01-2022 15:34

El discurso de la transposición sexual y de la igualdad de los sexos no se corresponde con la realidad. Es una incrustación ideológica, extraña a lo que revela la ciencia acerca del ser humano. La verdad es que hombres y mujeres tenemos diferencias no solo fenotípicas, sino también, conforme a lo que indican las neurociencias, en nuestro cerebro y en sus mecanismos más recónditos. La igualdad de los sexos es sólo ante la ley. Y de ahí no pasa.

Esto se nota en comportamientos muy visibles, como por ejemplo en nuestra capacidad de percepción, lo que nuestros sentidos capturan del medio. Un dato descubierto hace poco testimonia que las mujeres, así como estamos hechas, vemos alrededor de doscientos colores, mientras que los hombres, por su sola condición de ser hombres, ven pobremente siete colores, y con ellos deben arreglárselas para pintar la Capilla Sixtina, los girasoles de Arlés y a las cúbicas chicas de Avignon. 

Se ha comprobado, además, que el cerebro de la mujer es mucho más eficiente resolviendo tareas que tienen que ver con la emocionalidad como la de empatizar con el dolor y la necesidad de otros, mientras que el hombre es capaz de responder mejor a tareas que demandan pragmatismo, sin tanto compromiso emocional. Las mujeres somos más eficientes en resolver múltiples tareas a la vez, en tanto que el hombre, más paciente y parsimonioso, es potencialmente más apto para focalizarse en una tarea específica (¿alguien vio a algún hombre alguna vez hacer alguna otra tarea específica mientras está viendo un partido de fútbol?).

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Esta distinción entre hombres y mujeres también se da seriamente en el autismo; ese trastorno del desarrollo que ha cobrado un fuerte volumen al cabo del último medio siglo. La diferencia entre los sexos de quienes padecen la dolencia no solo se verifica en su frecuencia sino también en sus síntomas. En un trabajo realizado en Londres en el año 2018 se estudiaron 102 adolescentes de entre 11 y 18 años 27 niñas con autismo, 26 niños con autismo, 26 niñas neurotípicas y 23 niños neurotípicos).

Los resultados indicaron que de varias maneras, las amistades y experiencias sociales de niñas con autismo son similares a los de niñas con desarrollo neurotípico. Sin embargo, como era dable esperar, las niñas con autismo demostraron tener más desafíos en el área social que sus pares sin este trastorno.

Por años ha existido la idea errónea de que los niños con autismo no desean amistades, o que no están motivados para tenerlas. La evidencia es que muchos sujetos con autismo tienen amigos, están involucrados en redes escolares y desean interactuar con sus pares. Se conoce mucho más de las interacciones de los niños varones con autismo en cuanto a lazos de amistad en comparación a lo que se conoce de las niñas en este punto. Otro dato interesante, surgido en este marco de estudios, es que las chicas llegan a estadios sociales y lingüísticos más tempranamente que los varones. Esto les facilita generar más oportunidades de interacción y por lo tanto de una potencial amistad. En la adultez las mujeres forjan sus amistades en torno a compartir situaciones emocionales, mientras que los hombres lo hacen en torno a compartir actividades en común.

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Si nos atenemos al encuadre del autismo, veremos que niños y niñas socializan en forma diferente. Por ejemplo, los niños con autismo tienden a hacer sus amigos jugando a lo mismo; las niñas, en cambio, lo hacen por medio de hablar con sus pares, lo que favorece situaciones de cercanía y empatía, y ello contribuye a que su forma de vincularse se parezca mucho a la de las niñas con desarrollo típico.

Hay un término muy interesante en la jerga de la psicología infantil y es el llamado camuflaje de los síntomas de la condición autista, muy presente en las chicas, y que apunta a las estrategias compensatorias que poseen las niñas con autismo para disimular de alguna manera el hándicap de su condición y en consecuencia a ser socialmente incluidas en los grupos generales. Resulta significativo que estas diferencias en la socialización entre hombres y mujeres se extienden hasta la adultez. Esto podía explicar en parte por qué las mujeres son diagnosticadas en forma mucho más tardía de autismo que sus pares varones. Y si bien la estadística va en favor de los hombres, -con 4:1, es decir, 4 autistas hombres por cada autista mujer- también debemos tener en cuenta que el mencionado camuflaje del autismo propio de las chicas contribuye a confundir las mediciones comparativas.

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Como sea, la realidad es una y ningún relato la puede cambiar: las diferencias de los sexos en materia cerebral son estructurales y funcionales y se manifiestan con prescindencia de la voluntad o conciencia o deseo de las personas. Son actos que no dependen de la libertad, ni de las promesas electorales, ni de las comisiones parlamentarias o de los sindicatos, lobbies o grupos de afinidad sino de una constitución orgánica que ignora cualquier determinación existencial o cultural.  No hay ingeniería plástica ni jurídica que pueda cambiar esa realidad. Lo diferente sigue siendo diferente, cualquiera sea el discurso.

 

*  Carmela María Macias. Magister en Dificultades de Aprendizaje. Profesora Superior de Psicología. Especialista en Autismo. tratamientoinfantil.com