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OPINIóN / Opinión
martes 30 octubre, 2018

Arrancó el casting de candidatos para ser el "Bolsonaro argentino"

¿Podemos saber quién será el Bolsonaro argentino, si todavía no conocemos a Bolsonaro?

por Eduardo Reina

Olmedo en Brasil: festeja el triunfo de la “mano dura” y se siente el “Bolsonaro argentino” Foto: cedoc
martes 30 octubre, 2018

Jair Bolsonaro, que hasta hace unos meses era un personaje menor en la política brasileña, y que hizo una campaña extravagante y políticamente incorrecta, se convertirá, el próximo 1 de enero, en el 38vo presidente de su país. Este fenómeno será tema de incontables análisis, como lo fue, hace dos años, el de Donald Trump. Pero la política siempre tiene un componente impredecible; Lula, hoy preso, hace un año tenía una intención de voto del 35% contra 13% de Bolsonaro. Si estas cosas no ocurrieran, la política sería una ciencia exacta, y  los consultores hace rato no tendrían trabajo.

Los análisis superficiales siempre son más rápidos. Todavía no terminamos de entender el caso Bolsonaro, pero hay quienes ya lo transformaron en tendencia. La izquierda, espantada, predice la resurrección de la derecha antidemocrática, incluso del fascismo. Los políticos alertan sobre el triunfo de la antipolítica. Otros, en cambio, se ilusionan con el fenómeno, y hay quienes incluso están empezando a buscar al “Bolsonaro argentino”. Pero este tipo de comparaciones rara vez llegan a buen puerto.

El propio Bolsonaro fue proclamado como el Trump de su país, olvidando que el estadounidense llegó al poder como un completo outsider, que criticaba a los políticos de Washington, mientras que el brasileño lleva veintiséis años ocupando una banca en el Congreso. Trump reflejaba la preocupación por la pérdida de poder económico de EEUU, y por factores internos como la inmigración; Bolsonaro refleja la crisis de un modelo populista acorralado por la corrupción y los excesos.

Lógicamente, ambos personajes tienen puntos en común, empezando por cierta incorrección política que sus votantes perciben como un signo de autenticidad. Pero, si no se puede negar que la personalidad del candidato tiene un peso en el resultado de la elección, tampoco resulta el único factor, y ni siquiera el más importante. Si fuese así, nos bastaría con encontrar al político argentino capaz de decir la mayor cantidad de barbaridades para saber quién será el próximo presidente.

El máximo aspirante al título de Bolsonaro argentino es, sin dudas, el diputado Alfredo Olmedo. Él mismo ha reconocido que tienen un pensamiento similar, quizás imaginándose ya con la banda presidencial. Pero la homofobia y el autoritarismo son solo parecidos superficiales. La larga carrera política de Bolsonara tiene poco en común con la de Olmedo, personaje mediático, hijo del poder económico de Salta,  y que viene siguiendo a pie juntillas el manual para saltar al estrellato (desde su uniforme de campera amarilla hasta un presunto noviazgo con Rocío Marengo). ¿Y si buscamos entre los outsiders? Mediáticos de derecha, como Santiago Cúneo, o Ivo Cutzarida, no tendrían ni por asomo la intención de voto de Marcelo Tinelli o Santiago del Moro. El centrismo sigue siendo la mejor puerta de entrada a la participación política de los famosos.

En todo caso, hay que insistir: el contexto es distinto. Brasil es un país que llegó a esta elección desgarrado por 13 años de populismo y corrupción, con una presidenta destituida y un ex presidente preso, y gobernado, desde 2016, por un incierto Michel Temer, que no supo darle un nuevo rumbo. Los brasileños estaban entre el retorno al populismo que ofrecía Haddad y el cambio incierto que proponía Bolsonaro. Se impuso el deseo de cambio, con un 55% de los votos.

Esta disyuntiva, en Argentina, la vivimos ya en 2015. Macri, siendo distinto de Bolsonaro en lo político y en lo personal, se encontró con una coyuntura muy parecida. Ganó proponiendo un cambio frente a la continuidad del kirchnerismo que representaba Scioli. Claro que, en gran medida, sólo supo implementar un tibio desarrollismo, sin desarmar en lo esencial el estado populista que heredó de CFK. No supo ser valiente ni disruptivo, y a lo sumo puede aspirar a pasar a la historia por construir infraestructuras, por los recortes y la vuelta del fondo que algún gobierno en el futuro deberá pagar.

Y esto nos lleva a otra pregunta: ¿podemos saber quién será el Bolsonaro argentino, si todavía no sabemos quién es Bolsonaro? Un presidente no es un candidato presidencial. El mayor símbolo de la campaña de Trump fue el Muro que propuso construir en la frontera con México, y que sigue siendo apenas un proyecto imaginario. Tampoco sabemos cuánto del Bolsonaro en campaña sobrevivirá el presidente Bolsonaro, condicionado por los sectores de poder, y por la minoría en el poder legislativo. Nos falta conocer toda la historia. Pero las especulaciones,los pronósticos efectistas y nuestras propias fantasías siempre llegan más rápido que los análisis.


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