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OPINIóN / Homicidio en Villa Gesell
jueves 23 enero, 2020

Fernando Báez Sosa: la tragedia anunciada

Para Enrique De Rosa, Psiquiatra Forense y Presidente de la Asociación Argentina de Victimología, hay que abordar el tema violencia y trabajar en la prevención.

Enrique De Rosa*

Fernando Baez Sosa. Foto: Redes

Al igual que hace ya unos años, desde Ferrugem, Brasil, donde un grupo de jugadores de rugby había asesinado a un joven, vuelve el tema a estar entre las principales noticias. Hoy en Villa Gesell otro grupo similar asesina a uno de 19 años: Fernando Báez Sosa. La palabra a utilizar es esa, asesina y nos sirve de hilo conductor, no hablamos de un accidente, sino algo que debió prefigurarse el o los agresores o buscaron deliberadamente.

La sociedad, los medios, como siempre ocurre reaccionan fuertemente frente a la anomalía, a lo extraordinario, sin embargo ¿esa anomalía es tal? Las sociedades convivimos con la violencia de la misma manera que convivimos con una flora bacteriana que está en nuestro organismo, sin embargo, la patología infecciosa es de alguna manera la eclosión de una de esas manifestaciones, es descontrol de un sistema en equilibrio. En medicina se llama homeostasis.

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Con la violencia, con el conflicto nos pasa algo semejante, no existen sociedades perfectas sin conflicto, sin violencia, sino sociedades en las que el mismo está de alguna manera, por paradójico que parezca encauzado, previsiblemente controlado aún en su anomalía. Así lo esperable y la respuesta frente a la misma no dejará de ser dolorosa y ocasionar una pérdida, pero no desestructurará de manera trascendente el orden personal y/o social. La infección existirá, pero tendré una estrategia terapéutica y hasta en su fracaso será previsible, aún en su extremo: la muerte. El inconveniente surge cuando se origina una epidemia y la misma es conocida solo parcial y equívocamente y el descontrol en número y forma impide una respuesta que no altere el orden global.

Vivimos en sociedades que deciden abordar el tema de la violencia bajo sistemas de ideas preconcebidas y etiquetando, separando y aislando en la esperanza de comprender o al menos de imaginar estrategias directas. Así hay violencia de género, y la culpa será una sociedad patriarcal, o violencia en jóvenes y la culpa será de las drogas, o los padres, o la falta de ellos.

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La violencia sin embargo que vemos es la que emerge y por eso se la llama emergente, pero es confundir o imaginar que esa ola que se ve, no es parte del mar del que es parte. El mar es lo social, y dentro de ella la violencia que tiene bases más profundas, tanto en la estructura de la sociedad en su conjunto, como en lo cultural, y en ambos casos, sobre los que no me extenderé, en relación a subgrupos sociales que forzadamente se los intenta hacer entrar en otra estructura. Un ejemplo, se imagina la conciencia o los límites o la posibilidad de tenerlos en grupos sociales que no han tenido a veces las posibilidades ni siquiera nutricionales de evolutivamente incorporarlos, claro está que tampoco su medio cultural circundante estaba en condiciones de darlo. Sin embargo, se espera que ese sujeto se comporte de forma moral y al no hacerlo, suponemos que debe ser una anomalía, frecuentemente una enfermedad o una alteración psiquiátrica, y así se popularizó el uso del cartel “psicópata” para todo comportamiento que nos parece aberrante, aún cuando sea congruente con su medio.

Sin embargo, esta postura tiene un beneficio secundario, no es nuestra “culpa” o en todo caso no tenemos ninguna responsabilidad, ese “loco”, no es congruente con… y completemos con lo que queramos.

En estos días, las frases son, “es el Rugby”, “es el machismo” o, por el contrario: “no hay que estigmatizar al Rugby”. No claro, no es el rugby, si tuviera entidad de sujeto jurídico, el responsable, pero sí hay estadísticas, sí hay una preocupante correlación a seguir y, al igual que hacemos con cualquier enfermedad, hay que empezar a trabajar cada caso hasta comprender. Al mismo tiempo tampoco eso es válido lo primero.

El problema es no abordar a la violencia como un continuo, como sí se hace en otros países, en los que el aspecto central es la detención temprano de indicadores de violencia y especialmente trabajar sobre una de esas bases, la cultural. Así un tema social ha pasado a ser un tema legal en el que desgastamos cantidad de horas en los medios y en la vida sobre la pena y la carátula del delito. Todos opinan y el eje es algunas de las ideas causales: patriarcado, machismo, drogas, alcohol, padres, etc., etc., y luego saltamos a cuántos años, según lo que diversos abogados digan que fue el hecho, poco importará la realidad, obviamente aún más lejos, está la comprensión y definitivamente afuera de la ecuación la prevención.

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Sólo queda esperar el siguiente caso, que alimentará las crónicas y será de nuevo la pregunta: “¿cómo puede pasar esto?”, que está pasando o el inefable: “¿qué les pasa por la cabeza a esas personas?”. Sobre la sociedad nunca, ya que implicaría hacerse cargo del concepto de seguridad de norma, de ley, de la misma manera que el de salud. Es preferible decir voy a terapia, o fui al médico, con lo cual traslado la responsabilidad a un tercero, cuando en realidad el que tiene que llevar a cabo los cambios es uno.

En esta epidemia de violencia es la sociedad, obviamente con mayor énfasis quienes tiene el poder o los medios de hacerlo, pero toda la sociedad toma a su cargo el abordaje de las bases de la prevención de la violencia o si se quiere la cultura de la no violencia, del bien común.

Para eso necesitamos trabajar mucho, empezar a estudiar este fenómeno desde una perspectiva amplia y con rigor científico, que es lo que estamos haciendo en ciertas áreas de seguridad y ONG, para poder identificar factores predisponentes. Es necesario conocer para poder actuar. Necesitamos emprender el estudio de la violencia antes que sea una epidemia que definitivamente destruya nuestra sociedad.

* Psiquiatra Forense- Presidente de la Asociación Argentina de Victimología.


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