OPINIóN
Política

La parábola espectacularmente perfecta de Milei

Milei: producto exitoso de Massa para debilitar a Mauricio (que terminó asociado con Mauricio para vencer a Massa).

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Mauricio Macri y Javier Milei. | JorgeAsisDigital

Lejos de superar la grieta, las propuestas “innovadoras” del presidente Javier Milei las profundizan.

Efecto involuntario del Decreto y de la Ley Ómnibus de Sturzenegger.

Artificios que acaban de obtener, en la Pajarera de Diputados, el dictamen favorablemente chirle. Concesiones de la “oposición dialoguista”.

Para rechazar (las propuestas), la “Argentina de la decadencia” reprodujo una extraordinaria demostración de fuerza.

La CGT convocó a una multiplicidad de actos por todas las ciudades de la república para complementar la ceremonia del paro inconcebible en la plenitud de enero.

La generosa intensidad del acontecimiento debería inquietar a los libertarios modernizadores que sufragaron con entusiasmo para que Milei construyera finalmente “el país normal” con “libre comercio” e “integrado al mundo”.

Una lástima que intentar cargarse a la placidez del atraso derive en una utopía culturalmente inútil.

La reliquia del retroceso

En la práctica, Milei no tenía, siquiera, el esbozo de un plan. Contaba con un conjunto de ideas deshilvanadas que resultaban útiles para completar el carisma marketinero de su aspecto extravagante. Aludían a la temible motosierra, la dolarización compulsiva y a la evaporación indispensable del desvencijado Banco Central.

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Pero cuando Milei percibió que había llegado demasiado lejos (sin tener nada tangible en la mano) ya era tarde. Había obtenido el ticket para participar de la segunda ronda, paradójicamente junto a Sergio Massa, El Profesional (que lo había ayudado para llegar a esa instancia).

En determinados distritos, el “armado” rápido de Milei incluía candidatos que desconocía. Respondían a operadores que mantenían la terminal en Massa.

Candidatos audaces que automáticamente, después de las PASO (tóxicas) se identificaban como seguidores históricos de Milei. Pero sobreviene, de pronto, la segunda ronda entre Massa y el invento.

¿Cómo el invento, Milei, podía ganarle a Massa, acaso el inventor? Menos que matemática, la respuesta fue política.

Sin percatarse que el poder (que le pertenecía) se le caía encima, Milei se precipitó en dirigirse, con mansedumbre, hacia la residencia de Mauricio Macri.

El Ángel Exterminador lo esperaba con los brazos (y los planes) abiertos. Y con el estandarte indignamente derrotado de la señora Patricia Bullrich, la Montonera del Bien.

“A ver, quiero entender este negocio, Rocamora”. Lo confirma el votante de Milei.

“El domingo le ganamos a la Bullrich, la dejamos afuera del ballotage y el martes fuimos a entregar los trapos a Mauricio, en Acassuso”.

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Para entender al honesto amigo (votante de Milei) debe interpretarse la magnitud del fenómeno.

Primero que Milei no tenía, en concreto, nada en la mano.

Contaba con la fervorosa hinchada de libertarios que lo veneraban. Con el conocimiento conmovedor del funcionamiento de la economía que le facilitaba el sembrado de ideas descabelladas.

La popularidad televisiva de Milei se extendía en medio del desierto notable de ideas.

Se estaba por quedar con la presidencia del país deprimido y sin fe, aunque aún importante.

Pero carecía del menor indicio de idea para resolver la tragedia. La sucesión de fracasos que lo habían convertido en un ejemplo de reliquia.

En efecto, una reliquia del retroceso.

Como un cholulo

“Milei fue un producto exitoso del peronismo para debilitar a Mauricio”.

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Desde un perfil de derecha artificialmente pronunciada, Milei se obstinó en debilitar a Bullrich y a don Horacio Rodríguez Larreta, Geniol.

Fueron suficientes galimatías para vencerlos.

El problema es que debía toparse después con el doctor Frankenstein. Massa había participado activamente en la invención del monstruo.

Pero al final vencer a Massa, con la ayuda de Mauricio y de Bullrich, le iba a resultar bastante más fácil a Milei que desvencijar la estructura de Juntos por el Cambio.

Entonces la parábola de Milei es espectacularmente perfecta.

Tuvo demasiado éxito en la tarea. Logró debilitar al Ángel desde “la derecha”.

El inventado debía ahora sacar del escenario también al instrumentador que le había puesto prolijamente segundas y terceras líneas en la Armada Brancaleone.

Para aniquilar justamente a Massa es que Milei se traslada hacia Acassuso. Para rendirse ante el Ángel, el Celebrity, como un gran cholulo.

A los efectos de completar la perfecta parábola y destruir al Frankenstein íntimo.

La eterna grieta

A esta altura, con amplitud, Milei se merece el apodo de Menem Trucho.

Por calificar a Carlos Menem, El Emir, “el mejor presidente que tuvo la Argentina” (discutible idea que el portal, en el fondo, comparte).

O por calificar también a Domingo Cavallo, Asesor Oculto, como el “ministro superior”.

Los enternecidos nostálgicos del menemismo suelen conmoverse ante la justa reivindicación y entonces se blindan ante Milei por simpatía.

Pero consta que Milei superó a Menem, incluso, hasta como trucho.

Y sin ningún Partido Justicialista detrás.

Milei no vaciló en presentarse en templos televisivos de la política junto a la señora Victoria Villarruel, La Cayetana (Álvarez de Toledo). Compañera de fórmula.

Para anunciar, poco antes de la primera ronda, que sería la “encargada de los temas de la Defensa y de Seguridad”.

Ministerios que fueron servidos, en bandeja de plata, justamente a la fórmula que había sido adversaria.

Luis Petri, Carucha Radical, es ministro de Defensa.

Y la señora Bullrich es ministro de Seguridad. Después de haberle aportado, en otra bandeja (de plástico) los planes demenciales que había borroneado Federico Sturzenegger, El Bailarín Compadrito.

Responsable intelectual del Decreto que aún se discute, con mala fe, en la Pajarera.

Como vericuetos de la Ley Ómnibus que consolida la grieta, hasta la eternidad.

** Escribe Oberdán Rocamora, redactor estrella, para Jorge Asís Digital.