OPINIóN
Guerra en Europa

Naftali Bennett, de mediador entre Rusia y Ucrania a redentor

Bennett es el primer dirigente en pasar del teléfono al cara a cara con Putin desde que empezó la invasión. Su país goza de una buena relación con Rusia que le permite intervenir en Siria y frenar la presencia iraní.

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Diálogo. Bennett y Putin se reunieron durante más de tres horas. | afp

Cuando años atrás, Naftali Bennett aspiraba a ser ministro de defensa de Benjamín Netanyahu, no imaginó que pronto se encontraría en sus zapatos y que la historia le presentaría exigencias únicas para definir su liderazgo como primer ministro.

Si la historia es algo que se escribe, con suerte, uno puede incidir en su redacción. Pareciera que Bennett eligió cómo retratar su eventual legado. Consideremos la postal que publicó en su cuenta de Twitter al regresar de Moscú. Un redentor que alza en brazos a huérfanos ucranianos en suelo israelí.

 

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Este será el elemento comunicacional central en la composición de una personalidad distintiva a la de su predecesor: Bennett querrá ser recordado como un emisario de paz. Un dialoguista, que pese a su inexperiencia encabezó, como primer primer ministro ortodoxo, de derecha, una coalición de gobierno con judíos religiosos, de centro, de izquierda, y con árabes musulmanes. Más aún, que desde su inexperiencia, y gracias a su historial limpio en el cargo, supo capitalizar la posición estratégica de su país para entenderse con, por ejemplo, Olaf Scholz -flamante canciller alemán- y aliado necesario en Europa para gestas mayores.

Entre ellas, nunca habrá concebido mérito mayor que romper heroicamente el shabat para oficiar de puente entre Putin y Zelensky. Probablemente, lo más justo sea decir que Bennett, sin cambiar mucho el rumbo que trazó Netanyahu, cosecha actualmente las amistades estratégicas entre Israel y sus aliados.

 

Buscando un símbolo de paz

Es que en Occidente no hay nadie en condiciones de encarnar la estampita del Bennett Redentor, sino que priman las sanciones económicas, los envíos de armas a Ucrania y declaraciones de repudio a Moscú. En cuanto a China, la guerra afecta sus intereses e inversiones, por ende, el rechazo a la guerra pesa más que cualquier toma de partido y la respuesta es una distancia prudente.

Al otro lado del Mar Negro, Recep Tayyip Erdogan expresa vocación de mediar pero, como vecino que porta la llave del paso de buques, está demasiado comprometido con ambas partes. Pese a ello, no es menor quelas delegaciones de Ucrania y Rusia aceptaran encontrarse en Turquía para negociar.

Desde la anexión de Crimea en 2014, la India se abstiene de condenar a Rusia en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Es que India depende casi enteramente de importaciones de armas rusas y ha aspirado a evitar acercamientos entre Moscú con sus vecinos, China y Pakistán. Hoy, el aislamiento actual de Rusia provoca una sofocante sensación de acorralamiento que sus buenos vínculos con Occidente (recordemos la alianza de cooperación militar con Estados Unidos, Japón y Australia, el Diálogo de Seguridad Cuadrilateral) no calman.

La derecha llega al poder en Israel: quién es el nuevo primer ministro Naftali Bennett

En el Medio Oriente, por un lado, el aumento del precio del trigo afecta desde Marruecos a Yemen. Por otro, el aumento del precio del gas natural licuado es una oportunidad para el Golfo que, sin embargo, preocupa por el impacto en la demanda futura. Priman declaraciones cautelosas, salvo para Siria, estrecha aliada de Moscú.

Por su parte, la República Islámica de Irán repudió la guerra pero sin contrariar a Putin. El timing lo es todo: la guerra en Ucrania puede afectar las inminentes negociaciones nucleares. Es más, el aislamiento ruso podría generar nuevos escenarios regionales. En Teherán, se preguntan, ¿qué tan cerca del Kremlin conviene estar?

Si bien la abstención iraní en la Asamblea General de la ONU es un guiño a Moscú, Irán espera entenderse con Estados Unidos. Teherán aspira a firmar un acuerdo nuclear pronto que ponga fin a años de sanciones y aislamiento, reactivando su economía y reanudando los contratos caídos con empresas europeas. La perspectiva de absorber la demanda energética europea en un contexto de aumento de precio en combustibles facilitaría ciertas treguas. Por qué no, quizás, con los aliados de EE.UU. más notables en la región: sus competidores vecinos, el Consejo de Cooperación del Golfo, yen el Mediterráneo, Israel.

El premier israelí Bennett intenta una mediación

 

El hombre que rompió el shabat

Tanto Irán como Rusia pretenden que sus respectivas sanciones se levanten y aguardan un buen desenlace de las negociaciones. Tal vez de eso hablaron Bennett y Putin, en Moscú: quizás Israel pueda comprometer a Occidente a separar la cuestión ucraniana de la cuestión nuclear en Irán.

En efecto, Bennett es el primer dirigente en pasar del teléfono al cara a cara con Putin desde que empezó la invasión. Su país goza de una buena relación con Rusia que le permite intervenir en Siria y frenar la presencia iraní. No es una potencia, ni un BRIC, ni sufre urgencias económicas. Con más de un millón de inmigrantes ucranianos y rusos, y con peregrinajes constantes de judíos a Ucrania, Israel es un país afín a ambas partes. Además, sus vínculos con Washington, Europa y Rusia son credenciales más que suficientes para hablar con unos sin ofender a otros; es más, Estados Unidos saludó los esfuerzos de Bennett en Moscú.

La alianza Bennett-Lapid intentó superar una larga y escandalosa sucesión de mando frente a un Netanyahu aferrado al cargo para evitar procesos judiciales. Netanyahu no dudó en derechizar el parlamento a niveles insólitos con ese fin, mientras que Bennett supo ser pragmático: rompió con él y halló nuevos e improbables aliados, encabezando una heterogénea alianza sin precedentes.

Ucrania padece la crisis de liderazgo de Occidente

Así, Bennett reemplazó a Netanyahu y hoy la historia golpea a la puerta. Noes que su gabinete carezca de tensiones y contradicciones internas. Ayelet Shaked, ministra del interior, no brilla por acoger a los refugiados: duda de la judeidad de los ucranianos judíos que buscan asilo en Israel. Es “imposible absorberlos”, dice: solo un 10% sería kosher y el problema es que llegan en oleadas de miles.

La guerra presenta a Israel múltiples oportunidades, por ejemplo, replantear sus políticas humanitarias:¿abrazará a todos sus refugiados por igual, o permanecerán los campos de detención de africanos? ¿Acaso el “Bennett redentor”, que rompió el shabat por la paz, demostrará su compasión puertas adentro? Esto implicaría modificar el restrictivo reconocimiento de judeidad, la exclusión que padecen las minorías árabe, drusa, beduina y afro-descendiente, la admisión de buscadores de asilo y, claro está, probar sus adquiridas capacidades dialoguistas para encarar la reconciliación con el pueblo palestino en negociaciones acordes.