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OPINIóN / Pandemia
martes 17 marzo, 2020

Coronavirus: El 11S de la Generación Z

La crisis del COVID-19 no cambió tanto los hábitos sino que profundizó tendencias ya arraigadas en la sociedad china, por ejemplo la compra en línea de todo tipo de productos.

Carlos A. Scolari*

Coronavirus Foto: Mohamed Hassan / Pixabay.

Cada generación se reconoce en un hecho histórico que la marca de por vida. Puede ser el ataque a Pearl Harbor, el alunizaje del Apolo 11 o la crisis del corralito. Ahora, la Generación Z está viviendo su propio 11S. La sensación general y compartida es que, para bien o para mal, nada volverá ser como antes.

Veamos algunos de los cambios que se avecinan. Como en muchos otros ámbitos, también en esta ocasión debemos mirar hacia China para anticipar las transformaciones que indefectiblemente nos tocará cabalgar. Cuesta bastante imaginarse a más de mil millones de ciudadanos encerrados en sus casas y conectados al 5G… ¿Qué puede salir de esas interacciones? Según me cuenta una editora del People’s Literure Publishing House de Beijing, la crisis del coronavirus no cambió tanto los hábitos sino que profundizó tendencias ya arraigadas en la sociedad china, por ejemplo la compra en línea de todo tipo de productos, el consumo de contenidos audiovisuales en red o el omnipresente uso de las aplicaciones móviles en todos los órdenes de la vida. Durante las semanas de confinamiento infinidad de jóvenes inundaron plataformas como Weibo o Bilibili con vídeos donde cantaban o compartían sus experiencias. Este boom del live broadcasting llevó a que muchas reconocidas celebrities también se sumaran a la movida online. De alguna forma hay que matar el tiempo en un momento donde la dimensión temporal entra en un continuum y cuesta diferenciar el “fin de semana” de los “días laborales”.

El desafío de aprender de manera virtual en tiempos de Coronavirus

No tengo dudas de que surgirán nuevos formatos mediáticos. En España la clásica tertulia futbolística o política, donde un denso grupo de (pseudo) expertos debate acaloradamente alrededor de una mesa a tiro de contagio ya está siendo reemplazada por la más sanitaria “teletertulia” a distancia. Podría decirse que el único formato televisivo que aguanta el confinamiento es el reality show, ya sea que la cuarentena se realice dentro de una casa o en una paradisíaca isla caribeña.

La flexibilidad en los horarios laborales y el trabajo por objetivos, que se está experimentando de manera masiva en estas semanas, quizá termine confirmando la inutilidad de un sistema basado en “marcar tarjeta” y medir la productividad en horas y minutos. Si bien hay sectores –como el industrial- donde cuesta visualizar estos cambios (al menos hasta que los robots se hagan cargo de la producción), el sector de los servicios –desde la educación hasta los bancos y oficinas públicas- puede estar a las puertas de una gran revolución. La tecnología estaba preparada y había infinidad de experiencias; solo faltaba el gran empujón del coronavirus para que se produjera la gran entrada en masa en el capitalismo post-industrial. Tomen nota: si en sus orígenes el capitalismo industrial movilizó a las masas del campo a la ciudad, quizá ahora estamos en el inicio de otra migración no menos traumática de la jornada de 8 horas en una oficina a otra temporalidad y espacialidad laboral (no necesariamente hogareña). Como siempre pasa, habrá gente a favor y en contra, y todos con argumentos atendibles.

Pandemia: el futuro de la educación, el trabajo y la producción

La educación online también recibirá un gran empuje después de esta crisis. Como en el caso del trabajo, quizá lo que se viene no sea una migración a los sistemas en línea sino  a modelos más flexibles y mixtos, hacia formas semipresenciales (también conocidas como blended learning). Ahora bien, como nos demuestra la experiencia china de estos días, los alumnos también encontrarán nuevas formas de hackear al sistema educativo. En medio del confinamiento, miles de estudiantes chinos encontraron el modo de sabotear DingTalk, la aplicación mediante la cual los profesores les enviaban a casa los deberes escolares. Y esto es solo el principio.

La industria de la vigilancia y el control ha vivido después del 11S unos años de oro. Estamos rodeados de cámaras de vigilancia, controles aeroportuarios y sofisticados pasaportes con chip incluido. A pesar de que Bin Laden reposa en el fondo del océano, todas las medidas de control que se implantaron partir del 2001 siguen plenamente vigente. Me temo que los nuevos controles sanitarios fronterizos llegaron para quedarse. Deberemos acostumbrarnos a que nos tomen la temperatura en los aeropuertos o a que nuestro pasaporte (o directamente las prótesis móviles que llevamos en el bolsillo conectadas a la red 5G) informe de nuestros movimientos previos antes de atravesar un determinado punto de verificación.

Coronavirus: el fin del exceso de individuación

Pero no solo control transfronterizo: en estas semanas el gobierno chino creó una aplicación móvil para detectar “contactos cercanos de coronavirus” y comprobar posibles casos de contagio. La aplicación comparte información con las redes sociales y sistemas de pago en línea para cruzar datos e identificar los puntos comprometidos. Por ejemplo, si un enfermo ha tomado un avión, la aplicación permite identificar a sus compañeros de fila y los pasajes ubicados hasta tres filas por delante y detrás del portador. Mejor sano que mal acompañado.

Como dije al inicio, la sensación general es que se viene un gran cambio a nivel global. Si alguien pensaba que el coronavirus debilitaría las defensas del gobierno chino, se equivocó. Por el contrario, China sale muy reforzada de esta crisis. Y todo lleva a pensar que los Estados Unidos o el Reino Unido pagarán un precio muy alto en términos de liderazgo internacional.Por otra parte, ahora mismo resulta imposible evaluar el coste económico de esta crisis, sobre todo en países como España, donde el turismo representa una de las principales fuentes de ingreso, o en Argentina, un país que se estremece cuando estornudan las bolsas o la temperatura del FMI sube un grado.

Coronavirus: las etapas de una crisis

Muchas cosas cambiarán, pero otras seguirán igual. La paranoia materializada en supermercados sin papel higiénico. La inconsciencia de los que confundieron “confinamiento” con vacaciones en la costa del mediterráneo. La supervivencia de los brócolis en las góndolas vacías de la verdulería. Todas estas situaciones serán objeto de sesudos papers científicos y tesis doctorales que confirmarán, por si hacía falta, que si bien el Homo sapiens es capaz de montar un hospital en 10 días o mandar un par de congéneres a la Luna, en el fondo sigue siendo un antropoide erguido que recién está dando sus primeros pasos por el planeta. Los cantos y bailes ancestrales, creados en tiempos remotos para exorcizar los peligros, sonaron con fuerza en estos días en las deshabitadas calles de Napoli, Siena y Torino.

* Profesor de la Universitat Pompeu Fabra - Barcelona. Twitter: @cscolari


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