jueves 16 de septiembre de 2021
OPINIóN opinión
13-08-2021 23:55

Estados Unidos, China y el “teléfono verde”

13-08-2021 23:55

El 20 de junio de 1963  se fundó la línea directa entre Moscú-Washington, el denominado “teléfono rojo”. En realidad, el teletipo nunca tuvo ese color, se lo denominó así para indicar su carácter de urgencia. En plena Guerra Fría y ante la conflictividad reinante entre las dos superpotencias, Estados Unidos y la Unión Soviética lograron tener un canal de diálogo instantáneo (nada sencillo para aquellos tiempos) que evitase los errores de cálculos, la incertidumbre y por ende un estallido militar con consecuencias devastadores. El poderío nuclear de ambos países auguraba  en caso de una guerra una “Destrucción Mutua Asegurada” (MAD, por su sigla en inglés). Para suerte de la humanidad, nunca se llegó a ella. 

A pesar de las profundas diferencias ideológicas, políticas, económicas y culturales -sumado a la conflictividad estructural que caracterizó aquel período histórico- las dos potencias tuvieron siempre un canal de diálogo. El “teléfono rojo” se utilizó cuando fue asesinado Kennedy en 1963, durante la “Guerra de los Seis días” entre Israel y Egipto en 1967, durante la guerra entre India y Pakistán de 1971, con la Guerra del Yom Kippur entre Egipto e Israel en 1973, durante la intervención de Turquía en Chipre en 1974, y con la invasión soviética a Afganistán de 1979, solo para citar algunos ejemplos.

En los días que corren somos testigo de una nueva bipolaridad emergente, muy distinta a la Guerra Fría. La conflictividad sino-estadounidense es sin lugar a dudas un eje (des)ordenador  de  las relaciones internacionales, pero ahora en un contexto de fuerte interdependencia mutua y globalización.  

Comenzando la tercera década del siglo XXI, a un renovado temor por la MAD se le adicionan dos fantasmas que sobrevuelan Washington y Beijing y el mundo en su conjunto: las dos MAED (siglas en inglés). Nos referimos a la “Destrucción Mutua Económica Asegurada” y la “Destrucción Mutua Ecológica Asegurada”. La primera es un límite a la tesis de “desacople” entre las dos principales economías del mundo. De producirse, los efectos económicos sobre ambas naciones, los actores privados y la economía internacional serían profusos. La segunda, y más importante, es un límite ambiental a la noción misma de futuro. Sin el concurso activo de las dos superpotencias sobre el Cambio Climático (los dos actores estatales con mayor emisión de Co2) no hay posibilidad alguna de que el mundo logre compromisos efectivos en dicha materia. Con Washington y Beijing solos no alcanza, es evidente, pero sin ellos es imposible. Cualquier esfuerzo multilateral se desvanece y pierde sentido.  

En ese contexto, para el futuro de la humanidad y para evitar una larga y agónica catástrofe planetaria, resulta indispensable que Estados Unidos y China establezcan un canal de diálogo directo, un Teléfono Verde. Todo parece indicar que, dejado atrás el negacionismo de la administración Trump, este vital canal de diálogo tiene un incipiente comienzo a pesar del contexto de hostilidad bilateral. Mientras en marzo pasado en Alaska Antony Blinken y Wang Yi levantaban el tono de voz, en Shanghai el enviado especial para el clima de Biden -John Kerry- dialogaba cordialmente con funcionarios chinos sobre la necesidad de enfrentar conjuntamente el cambio climático.

El reciente informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) advierte que los plazos de acción se agotan. La rivalidad sistémica y la disputa por el poder global no deben impedir que Estados Unidos y China establezcan una “sociedad de rivales” en donde puedan cooperar en áreas críticas. ¿Será este un siglo chino? ¿Será finalmente un nuevo siglo americano?. Sin cooperación climática, no será de nadie.

*Doctor en RRII. Docente e Investigador de la UNR. Coautor del libro La disputa por el poder global: China contra EE.UU. en la crisis de la pandemia.

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