OPINIóN
Justicia

Loan: Si todos saben, ¿quién miente?

Aquella tarde comenzó una búsqueda. Después comenzó otra cosa: una de las investigaciones penales más extraordinarias y confusas de los últimos años.

Caso Loan Peña
Caso Loan Peña | NA

Loan Danilo Peña tenía cinco años cuando desapareció el 13 de junio de 2024 en El Algarrobal. Desde entonces hubo rastrillajes, detenciones, hipótesis de trata, accidente, sustracción, pistas falsas, vehículos, perros, teléfonos, un botín convertido en evidencia y enigma, una investigación federal y finalmente un juicio oral. Siete personas están acusadas por la sustracción y ocultamiento del niño. Esta semana tres de ellas decidieron hablar. Y ocurrió algo extraordinario: cada una contó una verdad diferente. Dos años después, la causa sabe muchísimo sobre quienes rodeaban a Loan. Todavía no sabe dónde está Loan.

Un niño salió a buscar naranjas

Todo comenzó con una escena que, observada antes de conocer su desenlace, parecía insignificante. El 13 de junio de 2024 Loan llegó junto a su padre, José Peña, a la casa de su abuela Catalina, en el paraje El Algarrobal, cerca de 9 de Julio, Corrientes. Hubo un almuerzo familiar. Después, varios adultos y niños caminaron hacia un naranjal. La última fotografía que registra a Loan fue tomada a las 13.52. Para la acusación fiscal, entre ese momento y las primeras comunicaciones que alertaron sobre su ausencia se produjo la sustracción del niño. La tesis que llegó a juicio sostiene que Loan no se perdió: alguien lo apartó de la custodia de su padre y posteriormente fue ocultado.

Aquella tarde comenzó una búsqueda. Después comenzó otra cosa: una de las investigaciones penales más extraordinarias y confusas de los últimos años.

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Primero fue buscarlo

Se rastrillaron campos, montes, lagunas, esteros y caminos. Intervinieron policías, fuerzas federales, perros, drones, helicópteros y especialistas. La llamada “zona cero” fue recorrida reiteradamente sin que apareciera una explicación compatible con el extravío. Con el paso de los días el expediente dejó de preguntarse solamente dónde estaba Loan y comenzó a preguntarse quién se lo había llevado. La investigación pasó al fuero federal y alrededor del caso empezaron a crecer hipótesis que algunas veces parecieron competir entre ellas: abandono, trata, accidente, sustracción, traslado, ocultamiento.

Pero mientras las hipótesis cambiaban, una circunstancia permanecía inalterable: Loan no aparecía.

Siete personas en el centro

El 4 de diciembre de 2024 la jueza federal Cristina Pozzer Penzo procesó con prisión preventiva a Bernardino Antonio Benítez, Laudelina Peña, María Victoria Caillava, Carlos Guido Pérez, Daniel Oscar Ramírez y Mónica del Carmen Millapi como coautores de la sustracción, y a Walter Adrián Maciel como partícipe necesario. La Cámara Federal de Corrientes confirmó esos procesamientos en abril de 2025. Poco después, el Ministerio Público Fiscal pidió que los siete fueran llevados a juicio.

Caso Loan

La hipótesis fiscal es particularmente grave porque no describe una desaparición accidental. Sostiene que los imputados habrían intervenido coordinadamente en la sustracción y posterior ocultamiento de Loan. En el caso de Maciel, entonces jefe de la comisaría de 9 de Julio, la acusación le atribuye haber utilizado su posición para montar un escenario de búsqueda que habría dificultado encontrar al niño. Naturalmente, ésa es la acusación que deberá probarse en el debate; no una sentencia anticipada.

Un expediente que creció hasta tapar al niño

Después aparecieron los vehículos, los teléfonos, las comunicaciones, los perros, las huellas odoríficas, el botín, los horarios, el libro de guardia, las búsquedas interrumpidas, los testimonios contradictorios y una cantidad extraordinaria de personas que ingresaron en los márgenes de la investigación. El caso generó además expedientes conexos por presuntas maniobras destinadas a desviar o entorpecer la pesquisa. Por eso el juicio que comenzó en junio de 2026 reunió a 17 acusados: los siete vinculados directamente por la acusación con la sustracción y ocultamiento y otras personas imputadas por diferentes conductas relacionadas con el posterior entorpecimiento.

La magnitud del expediente produjo una paradoja: cuanto más crecía la causa, más difícil parecía mantener visible su pregunta original.

¿Qué pasó con Loan?

El juicio: sacar el ruido

El juicio oral debería cumplir precisamente esa función. Un debate no existe para confirmar rumores sino para destruirlos. La inmediación, la contradicción, el examen y contraexamen, las pericias y la sana crítica racional obligan a separar aquello que puede demostrarse de aquello que solamente fue dicho. Una causa penal puede contener cientos de sospechas; una sentencia sólo puede contener hechos probados.

Durante meses declararon padres, hermanos, familiares, policías, investigadores, peritos y testigos. Se reconstruyeron las primeras horas, los rastrillajes, los vehículos y las conductas posteriores. Pero esta semana ocurrió algo diferente: comenzaron a hablar algunos de los propios acusados. Y cuando lo hicieron, el juicio dejó expuesto un fenómeno formidable.

No apareció una versión. Aparecieron varias.

Siete imputados. siete versiones

El cuadro permite visualizar algo que cientos de páginas pueden ocultar: los acusados comparten la negativa de responsabilidad propia, pero las explicaciones empiezan a colisionar cuando deben reconstruir qué ocurrió con Loan y qué hicieron los demás.

