El acrónimo Fate integra una tríada de siglas entre las primeras que me movieron a indagar sobre el origen del nombre, significado e historia de las empresas que se construyeron al abrigo de esos nombres abreviados, tan representativos para los argentinos.
Pero ¿por qué Fate? Fate tenía el atractivo y a la vez la virtud de ser una de las grandes empresas argentinas conformada con capitales nacionales, fundada en la primera mitad del siglo pasado gracias a la iniciativa y empuje (hoy llamaríamos emprendedurismo) del inmigrante polaco Leizer Madanes, abuelo del actual director de la empresa, Javier Madanes Quintanilla.
Desde sus inicios el fundador se concentró en la fabricación de telas engomadas -Fate es: Fábrica Argentina de Telas Engomadas- dando como resultado hules, vestimentas impermeables, coberturas protectoras de cargas, y finalmente sus afamados neumáticos para automotores de gran calidad y avanzada tecnología (radiales de acero), llegando a exportar cerca del setenta por ciento de una producción del orden de los siete millones de neumáticos al año, a distintos mercados de América latina, EE.UU. y Europa.
Ahora bien, atento a la información brindada sorpresivamente por la empresa el día 18 del corriente mes, anunciando el cierre definitivo de su planta de la localidad de Virreyes, partido de San Fernando, observo con curiosidad que se está generando entre los principales actores involucrados en el conflicto (empresa, sindicato y gobierno) y también en los medios de difusión encabezados por sus principales periodistas estrella, una especie de dilema o encrucijada entre las previsibles posturas políticas que de ellos cabría esperar, y las posiciones que públicamente deben asumir frente al accionar disruptivo, o no esperado, por parte de sus contrincantes políticos y/o ideológicos.
Es así, por ejemplo, que desde la Presidencia y sus áreas de influencia, se ha señalado como principal responsable de la situación creada en Fate, a la misma empresa, al no haber adoptado en la emergencia, las medidas adecuadas a tono con los postulados políticos de la nueva realidad económica de la Argentina, sustentada en la libertad de los mercados, conocida y propiciada por el gobierno desde la misma campaña electoral del año 2023.
A ello se suma la sospecha de un accionar premeditado de la compañía al haber anunciado su cierre, que deja sin trabajo a más de novecientos empleados en las vísperas mismas del paro general decretado por la CGT y del tratamiento de la intrincada ley de reforma laboral por parte del Congreso Nacional, y la posición política adoptada por Fate que el gobierno juzga enfrentada o al menos no afín con el Poder Ejecutivo y más cerca de los postulados proteccionistas que imperaron durante el kirchnerismo y que en su momento beneficiaron grandemente a industrias como Fate.
No era en principio esperable que un Presidente pro-empresa tuviera esta clase de entredicho con una importante e icónica compañía nacional y gran exportadora como es (o era, Fate), pero ello si es que se pierde de vista las múltiples ocasiones en que un gobierno debe adoptar conductas pragmáticas en pos de asegurar determinados fines políticos.
Además, se da la paradoja que este gobierno es esencialmente disruptivo con aquellas prácticas políticas y económicas que han imperado en la Argentina decadente de las últimas décadas, como el exagerado proteccionismo del Estado hacia determinadas empresas, aunque el resultado haya redundado en perjuicio del propio consumidor argentino al verse obligado a conformarse con productos de menor calidad y a mayores precios.
La empresa, por su parte se excusa en que su cierre es principal consecuencia de las asimetrías en los costos de producción que debió afrontar, debido a la mayor carga impositiva que gravó su actividad, lo que le restó competitividad, situación agravada por la apertura de la importación de neumáticos del exterior, especialmente de China, a precios ostensiblemente menores.
Algunos analistas han llegado a especular que la decisión extrema de Fate de cerrar definitivamente su planta obedecería a una especie de vendetta contra el gobierno por el tratamiento desconsiderado que sufrió por parte del Poder Ejecutivo durante las negociaciones con EE.UU. que culminaran con la firma del tratado de libre comercio de fecha 5 de febrero del corriente año (aunque aquí el entuerto se entrecruza con la cuestión de los aranceles para el ingreso a los EE.UU. de la producción de aluminio de la compañía Aluar, también de propiedad de la familia Madanes Quintanilla.
Asimismo, Fate pone en el tapete haber sufrido el accionar constante de una de las ramas más combativas del sindicalismo, en cabeza del SUTNA (Sindicato Único de Trabajadores del Neumático Argentino) bajo la órbita del Partido Obrero, que ocasionó la paralización de la producción en múltiples ocasiones, el registro de un elevado ausentismo del personal y otras prácticas anti empresa que sin duda han atentado contra la eficiencia productiva de la compañía.
La cuestión es que los sectores llamados de centro izquierda o progresistas – casi siempre cuestionadores del mundo empresario y de las medidas adoptadas por un gobierno liberal como el actual, se han visto en la disyuntiva de tener que salir a solidarizarse con la posición de Fate, y de alguna manera acordar con las señaladas razones expuestas por la compañía, aún en esta situación extrema en que 920 familias de trabajadores se han de quedar sin su haber laboral. En otras ocasiones este hecho: la pérdida de una fuente de trabajo de tal envergadura, hubiera sido una barrera infranqueable para cualquier sector con el posicionamiento político e ideológico arriba señalado.
Finalmente, y en lo que respecta al gremio SUTNA, acorde con su perfil de confrontación constante, ha adoptado una postura de resistencia activa encaminada a la toma de las instalaciones, responsabilizando de la situación tanto a la empresa como al gobierno nacional.
Por un lado exige la reapertura inmediata de la planta y al mismo tiempo rechaza la conciliación obligatoria decretada por el gobierno por considerar que la empresa no está en condiciones de reanudar la producción de manera adecuada.
Todo parece un mar de contradicciones a no ser que SUTNA esté proyectando que la empresa le transfiera graciosamente las instalaciones y todos los activos de Fate para que el sindicato se haga cargo de una producción eficiente, como si nada hubiera pasado, olvidando que su accionar diario no estuvo dirigido –precisamente- a beneficiar el normal desenvolvimiento de la empresa.
Nada nuevo bajo el rojo sol del trotskismo. “Cuanto peor, mejor” podría ser –una vez más- la ganancia política de una postura más cerca de la anarquía contra el sistema que de un orden colaborativo entre las fuerzas de la producción y del trabajo.