OPINIóN
Estados Unidos

"La gran Corach" en el debate Harris y Pence

El civilizado debate entre la senadora demócrata y el actual vicepresidente demostró cómo los equipos de campaña hicieron su trabajo para que el tiempo se llenara con el mensaje electoral preparado con anterioridad.

kamala harris mike pence
El vicepresidente Mike Pence y la candidata a la vicepresidencia demócrata, Kamala Harris. | AFP

El civilizado debate entre la senadora demócrata Kamala Harris, y el actual vicepresidente Mike Pence demostró cómo los equipos de campaña de ambos candidatos hicieron su trabajo para conseguir que las preguntas comprometidas no fueran realmente respondidas, sino que ese tiempo se llenara con el mensaje electoral preparado con anterioridad.
Los vientos aislacionistas que soplan con fuerza desde la asunción de Donald Trump apenas dejaron referencias duras a China por la pandemia y una autocelebración de los acuerdos comerciales con Canadá y México por parte de Pence, pero ninguna referencia directa clara para quienes vivimos al sur del río Bravo.
Sin embargo, los argentinos pudimos ver un homenaje de ambos candidatos, principalmente del compañero de ticket de Trump, a uno de los funcionarios verbalmente más inteligentes de la restauración democrática: Carlos Vladimiro Corach. 

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La gran Corach”, que se ha popularizado desde que el ministro de Carlos Menem recibía en las puertas de su casa a un enjambre de movileros en pleno auge de los casos de corrupción, implica la destreza de responder a las preguntas comprometidas, ignorando los implícitos negativos que la interpelación pueda tener, para afirmar con naturalidad lo que convenga al hablante. 
Dicha técnica no la inventó aquel ministro, pero su inigualable concentración, autocontrol y maestría argumentativa ha generado que su nombre sea utilizado para definir esa habilidad lingüística en los entrenamientos de medios para políticos y empresarios
Émulo de Corach, el republicano utilizó toda su retórica para escapar de las preguntas difíciles ya sean sobre las declaraciones de Trump acerca del racismo, su desdén a las Fuerzas Armadas o las inconsistencias impositivas del Presidente, al igual que los desaires públicos a la gravedad del Coronavirus por parte del ahora convaleciente comandante en jefe.   
Hasta se permitió pasar a la ofensiva y usar las frases anti-Trump contra la senadora demócrata, en varias oportunidades como muletilla desestabilizadora: “usted puede tener sus opiniones propias, pero no sus hechos propios”. 

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Harris tampoco contestó directamente ciertas preguntas, entre ellas su posición sobre el aborto. Ahí tiró la pelota a que Joe Biden sería el segundo presidente católico que los Estados Unidos tendrían, en caso de vencer, después de John Kennedy, para no abundar en las posiciones tradicionales “pro choice” de los demócratas.
Ambos también esquivaron uno de los interrogantes más importantes: si alguno de los dos había analizado con sus respectivas cabezas de fórmula, cómo manejarían el traspaso del poder, en caso de que Trump o Biden quedaran incapacitados en el ejercicio de la Presidencia. 
Aquel punto es cada vez más debatido dentro y fuera de los Estados Unidos, ya que Trump tiene 74 años y Biden, 77. Cualquiera de los dos que sea electo será el presidente más longevo en la historia de los Estados Unidos, con lo cual es fundado pensar que Harris o Pence puedan llegar a ocupar el salón oval en el próximo período presidencial. 

Cambio radical en la campaña republicana

Lo positivo es que ambos demostraron estatura presidencial según las encuestas posteriores de CNN y a pesar de algunas superposiciones discursivas del republicano sobre la demócrata, la grieta entre ambos partidos parece más civilizada que la que se vio en el debate presidencial pasado.