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OPINIóN / Desafíos después del COVID-19
lunes 13 julio, 2020

Educando en la complejidad

En el campo educativo hay que dejar de pensar medidas cortoplacistas y educar a los jóvenes como emprendedores a través de juegos y debates.

Educación virtual Foto: Cedoc

La huella que la pandemia del COVID-19 está dejando en nuestro mundo comenzó a cambiar el paradigma de diferentes sectores y actividades en función de la nueva normalidad que se está gestando. La educación, uno de los pilares que hacen y definen a una sociedad, no fue excluída de este combo exponencial de cambios y readaptaciones.

De la noche a la mañana, autoridades, docentes y alumnos en el mundo se embarcaron en un viaje hacia el mundo digital. Un viaje lleno de misterios y sorpresas, para muchos de naturaleza desconocida y repleto de complejidad, todo un gran desafío colectivo.

Nuestros niños y jóvenes, los líderes del mañana, los que vivirán en este mundo tomando decisiones dentro de 20, 30 o 40 años, tienen hoy la posibilidad de comenzar desde su temprana edad a comprender la importancia de que, para construir un futuro próspero, el proceso debe de ser riguroso, colectivo y compartido. Durante el camino, pueden desarrollar nuevas capacidades y adquirir habilidades blandas que les permitan afrontar la complejidad actual y desarrollar una extrema resiliencia liderando los procesos de transformación.

Para construir un futuro próspero, el proceso debe de ser riguroso, colectivo y compartido.

El sistema educativo argentino cuenta con un alto grado de vulnerabilidad respecto al futuro. El lector debe ser consciente de que, desde los inicios de la educación moderna, el mensaje acerca del futuro de la educación por parte de las instituciones fue siempre el majestuoso dicho: “estamos formando a nuestros líderes del mañana”. Sin embargo, nunca, al menos desde el plano institucional, se ha invitado al alumno a explorar el futuro y a transmitirle habilidades que le puedan ser útiles el día de mañana, más que contenidos estrictos sobre el pasado.

Esta falla de visión hace que en las instituciones educativas no se hable ni se plantee el debate acerca de cuáles son las posibles configuraciones del futuro. Contamos con métodos de enseñanza tradicionales que demuestran una falta de creatividad estructural. Los contenidos de los programas educativos presentan serios atrasos en función del ritmo exponencial de cambios que suceden día a día en el mundo.

Durante los años ´70, la Argentina ocupó el primer puesto en alfabetismo entre los países de la región latinoamericana. A partir de aquella época hasta la actualidad se viene dando un proceso progresivo de deterioro. A modo de ejemplo, si se analizan los resultados de las Pruebas PISA, desarrolladas por la OCDE, se puede observar cómo nuestro país se encuentra por debajo del promedio de la región en matemáticas, lectura y ciencia. De 79 países evaluados para la evaluación de 2019, ocupamos el puesto 63 en lectura, 71 en matemática y el 65 en ciencias.

La educación debe transformarse en una política de estado transgeneracional

La educación debe transformarse en una política de estado transgeneracional. En este campo, no debería existir espacio para las decisiones cortoplacistas. Ahí es dónde radica el problema estructural. Por ese motivo, es que en la Argentina contamos con un sistema atrasado, donde la tasa de escolarización se encuentra a la baja y la de abandono escolar a la suba.

El futuro es un bien común. La llave para acceder a él está en impulsar este cambio cultural involucrando a los estudiantes en el proceso de su construcción. Esta dinámica, permitirá a su vez, dotar de calidad al sistema educativo y promover procesos de aprendizaje acordes a los estándares internacionales de calidad e igualdad educativa.

Tenemos que transformar a nuestros alumnos en emprendedores del mañana a través de juegos, simulaciones y debates. Para iniciar este proceso de empoderamiento debemos redefinir la concepción tradicional de maestro o profesor en mentor, guía, impulsor. Estas son las tres principales cualidades que un líder formativo debe tener para desarrollar a las personas.

Debemos tomar la iniciativa de una vez, antes de que sea tarde y las generaciones sigan transitando en un mundo carente de futuro. Debemos enseñarles habilidades e inspirarlos a que se animen a imaginar. Comenzar por sembrar en ellos la semilla del emprendedorismo y la innovación, puede ser un gran primer paso para afrontar este cambio de paradigma que la educación comenzó a vivir.

SM CP


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