Los resultados de un reciente estudio en terapeutas argentinos desafían una creencia muy extendida: la experiencia acumulada de los profesionales no garantiza mejores resultados en psicoterapia. ¿Qué aspectos tomamos en consideración si buscamos comenzar con psicoterapia?
Le proponemos un pequeño experimento. Si usted preguntara a cinco personas que tenga alrededor en el día a día “¿cuáles son las tres cosas más importantes a tener en cuenta al elegir un psicólogo?”, ¿qué respuestas cree que recibiría? ¿qué respondería usted mismo/a? Si en su mente apareció algo como: “que posea mucha experiencia”, le contamos que, primero, esa es la respuesta más común y segundo, sorprendentemente, la evidencia muestra que esto no parece lo prioritario.
La Organización Mundial de la Salud estima que para 2050 la depresión estará entre las tres primeras causas de discapacidad en el mundo. Actualmente, millones de personas buscan ayuda profesional para atravesar el malestar emocional y los jóvenes de entre 12 y 16 años se encuentran entre los más afectados, con niveles alarmantes de ansiedad y depresión que muchas veces no reciben atención a tiempo.
En un contexto global de cambios constantes que plantean desafíos en múltiples dimensiones, la pregunta sobre cómo elegir un buen psicoterapeuta se vuelve urgente. La respuesta más habitual es: “buscá a alguien con experiencia”. Sin embargo, recientes investigaciones sugieren que esta lógica es, como mínimo, incompleta.
Para Bruce Wampold –psicólogo y referente internacional en la investigación de la eficiencia psicoterapéutica -el éxito durante el tratamiento no depende del "marco teórico de referencia", sino de factores humanos y relacionales.
En esta sintonía, un estudio realizado en la ciudad de Buenos Aires durante 2025 evaluó a 72 psicoterapeutas de Buenos Aires y llegó a una conclusión que merece atención: la cantidad de años de experiencia profesional no determina que un terapeuta sea más flexible, más efectivo ni que obtenga mejores resultados con sus pacientes.
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El estudio midió lo que se llama el "estilo personal del terapeuta", un conjunto de actitudes que todo profesional pone en juego durante la terapia: cómo presta atención, qué tan flexible es con las normas y el encuadre terapéutico, cómo se involucra emocionalmente, entre otras. El resultado fue muy llamativo: los terapeutas noveles (cinco años de experiencia o menos) y los expertos (más de 15 años de práctica profesional) mostraban perfiles muy similares en casi todas estas dimensiones.
La capacidad del terapeuta para adaptar el encuadre, objetivos y métodos según las necesidades de cada persona está entre las más asociadas a resultados positivos en psicoterapia. Y al parecer esto es algo que no se desarrolla solo con el paso del tiempo. Requiere formación, supervisión, autoconocimiento y una postura activa del profesional respecto a su propia práctica. Entonces, ¿qué es lo que sí importa?
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La evidencia señala una serie de características que sí se asocian con mejores resultados terapéuticos, y que van mucho más allá del número de años que el profesional tiene en el campo. Para comenzar porque muchos de ellos poseen varios años de experiencia, pero no cuentan con una matrícula habilitante. Actualmente se observan en Argentina y en la región muy elevados niveles de “intrusismo”, es decir, personas que, sin ser psicólogos ni psiquiatras, atienden como si lo fueran, llevando adelante prácticas que no poseen respaldo científico y ponen en riesgo la salud mental de quienes buscan ayuda con algún malestar.
En Argentina la matrícula profesional es un requisito no negociable, solo los psicólogos y los médicos psiquiatras están habilitados para ejercer la psicoterapia. La ley de derechos del paciente 26.529 garantiza y respalda el derecho del paciente a obtener información sobre el diagnóstico, objetivos y enfoque de tratamiento que propone el profesional.
En segundo lugar, hay tres aspectos que el futuro paciente debe tomar en cuenta y sobre los que posee derecho de consultar al momento de ingresar en el consultorio: el enfoque, los objetivos y el feedback.
El marco teórico (o enfoque) y el uso de técnicas respaldadas científicamente marcan una gran diferencia. Hay algunos enfoques con evidencia demostrada que realmente funcionan. Es completamente válido preguntarle a un terapeuta: "¿Qué enfoque usás? ¿cómo trabaja ese enfoque con lo que me pasa a mí? ¿qué objetivos creés que podemos establecer?". Un buen profesional no solo debería poder responder, sino que valorará muy positivamente que el paciente desee informarse sobre esto.
En segundo lugar, trabajar con objetivos claros es una señal de calidad terapéutica. La terapia no debería ser una charla indefinida sin rumbo. Un proceso bien conducido implica saber hacia dónde se va: qué se quiere cambiar, cómo se va a evaluar el progreso, qué indicadores mostrarían que la terapia está funcionando.
Finalmente, el feedback mutuo es parte del proceso. Monitorear juntos (terapeuta y paciente) el curso y el ritmo del tratamiento y adecuar objetivos y expectativas siempre son predictores de buenos resultados terapéuticos.
Dicho lo anterior y en un contexto como éste, la buena noticia es que comenzar con la búsqueda de psicoterapia siempre es algo positivo, y como paciente o potencial paciente tenés derecho a consultar sobre el enfoque de trabajo, a conocer qué técnicas se usarán y por qué, a establecer metas junto con tu terapeuta y a recibir información sobre tu proceso. Está ampliamente demostrado que la psicoterapia funciona, y que tanto el terapeuta como el paciente (o futuro paciente) se involucren en forma activa en ese proceso, es el motor que hace que funcione.
Elegir un psicoterapeuta no debe reducirse a contar los años de experiencia acumulada, sino a valorar la calidad de su formación, la claridad de sus objetivos y la apertura al diálogo con el paciente. La evidencia muestra que lo que realmente marca la diferencia es la capacidad del profesional para adaptar su práctica, sostener un enfoque con respaldo científico y construir un proceso colaborativo en el que el feedback sea parte central. En un escenario donde la salud mental se vuelve cada vez más urgente, reconocer la eficiencia de la psicoterapia es una clave hacia el futuro.