martes 30 de noviembre de 2021
OPINIóN Opinión
16-10-2020 07:43
16-10-2020 07:43

Diario de la peste | Esperando la vacuna

La buena noticia es que ni Madrid ni España son ya la región y el país con más índice de contagios de Europa. La mala noticia es que todo el continente está cada vez peor.

16-10-2020 07:43

La buena noticia es que ni Madrid ni España son ya la región y el país con más índice de contagios de Europa. La mala noticia es que todo el continente está cada vez peor.

Esta noche empieza el toque de queda en París y otras regiones de Francia: entre las nueve de la noche y las seis de la mañana no se podrá circular por las calles; todos en casa confinados. A medianoche, también, en Barcelona comienza el cierre de bares y restaurantes que durará quince días. De momento. La paradoja es que Madrid, bajo el Estado de alarma tiene todas las terrazas abiertas y Barcelona, sin esa medida extrema, los cierra. Pero mayor paradoja es creer que estamos en la segunda ola cuando pisamos el umbral de la tercera. Al menos así lo veía una periodista del diario Público tomando el análisis de la viróloga Margarita del Val, quien sostiene que en España aún estamos en la ola del verano ya que los rebrotes que sufrimos, los únicos experimentados en Europa, no fueron una segunda ola sino una mala gestión de la primera: abrir las puertas antes de tiempo y no tomar todas las precauciones sanitarias preceptivas. Así las cosas, entonces, si estamos en la segunda (que aún es la primera), vamos rumbo a la tercera, es decir, la segunda europea que se está desatando con furia y que llegará aquí más pronto que tarde. Parece un argumento confuso, pero es una realidad difícil de asimilar: por impericia tuvimos un bonus track vírico.

Diario de la peste: problemas del primer mundo

Reino Unido, Checoeslovaquia, los Países Bajos y Francia se encuentran en una situación delicada y las autoridades sanitarias europeas piden que se disponga de todo lo necesario para evitar un nuevo confinamiento generalizado cuyos efectos serían tan devastadores que ya se comenzarían a confundir, sin perversión previa como hasta ahora, los límites entre economía y salud porque la debacle económica también vendría cargada de plagas difíciles de controlar.

Contra el confinamiento no solo están las autoridades y el sentido común. Hay un frente reunido en torno a la llamada Gran Declaración de Barrington que lo rechaza pero por razones distintas. Del mismo modo que se niega el cambio climático, aquí hay un colectivo que opina que medidas como la cuarentena son dañinas para la salud mental y física de la población. Hay algunos científicos de renombre entre las treinta mil firmas que lo avalan, pero la cadena británica Sky News  ha encontrado homeópatas, masajistas e incluso hipnotizadores entre los firmantes: la organización dice que no tiene capacidad para auditar los avales. Sí es cierto que hay, por ejemplo, un Nobel de química en el grupo, Michael Levitt, el mismo que dijo en marzo que en Israel era muy difícil que el coronavirus se cobrara más de diez víctimas mortales; la cifra de muertos ya supera los dos mil fallecimientos. Todo es relativo y la ciencia también.

Diario de la peste | La aspiradora de Madrid

Ayer se conoció en España el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) . La radiografía social que muestra deja ver que más de la mitad de los españoles está muy preocupado con la crisis sanitaria; entre los problemas de salud y los económicos prima la atención sobre los primeros; un 62% quiere medidas más exigentes y más del 90% reclama reformas sanitarias en el breve plazo. Pero el dato que ha saltado las alarmas es que el porcentaje de españoles que no se vacunaría inmediatamente cuando salga la vacuna es un 43,8% frente a un 40,2% que sí lo haría.

¿A que se debe esta situación? Hoy, temprano, algunos sociólogos que se asomaban a los programas matinales de información, tanto en la televisión como en las radios, coincidían en que esto no se puede circunscribir al negacionismo clásico de grupos que adhieren a las medicinas alternativas ni a los partidos de ultraderecha que en España se expresan a través de Vox. Sin restar influencia a estos colectivos, se inclinan más por la alta exposición que el campo científico está ofreciendo a las grandes audiencias como consecuencia de la pandemia. Toda la actividad que hay detrás de la investigación de las vacunas en los diferentes lugares del mundo se siguen con atención y se asiste con temor a todos los errores lógicos de un proceso científico, sobretodo a los programas, como el de Oxford, que se han interrumpido momentáneamente por casos de consecuencias adversas en los pacientes que se someten voluntariamente a las pruebas.

El filósofo Santiago Alba Rico publicó, en plena cuarentena, un artículo en el que observaba la ilusión construida alrededor de la ciencia a la que se le reclama infalibilidad no ya para proporcionar una vacuna, sino que se va más allá y se le pide soluciones para evitar el dolor, ahorrarnos el duelo.

La Ilustración trajo el relato científico que se convirtió en una falsa cualidad performativa: enunciar es realizar. Las utopías tecnológicas han hecho el resto. El negacionismo es, posiblemente, la frustración ante a esta falacia.