Hay textos periodísticos que no admiten la lectura al pasar. Obras de análisis tan impecables como aterradoras que logran, en unas pocas líneas, unir los puntos dispersos de una realidad global fragmentada y mostrar el mapa completo del desastre. Esto es precisamente lo que logró Bret Stephens —uno de los analistas más brillantes y respetados de Estados Unidos y del mundo— en una reciente y magistral columna publicada en el New York Times y reproducida en la Argentina.
Stephens retoma una tesis que planteó al inicio de la invasión a gran escala a Ucrania en 2022: la Tercera Guerra Mundial no es una amenaza abstracta del futuro, ya comenzó. Para comprenderlo, el analista nos pide mirar la historia. La Segunda Guerra Mundial no empezó el 1° de septiembre de 1939 con la invasión alemana a Polonia, sino que fue la acumulación paulatina de crisis regionales —iniciada con la invasión japonesa a Manchuria en 1931— que terminó convergiendo en un solo conflicto planetario.
Hoy asistimos a un patrón idéntico. La convergencia de las ambiciones de los estados totalitarios, sumada a las vacilaciones y el apaciguamiento de las democracias occidentales, nos está arrastrando al abismo.
A continuación, los cinco factores clave que plantea Stephens para entender la tormenta que se está acumulando:
1. Los escenarios bélicos se multiplicaron y comenzaron a cruzarse
Los conflictos ya no están aislados. La conexión se hizo evidente cuando Ucrania atacó un buque iraní en el Mar Caspio que transportaba material militar para las fuerzas de Vladimir Putin. En ese instante, la guerra en Europa Oriental se cruzó definitivamente con la guerra en Medio Oriente.
Los recursos son finitos: el gasto masivo de interceptores de misiles en Medio Oriente por parte de Estados Unidos e Israel para frenar a Irán y sus aliados deja hoy desprotegida a Ucrania en su defensa antiaérea contra los bombarderos rusos.
2. El "Eje de los Autoritarios" ya es una alianza militar operativa
Rusia, Irán, Corea del Norte y China ya no operan de forma independiente; actúan como un bloque coordinado: Corea del Norte provee millones de proyectiles y miles de soldados para combatir en suelo ucraniano a cambio de modernización militar rusa. China suministra la tecnología y los componentes electrónicos esenciales con los que se fabrican los drones que destruyen ciudades ucranianas. Irán recibe inteligencia estratégica rusa sobre objetivos y bases norteamericanas en Medio Oriente.
3. Occidente atraviesa un desorden político autoinfligido
La cohesión occidental cruje. Mientras Donald Trump hostiga a aliados estratégicos e históricos como Canadá desatando guerras comerciales descabelladas que solo terminan empujándolos a buscar acuerdos con Pekín, los aliados europeos se muestran paralizados y divididos.
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4. Una preocupante falta de preparación militar y estratégica
A pesar de contar con el presupuesto militar más alto del planeta, Estados Unidos exhibe debilidades estructurales alarmantes. En Ucrania, el equipamiento pesado tradicional, como los tanques estadounidenses, ha quedado prácticamente obsoleto y junta telarañas en los bosques debido al uso masivo de drones con inteligencia artificial.
A esto se suma la miopía de la conducción del Pentágono bajo la gestión de Pete Hegseth, más enfocado en batallas culturales e ideológicas internas que en modernizar las fuerzas armadas o resolver el desgaste crítico de la flota naval.
5. La amenaza latente de un precipicio económico
A diferencia de la década de 1930, el mundo no atraviesa una Gran Depresión, pero las señales de alerta se multiplican. Un eventual pinchazo en la burbuja de la inteligencia artificial, sumado al peso insostenible de una deuda estadounidense que supera los 40 billones de dólares, podría desencadenar un pánico financiero global.
La historia enseña una regla de oro insostenible: en épocas de crisis económica, las democracias se vuelven más adversas al riesgo, mientras que las dictaduras se vuelven dramáticamente más propensas a asumirlo.
Un llamado de atención para despabilarnos
Ucrania ha demostrado un heroísmo churchilliano admirable, resistiendo la embestida rusa aun cuando el apoyo occidental flaquea. Sin embargo, no podemos seguir mirando para otro lado ni conformarnos con el entretenimiento superficial mientras el orden global se desmorona.
El trabajo de Bret Stephens es quizás lo más importante que se ha escrito en el año. Nos obliga a entender que las guerras no son eventos lejanos e inconexos, sino piezas de un mismo dominó que ya empezó a caer.
MEG