El mundo logró superar una pandemia que ocurre una vez por siglo. Tampoco nadie pensaba que los líderes europeos lanzarían un masivo programa de recuperación y resiliencia financiado con deuda conjunta, una muestra sin precedentes de solidaridad y unidad. Cuando la invasión a gran escala de Rusia a Ucrania provocó un fuerte aumento de los precios de la energía, todos asumieron que la economía europea se derrumbaría. En cambio, el PBI de la eurozona creció más rápido que el de China y el de Estados Unidos ese año.
Frente a la guerra comercial, la intensa volatilidad de los mercados y el reacomodamiento de asociaciones y alianzas tradicionales, las empresas europeas han demostrado resiliencia, no solo diversificando sus flujos comerciales sino también manteniendo un sólido crecimiento y niveles de inversión. En 2025, las bolsas europeas terminaron superando a las estadounidenses, recompensando a los inversores que confiaron en nuestra economía. El desempleo se mantiene cerca de mínimos históricos y el crecimiento está repuntando, gracias a países de alto desempeño como España y Polonia. Europa ha emergido como un faro de estabilidad en un mundo incierto.
Una y otra vez, la Unión Europea se ha adaptado y reinventado frente a las crisis, lo que la deja bien preparada para navegar un entorno geopolítico tempestuoso. Potencia exportadora, la UE alberga universidades y centros de investigación de primer nivel, así como un dinámico ecosistema de startups. Las encuestas de opinión muestran niveles récord de apoyo público a la UE y al euro, y sondeos globales indican que mayorías en todo el mundo consideran a la UE una gran potencia en pie de igualdad con Estados Unidos y China.
La promesa de una alianza de potencias medias
No se equivocan. Con una economía de 22 billones de dólares, un vasto mercado único de casi 500 millones de personas y planes para una nueva ola de ampliación, el peso de Europa en el mundo es innegable. Puede ser un tipo diferente de superpotencia, que valora los principios, las reglas y el multilateralismo por encima de la mera fuerza. Pero su poder reside en su compromiso con los principios y en su disposición a respaldar a sus socios y aliados, como lo demuestra su condición de mayor fuente de asistencia financiera y militar a Ucrania.
Europa sigue tendiendo puentes en un mundo de muros. Es la principal potencia comercial del mundo, situada en el centro de una vasta y creciente red de acuerdos de libre comercio. También es una superpotencia inversora que promueve la prosperidad compartida a escala global. Como mayor fuente de ayuda humanitaria y financiamiento para el desarrollo, Europa financia desde campañas mundiales de vacunación hasta proyectos para mejorar el suministro de agua en Ammán y Karachi.
Lo hace porque mantiene su compromiso con los mismos valores que la trajeron hasta aquí. La unificación europea comenzó hace casi ocho décadas, a partir de las cenizas de dos guerras mundiales. Nuestros padres y abuelos aprendieron de las tragedias y errores de aquella época oscura, y podemos inspirarnos en su ejemplo para construir un futuro mejor para nosotros y para otros en el mundo. La nuestra es una sociedad basada en la inclusión, la igualdad de oportunidades, la libertad intelectual, la paz y el Estado de derecho.
Sabemos qué debe hacerse para preservar este modo de vida. Necesitamos una integración aún más profunda, incluidos nuestros mercados de capitales. Necesitamos más inversión a gran escala en infraestructura crítica y capacidades estratégicas. Necesitamos simplificación para hacer que la UE sea más ágil y eficiente. Y necesitamos más asociaciones y alianzas de beneficio mutuo para diversificar nuestras cadenas de suministro y abrir nuevos mercados para nuestros bienes.
El impulso está creciendo en todas estas áreas. Los líderes europeos tienen la mente puesta en estos objetivos y estamos decididos a capitalizar las fortalezas de Europa como la superpotencia subestimada del mundo.
Nadia Calviño es presidenta del Banco Europeo de Inversiones.
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