domingo 25 de septiembre de 2022
OPINIóN Análisis

Los instrumentos y sus reglas: la sorpresa COVID

Lograr democratizar el conocimiento que se genera es un desafío y definir los instrumentos para que se concrete en función de los objetivos es claramente posible y es una obligación esencial de todas las instituciones financiadas por la sociedad.

17-09-2022 14:54

Las actividades de investigación científica, investigación tecnológica, desarrollo e innovación exigen instrumentos promocionales, modalidades de gestión y mecanismos de evaluación ágiles, dinámicos y adaptados a las características de cada actividad. El desafío es promoverlos sin destruir absolutamente nada, alentando vía premios en financiamientos orientados y transparentes, las actitudes y las organizaciones virtuosas necesarias.

¿El análisis pasa por demonizar el mérito, el esfuerzo y estigmatizar a los distintos? ¿O el desafío es lograr que las capacidades que tanto esfuerzo han costado para que se genere a los unos “y” a los otros, pueda crecer, articularse y generar beneficios para todos? En este desafío pensamos cuando hablamos del desarrollo como acuerdo de la comunidad.

Por tal razón analizamos los instrumentos de promoción, gestación, sustento y contención de sistemas en el que el rol de todos los actores es relevante y en el que el ROL del estado como articulador, motor, control, equilibrador, dinamizador se torna imprescindible.

Considerando lo reciente de la experiencia, vale la pena profundizar las razones de “la sorpresa del COVID”. Parece interesante analizarlo, porque es un experimento no buscado ni querido, pero que ejemplifica los efectos de la aplicación concentrada de varios de los análisis que buscamos motivar a que se discutan.

La sorpresa COVID se produce en muy diversos ambientes, e independientemente de su relación con los sectores de CTI (universitarios, empresarios, medios de prensa, funcionarios, sociedad en general). Simplemente en muchos de los más variados ámbitos se destacó la rapidez de respuesta, el número y diversidad de aportes y el nivel de estos, considerando la participación de los científicos y tecnólogos argentinos en avances tanto locales como en desarrollos internacionales en el tema. En algunos sectores llamó la atención, insisto, la respuesta de los científicos y tecnólogos a las demandas generadas por la existencia del COVID, como si esos virtuosos procesos pudieran surgir por generación espontánea.

Conocimiento y desarrollo: No nos sobra nadie

A mi entender, la sorpresa, que no es ni más ni menos que el reconocimiento y la visibilización de las capacidades y de las posibilidades de interrelación y acción conjunta, se produjo como consecuencia de la identificación clara de una demanda y que ella era una prioridad con pleno consenso social. Ese consenso hizo que, independientemente de las inconsistencias de las reglas, los proyectos comprometidos, los intereses individuales y las relaciones usuales, se entrelazan los actores y sumarán voluntades y capacidades potenciando y cohesionando rápidamente el sistema. Se constituyeron así grupos de trabajo con la más clara demostración que frente a la identificación de un problema concreto existen recursos humanos y recursos de infraestructura capaces de reaccionar en línea con los máximos niveles de competencia internacional. Debe hacerse notar que muchos de estos investigadores que vienen desempeñándose y orientándose a la resolución de problemas concretos, llevan años buscando mejorar los normalmente rígidos y defectuosos marcos institucionales que no facilitan los comportamientos sistémicos, de hecho, se entrelazaron frente a las necesidades del COVID. Frente a la demanda de cuidar la vida e independientemente de las dificultades, superaron los riesgos de empujar las barreras, superaron en base al sentido común las reglas esquizofrénicas y avanzaron aún cuando las jerarquías institucionales siguieran evaluando riesgos y oportunidades políticas. Esto hizo que un ejército de ágiles “ratones” movilizaran a los “pesados elefantes”.

Mantener estas redes de contención y diseñar los instrumentos y las organizaciones que transparenten y faciliten dichas conductas podría constituirse en una de las mejores consecuencias de un tiempo tan triste y complejo como la pandemia que hemos vivido.

En tal sentido se deberían analizar y sistematizar las conductas que hicieron que en cada proyecto y en la mayoría de los casos, debido a la tracción de investigadores y tecnólogos y a la participación de sectores productivos y organizaciones sociales comprometidos con el bien común y la urgencia, se entrelazan grupos de trabajo, se respetaran roles institucionales y se ejecutarán acciones concretas. Es importante hacer notar que en la mayor parte de los casos los individuos buscaron en todo momento resguardar las responsabilidades y la entidad de las instituciones a las que pertenecen. 

Lograr democratizar el conocimiento que se genera es un desafío, y definir los instrumentos para que se concrete en función de los objetivos es claramente posible y es una obligación esencial de todas las instituciones financiadas por la sociedad.

Para eso es importante resaltar que la acción de agregar valor al conocimiento facilitando su adopción por la sociedad, no debe quedar supeditado sólo a los requerimientos de “rendición de cuentas” de organismos locales, regionales, nacionales o internacionales, ni tampoco a cubrir debilidades presupuestarias, ni debe estar condicionado por las urgencias de recursos que suelen padecer investigadores, laboratorios e instituciones de I+D+i. No debería ser tampoco resultado de las urgencias políticas de publicar resultados de gestión que luego no perduran en el tiempo.

Las instituciones deben ser dinámicas y es virtuoso e imprescindible el permanente aporte de nuevas capacidades… sin embargo el proceso de “actualización” debería ser lo que a las plantas es la poda.  Nunca arrancarlas de raíz, ni dejarlas próximas a la muerte por inanición o incapacidad del jardinero…  y siempre mantenerlas libres de condicionantes ideológicos o urgencias de política partidaria.

El desafío es cómo articular el sistema de forma tal que cada una pueda potenciar al máximo sus habilidades superar demandas ideológicas o político partidarias

Hacer política pública implica administrar recursos públicos. Hacer política es otorgar recursos y esa asignación debe hacerse cumpliendo objetivos, y respetando la planificación, los valores y el bien común de toda sociedad que los aporta.  Claro que la planificación no puede ser un compendio de generalidades sin respaldos de estudios prospectivos. 

Planificar requiere definir en conjunto “un futuro compartido”, estudiar e identificar los caminos para su realización, establecer hitos de evaluación, indicadores y acciones de corrección… pero eso será tema de otro análisis.

*María Luz Martiarena es doctora en Física, investigadora del CONICET y directora de Innovación del Instituto Balseiro.

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