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OPINIóN / A 129 años de la muerte
lunes 29 julio, 2019

Los amarillos de Van Gogh

Su vida osciló entre una beatitud de predicador protestante y una viciosa relación con prostitutas, que culminó con la entrega de su oreja a una de ellas.

Omar López Mato

Vincent Van Gogh, pintor. Foto: Cedoc
lunes 29 julio, 2019

De los 37 años que vivió, Vincent Van Gogh dedicó casi veinte años a la pintura, pero solo vendió uno de los quinientos cuadros que produjo.

Su vida osciló entre una beatitud de predicador protestante y una viciosa relación con prostitutas, que culminó con la entrega de su oreja a una de ellas. Fluctuó entre la idílica relación con su hermano Theo y los intentos de agresión a Gaugin, se extendió desde la oscuridad de los cuadros iniciales al brillo alucinante de su obra final.

Mucho se ha escrito sobre los males de este hombre que lo llevaron al hospicio, a la automutilación y, finalmente, al suicidio (aunque hoy se debate esa posibilidad). Sufrió una lenta agonía ante la consternación de su hermano, que moriría seis meses después. “Es asunto mío”, fueron sus ultimas palabras.

Epilepsia o esquizofrenia suelen ser los diagnósticos que explican las conductas de Vincent. Probablemente la impulsividad de sus actos, sus oscilaciones, la viscosidad en sus relaciones y la tendencia a la autoagresión nos inclinen a pensar más en este último diagnóstico.

Siguiendo la huella de Van Gogh a través de Holanda

En una época de reducida farmacopea, los profesionales tenían la costumbre de usar remedios en forma mas extendida al de su real utilidad. El Dr. Félix Rey, médico recién graduado, fue el responsable de tratar a Vincent durante su internación en el hospital Arlés. Muy probablemente, lo haya medicado con digitalina, producto sobre el que Rey presentó varios trabajos valorando sus efectos terapéuticos en epilépticos.

Van Gogh le regaló al Dr. Rey un retrato pintado durante su internación. La obra terminó en un desván, aunque algunos sostienen que Rey la usó para tapar un agujero en el gallinero de su casa. Años después, cuando le comentaron que su paciente era un pintor reconocido, pensó que se burlaban de él. El cuadro fue vendido años más tarde por su descendencia.

La digitalina es un compuesto que se extrae de la planta digitalis purpúrea, flor ya utilizada por las curanderas medievales para tratar el edema producido por la insuficiencia cardíaca. A la fecha, continúa utilizándose en el esquema terapéutico para dicha afección.

La digitalina usada en exceso tiene un efecto colateral en la visión: la exaltación del color amarillo (técnicamente llamada xantopsia).

El Dr. Gachet fue el médico que trató a Vincent en los últimos meses de vida. Lo había conocido por su hermano, siguiendo una recomendación de Pisarro.

Van Gogh: en la puerta de la eternidad

Gachet, un pintor aficionado, era amigo de otros impresionistas como Cézanne, un promotor de la homeopatía,  un entusiasta en el uso de la digitalina. Curiosamente, el último cuadro de Van Gogh muestra al Dr. Gachet con aire soñador sosteniendo una flor en su mano, justamente, una digitalis purpúrea. Este es uno de los cuadros más caros de la historia, aunque existen dos versiones y una de ellas probablemente fue pintada por el mismo Dr. Gachet.

Además de la digitalis, se han señalado otras fuentes de intoxicación como causa de esta tendencia a exaltar el amarillo. Van Gogh era adicto al ajenjo, bebida alcohólica popular hacia fines del siglo XIX, prohibida por los problemas que generaba, debido a su principio activo, el thujone, que también produce visión amarilla.

Vincent vivía solo, tenía escasos medios, su alimentación era irregular, de dudosa procedencia y desequilibrado balance nutritivo. Además tenia la costumbre de llevarse a la boca cualquier objeto, por ejemplo, Signac debió sacarle la trementina que usaba para pintar porque intentó beberla en su presencia. El uso de Santonina, una sustancia usada para los trastornos digestivos también acarrea una alteración en la visión de los colores.

Sea por un problema visual, por la ingesta de tóxicos, o por una inclinación artística propia de su búsqueda estética, Vincent Van Gogh dejó una obra plena de luz y colores donde el amarillo imperó con el áureo fulgor de sus girasoles.


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