Laudelina dinamitó el accidente

Laudelina Peña reconoció esta semana ante el Tribunal que había mentido cuando sostuvo que Loan había sido atropellado. Pidió perdón y atribuyó la construcción de aquella versión a su entonces abogado José Fernández Codazzi. Según su declaración actual, nunca presenció ese accidente.

La confesión de una mentira es relevante, pero jurídicamente no convierte la siguiente declaración en verdad. Apenas demuestra algo perturbador: una versión falsa -si efectivamente lo fue- consiguió introducirse en la investigación de la desaparición de un niño.

Entonces la pregunta cambia: si el accidente fue inventado, ¿para qué fue inventado?

Benítez: “ella sabe”

Al día siguiente declaró Antonio Benítez. Negó haber participado en la desaparición, reconstruyó situaciones ocurridas durante el almuerzo y colocó sospechas sobre Pérez y Caillava. Pero pronunció una frase mucho más inquietante respecto de Laudelina: dijo creer que ella sabe la verdad.)

El problema aparece inmediatamente. ¿Qué verdad? ¿La del accidente que Laudelina sostuvo durante un tiempo? ¿La de que ese accidente nunca existió? ¿Otra que todavía no conocemos?

Una contradicción no prueba culpabilidad. Pero tampoco desaparece porque resulte incómoda.

Maciel resucitó lo que Laudelina enterró

Entonces declaró Walter Maciel y produjo el choque más fuerte de la semana. Mientras Laudelina acababa de afirmar que el atropellamiento había sido inventado, el excomisario sostuvo exactamente lo contrario: afirmó que hubo un atropellamiento, un posterior levantamiento y un ocultamiento de Loan. Señaló como responsables a Carlos Pérez, María Victoria Caillava y Laudelina Peña y, en cambio, desvinculó a Benítez, Ramírez y Millapi. También negó haber ordenado adulterar documentación de la comisaría.

Laudelina enterró la teoría del accidente. Cuarenta y ocho horas después, Maciel la resucitó.

Y allí aparece quizás la pregunta jurídicamente más importante de su declaración. Si Maciel afirma que no participó, que desconocía lo que iba a ocurrir y que llegó posteriormente a esa conclusión analizando el expediente, ¿cómo puede afirmar categóricamente no solamente que hubo un atropellamiento sino que después Loan fue levantado y ocultado? ¿Lo sabe? ¿Se lo dijeron? ¿Lo deduce? ¿De qué prueba?

Entre saber, escuchar, inferir y suponer existe una distancia enorme cuando una persona está sentada frente a un tribunal penal.

El pacto empieza a hablar

La fiscalía ha hablado de un supuesto pacto de silencio. Esta semana ese silencio comenzó a romperse, pero todavía no sabemos si para acercarnos a la verdad o para multiplicar las versiones. Laudelina señala a unos. Benítez sospecha de otros. Maciel acusa a tres y desvincula a tres. Cada uno se defiende —como constitucionalmente tiene derecho a hacerlo-y cada uno coloca la responsabilidad fuera de sí mismo.

El fenómeno podría describirse como un sistema de acusaciones circulares: todos explican qué pudieron haber hecho los demás y ninguno proporciona todavía una respuesta verificable acerca del paradero de Loan.

Declarar no es probar

Ése será el verdadero trabajo del Tribunal. No decidir quién habló con mayor seguridad, quién lloró, quién pareció convincente o qué hipótesis resulta periodísticamente más atractiva. Tendrá que confrontar cada afirmación con comunicaciones, horarios, testimonios independientes, vehículos, pericias, registros, conductas y toda la prueba legítimamente incorporada.

El proceso penal no funciona por acumulación de sospechas. Diez sospechas no forman una certeza. Diez relatos tampoco forman una prueba.

Y existe una dificultad adicional: cuando dos imputados afirman cosas incompatibles sobre el mismo hecho, ambos relatos no pueden ser simultáneamente verdaderos en aquello que se contradicen. Laudelina dice que el accidente fue inventado. Maciel dice que ocurrió. La sentencia tendrá que explicar cuál de esas hipótesis —si alguna-resiste la prueba.

Dos años después

La Argentina conoce hoy centenares de nombres relacionados con el expediente. Conoce abogados, fiscales, jueces, policías, investigadores, peritos, fundaciones, videntes, supuestos expertos y personajes que aparecieron alrededor de la causa. Conoce discusiones sobre perros, automóviles, teléfonos, horarios, botines, documentos y decenas de pistas.

Pero Loan tenía cinco años.

Él no construyó ninguna hipótesis. No eligió ningún abogado. No dio ninguna entrevista. No pudo contradecir a nadie. No pudo explicar qué ocurrió aquella tarde.

Los adultos llevan más de dos años haciéndolo por él.

Todos dicen lo que les dicen sus abogados. Loan sigue faltando

Quizá después de semejante expediente haya llegado el momento de volver a las preguntas más sencillas. ¿Quién se llevó a Loan? ¿Dónde está? ¿Para qué se lo llevaron? ¿Y quién conoce esas respuestas y todavía no las dijo?

El juicio oral representa probablemente la mejor oportunidad que tuvo esta causa para ordenar el caos. Debe respetar escrupulosamente la presunción de inocencia, el derecho de defensa y las reglas de prueba. Pero respetar garantías no significa aceptar relatos sin examinarlos. Significa exactamente lo contrario: exigir que una condena sólo pueda construirse sobre evidencia y que una hipótesis se descarte cuando esa evidencia no existe.

Esta semana los imputados empezaron a hablar. Dijeron mucho sobre los otros. Se acusaron, se contradijeron y ofrecieron explicaciones incompatibles.

Ahora falta que hable la prueba. Porque después de dos años, miles de páginas y cientos de horas de debate, la causa no necesita otra teoría sobre Loan. Necesita saber la verdad.

TC