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OPINIóN / Elecciones 2019
jueves 31 octubre, 2019

Se acabó el torneo político de tirar pálidas y promesas

El autor hace una recopilación de expresiones de ciudadanos y políticos que resumen las consecuencias de las medidas del gobierno de Mauricio Macri.

por Ángel Cabaña

Mauricio Macri, Alberto Fernández, Roberto Lavagna, Nicolás del Caño, Juan José Gómez Centurión, José Luis Espert. Foto: Cedoc
jueves 31 octubre, 2019

En la presente campaña electoral, los medios de comunicación, dirigentes políticos, empresariales, sindicales, sociales y religiosos, compitieron en consignas, discursos y debates sobre la pobreza y el hambre. Expresiones como las siguientes -no hay nada inventado, son varios días de seguimiento en los diarios y en la televisión- fueron registradas desde el 12 de julio y, en especial, desde el 11 de agosto, cuando se realizaron las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO):

Cuando un nene nace, nace un nuevo indigente; los bebés no tienen pañales; madres solteras intentan suicidarse cuando ven a sus bebés llorar de hambre; la sociedad del conocimiento no tiene futuro con chicos que no reciben el alimento en su vida o la madre en el embarazo; los niños se van a dormir sin un plato de comida; 53% de chicos pobres; la pobreza tiene cara de joven y de mujer; no dan a basto los merenderos; en ningún comedor escolar y comunitario se come bien, en algunos se comen papas hervidas durante una semana; los chicos no comen ni toman leche, les duele la panza de hambre, se les ven las costillas; se generan seis pobres nuevos por minuto; chicos y adolescentes comen una vez al día; a la gente no le alcanza para la leche; no hay plata ni para comprar las tortillas que venden los desocupados; “verdurazos” contra el hambre, porque de otra manera les resulta imposible alimentarse a la gente; se cambia ropa por comida; las cosas están para no desperdiciar nada; 50% de los trabajadores dicen que están peor laboralmente; no hay changas para nadie; un 41% tiene miedo a perder el trabajo; en los últimos cuatro años, más de cuatro millones de personas sin trabajo; hay un 45% de pobreza real; 500 mil indigentes nuevos; hacia fin de año seis de cada diez niños estarán en la pobreza; los adultos carecen de un seguro de vida (ART); abundan las quejas porque no se puede pagar los tarifazos de la luz y el gas; ocho de cada diez PyMES tiene rentabilidad negativa, cierran 100 por día, 18 mil en cuatro años; miles de comercios cerrados; la pobreza afecta a 16 millones de personas en nuestro país; tres millones de nuevos pobres; el rico es más rico y el pobre, más pobre; se está creando una cultura de la dádiva; la gente desesperada se limpia el culo con las obras públicas, la división de poderes y la libertad de expresión; el estado de los hospitales dan lástima; hay más haraganes entre los ricos que entre los pobres; imposible pagar los créditos; la gente no come valores; los jubilados no llegan a fin de mes, no tienen para comprarse ropa, comprar alimentos y medicinas, pagar el alquiler; el sector inmobiliario vive su peor crisis, superior a la del 2001; vivimos en un país que está en terapia intensiva. O se hace algo o no hay más Argentina.

Argentina afronta el mayor índice de pobreza desde la crisis de 2001

A raíz de las opiniones vertidas en la reciente campaña electoral sobre la miseria y el hambre reinantes en nuestro país, que produce alimentos, según leí, para 800 millones de personas, los distintos candidatos prometieron, en el caso de acceder al sillón de Rivadavia: ponerle plata en el bolsillo a la gente para reactivar el consumo, generar empleo, lograr la estabilidad fiscal y monetaria, cumplir con los pagos de la deuda, bajar impuestos, aumentar las jubilaciones, castigar la corrupción y al narcotráfico, abandonar la obsesión por el dólar como remedio para la elevada inflación y las reiteradas devaluaciones, terminar con las fuertes asimetrías sociales y geográficas, reducir la dependencia de las exportaciones agrícolas, darle crédito a las PyMES, que sean prioridad a los jubilados y no a los banqueros, centrarse en los cambios en el trabajo a nivel mundial debido a la globalización, pensar la educación como la mejor inversión para que la Argentina progrese, constituir una salud pública de mejor calidad al servicio de los más humildes; ser serios en el tratamiento de las estadísticas; poner fin a los atropellos institucionales para consolidar el poder de turno; firmar un contrato moral y ético para acabar con el flagelo del hambre y la pobreza.

Por qué Concordia es la ciudad más pobre

Afortunadamente, se acabó el torneo de tirar pálidas y promesas. El próximo 10 de diciembre, con la asunción del doctor Alberto Fernández como nuevo Presidente de la Nación, regresamos a la realidad. Ruego que la mayoría de los votantes haya acertado al emitir su voto, y de esa manera el hambre y la miseria en Argentina pasen a ser cosas de un doloroso pasado.


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