OPINIóN
Home office o presencial

No es dónde se trabaja sino cómo el cerebro se adapta al contexto

Tanto el hogar como la oficina tienen ventajas y limitaciones”, sostiene la autora. En el multitasking, obligamos al sistema nervioso central "a administrar objetivos diferentes y cambiar constantemente de uno a otro”. Cómo cuidar la salud cerebral si se trabaja en casa.

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Home office | Télam

El home office nos trajo beneficios innegables. Nos ahorra tiempo de viaje, nos da flexibilidad y, en muchos casos, nos permite organizar mejor nuestra vida. Sin embargo, trabajar desde casa también puede presentar algunos desafíos para nuestro cerebro si no organizamos adecuadamente el contexto.

Quizás la discusión no debería centrarse tanto en si es mejor trabajar desde casa o desde la oficina. La pregunta más interesante es otra: ¿qué necesita nuestro cerebro para trabajar bien, independientemente de dónde estemos?

Uno de los principales desafíos tiene que ver con la atención. Aunque solemos hablar de multitasking, cuando dos actividades requieren recursos cognitivos nuestro cerebro muchas veces no las realiza verdaderamente al mismo tiempo: alterna entre una y otra. Y cada cambio de tarea tiene un costo.

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La oficina también ofrece pequeñas interacciones sociales espontáneas"

En casa abundan las oportunidades para hacerlo. Estamos escribiendo un informe, miramos WhatsApp, volvemos al informe, ponemos el lavarropas, llega un mail, retomamos el informe. El problema no es que esas tareas sean difíciles, sino que obligamos al cerebro a administrar objetivos diferentes y cambiar constantemente de uno a otro.

El cerebro suele responder a las señales del ambiente y en el hogar hay muchas que nos pueden sacar de foco las cuales tenemos que tratar de controlar.

Cerebro, gran lector de contextos

Nuestro cerebro aprende asociaciones entre lugares, horarios y conductas. Llegar a la oficina puede convertirse en una señal de que comienza la jornada; volver a casa, en cambio, puede indicar que empieza el tiempo personal y se acerca el tiempo de descanso.

Cuando trabajamos, comemos, descansamos y tenemos reuniones en los mismos espacios, esas fronteras pueden desdibujarse. No hace falta disponer de una habitación exclusivamente destinada al trabajo. Muchas veces alcanza con crear pequeñas regularidades: utilizar determinado lugar, armar el espacio al comenzar y desarmarlo al terminar.

También necesitamos generar una “salida” del trabajo. Guardar la computadora, cambiar de ambiente o tener una rutina de cierre del trabajo puede construir una señal sencilla pero importante de que la jornada laboral terminó.

Pero hay una pregunta todavía más importante que cuánto producimos: ¿qué impacto tiene esta modalidad sobre nuestra salud cerebral?

Cuando trabajamos, comemos, descansamos y tenemos reuniones en los mismos espacios, esas fronteras pueden desdibujarse"

La salud de nuestro cerebro no depende solamente de cuánto lo desafiamos cognitivamente. También está relacionada con factores como el sueño, la actividad física, la alimentación y nuestros vínculos sociales.

Para algunas personas el home office significó mayor bienestar. Para otras, dejar de caminar hasta el transporte público, pasar muchas más horas sentado, comer de manera más desorganizada o perder buena parte de las pequeñas interacciones sociales que antes aparecían espontáneamente durante la jornada.

Si trabajar desde casa hace que nos movamos menos, nos aislemos, durmamos peor o deteriore nuestra alimentación, hay algo que necesitamos reorganizar. Ya no estamos hablando únicamente de productividad: también estamos hablando de salud cerebral.

Cómo cuidar la salud cerebral si se trabaja en casa

  • Crear un contexto de trabajo. Elegir, siempre que puedas, un lugar para trabajar y generá pequeñas rutinas que le indiquen a tu cerebro que la jornada comenzó.
  • Cuidar los espacios de descanso. Evitar trabajar desde la cama o convertir el dormitorio en una extensión de la oficina. Preservar ciertos contextos asociados al descanso puede favorecer el sueño.
  • No mezclar todo al mismo tiempo. Estar en casa no significa que tengamos que trabajar mientras cocinamos, ponemos el lavarropas o resolvemos otras tareas. Cambiar constantemente de objetivo también tiene un costo cognitivo.
  • Recuperar el movimiento que perdiste. Caminar hasta el transporte, subir escaleras o movernos dentro de la oficina también sumaba actividad física. Si ese movimiento desapareció, incorporalo deliberadamente.
  • Cuidar la alimentación. Tener la cocina cerca no garantiza comer mejor. Intentá mantener cierta organización en los horarios y evitar que todas las comidas ocurran frente a la computadora.
  • Cuidá tus vínculos. La oficina también ofrece pequeñas interacciones sociales espontáneas. Si trabajás muchos días desde casa, buscá activamente espacios de encuentro e intercambio.
  • Construir una salida del trabajo. Guardar la computadora, cambiar de ambiente o salir unos minutos puede ayudar a marcar el final de la jornada.

Pero sería un error colocar toda la responsabilidad sobre quien trabaja. Las organizaciones también necesitan revisar los contextos que ofrecen y los recursos que le ofrecen al trabajador para que trabaje desde casa.

Por otra parte, no parece demasiado razonable pedirle a una persona que viaje una hora para “trabajar mejor” si, cuando llega, encuentra un espacio lleno de interrupciones, no consigue una sala y termina haciendo una videollamada desde el mismo escritorio en el que podría haberla hecho desde su casa.

Si queremos que las personas vuelvan a la oficina, la experiencia debería valer el traslado según los especialistas, eso implica pensar, al menos, en tres tipos de espacios: espacios de foco, donde sea posible concentrarse sin interrupciones; espacios de colaboración, pensados para reunirse, intercambiar y crear con otros; y espacios de pausa y encuentro, que permitan descansar, conversar y recuperar recursos entre una tarea y la siguiente.

Ni casa ni oficina: mejores contextos para trabajar

Empresas y trabajadores discuten acerca de cuál es la mejor modalidad pero desde un punto de vista neuropsicológico la discusión sobre la modalidad del trabajo se vuelve más interesante si dejamos de plantearla como una elección entre dos extremos: Tanto el hogar como la oficina tienen ventajas y limitaciones. La verdadera pregunta es cómo diseñamos los contextos para que las personas puedan funcionar mejor en ellos e invertir en sus diseños para que fomenten tanto la productividad como la salud cerebral.

*Investigadora Independiente de CONICET, Directora de INECO Organizaciones