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OPINIóN / Análisis
lunes 9 diciembre, 2019

Educación e Inclusión Financiera para salir de la Pobreza

¿Cómo podemos empalmar políticas sociales de corto plazo a otras de largo plazo para no volver a caer en la pobreza? Con Educación e Inclusión Financiera.

Leo Anzalone (*)

Se necesita más inclusión y educación financiera. Foto: Cedoc
lunes 9 diciembre, 2019

El próximo gobierno ya lo anunció, la lucha contra el hambre será su mayor prioridad y diseñó un plan completo para lograr terminar con esa inmoralidad. Reforzar la AUH y entender la política social como un factor preponderante para superar esta crisis será esencial, pero ¿cómo podemos empalmar estas políticas de corto plazo a otras de largo plazo para no volver a caer en la pobreza? Con Educación e Inclusión Financiera.

La educación financiera no solo trata de distinguir entre difíciles conceptos, sino también trata sobre comportamientos, y, en definitiva, ganar libertad económica a la hora de planificar el día a día.

Los estudios alrededor del mundo muestran que el 75% de las personas “sienten” que no manejan bien su “dinero”. Si se pregunta ¿Qué es lo primero que hacés cuándo te pagan?, ¿Cómo decidís en que gastar tu plata?, podemos determinar que aquellos que en esta Argentina tienen la suerte de percibir algún ingreso, gran parte de este va a pagar deudas.

Quienes no tienen acceso a la educación financiera son personas con problemas de deudas, que no pueden ahorrar y, por lo tanto, que toman créditos con altísimas tasas de interés, generando que no puedan planificar su futuro.

  • ¿Qué es la inclusión financiera?

Entendemos por inclusión financiera al acceso universal a una oferta integral de servicios financieros, que resulten útiles para satisfacer sus necesidades; y que, por lo tanto, se usen activamente y sean provistos de manera sostenible y responsable. Primero, la oferta de servicios financieros debe ser integral, es decir, enfocada en el crédito, ahorro, seguros, y pagos digitales. En segundo lugar, los productos financieros ofrecidos deben ser prácticos y adecuados para que sean usados. Tercero, la oferta de servicios financieros debe ser sostenible, es decir, no debe depender de la asistencia pública, sino basada en modelos sostenibles. Por último, la oferta también debe ser responsable, es decir, los términos y condiciones de los productos financieros deben ser comunicados con total claridad y transparencia a los usuarios.

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  • El contexto en Argentina

Vemos como la educación y la inclusión financiera son temas muy importantes debido a la estrecha relación que tienen con la estabilidad financiera, la pobreza y la desigualdad. Distintos trabajos de organizaciones internacionales han investigado los factores que limitan la participación en los mercados financieros formales, tanto en países en desarrollo como desarrollados. Este trabajo pretende ser un esbozo donde identificamos el problema y se plantea una incipiente solución para la población más vulnerable de nuestro país, la que recibe algún tipo de ayuda gubernamental.

  • Estadísticas del problema

Según una encuesta del Banco Central de la República Argentina, solo la mitad de los argentinos contaría con un presupuesto familiar y en la mayoría de los casos es un presupuesto muy general (78% de los casos). Solo el 29% de los participantes de la encuesta declara haber ahorrado dinero en los últimos 12 meses. Este es uno de los niveles más bajos del mundo con base en la comparación de los resultados de encuestas realizadas en otros países. Esta situación frente al ahorro es lo que posiblemente lleva a que solo el 31% de los encuestados exprese que podría afrontar un gasto inesperado equivalente a su nivel de ingreso mensual sin recurrir al endeudamiento.

Solo 8 productos o servicios son conocidos por más del 50% de los encuestados. Estos productos y servicios financieros están compuestos en primer lugar por las tarjetas de crédito y débito, los depósitos a la vista y a plazo, y los préstamos personales e hipotecarios.

En lo que refiere a la tenencia de productos, el 40% de los adultos dice no tener ningún producto financiero y los productos con mayor tenencia son las tarjetas de crédito, seguidas de las de débito y las cajas de ahorro.

Un 49% de los encuestados ha elegido algún producto financiero en los últimos dos años; sin embargo, en lo que refiere a la selección de los productos, solo el 30% de ellos ha realizado comparación entre distintas entidades financieras o entre productos de la misma entidad en relación con el producto que ha adquirido más recientemente.

Un dato no menor es que el 70% declara haber tenido problemas para cubrir sus gastos en el último año. Sin embargo, las principales formas para cubrir esos problemas financieros han sido la reducción de gastos o el trabajo extra, recurriendo en menor medida a las distintas formas de endeudamiento.

Al finalizar, el documento destaca que los mayores desafíos en Educación Financiera se localizan en la población vulnerable de acuerdo al menor nivel socioeconómico y principalmente al menor nivel de estudios alcanzados. También en quienes se encuentran desocupados o inactivos.

Educación e Inclusión Financiera para salir de la Pobreza

Educación e Inclusión Financiera para salir de la Pobreza

Por lo que considera que a fin de alcanzar una mejora en los indicadores de educación financiera “es preciso diseñar acciones que permitan estimular conjuntamente tanto los conocimientos básicos, como los comportamientos clave (planificación financiera, toma de decisiones informadas y cultura del ahorro). También resulta importante contribuir al desarrollo de una actitud financiera consistente con el logro de objetivos de largo plazo. De este modo se podrá contribuir al mayor acceso y uso de los productos y servicios financieros de calidad que posibiliten un mayor bienestar financiero y la igualdad de oportunidades como cimiento básico del desarrollo económico de Argentina”.

Aplicación

A modo de ejemplo, para explicar este propósito, elegimos la siguiente población: al mes de abril había 3.937.997 de beneficiarios de AUH, sumados a 236.767 personas que son beneficiarias de Hacemos Futuro, en el caso del Monotributo Social, 325.539 beneficiarios titulares del programa. A partir de estos totales, que pueden haber variado durante los últimos meses, podemos pensar cómo aplicar dicho programa, que puede y debe ser ampliado en otros ámbitos de la organización gubernamental, como bancos públicos, PAMI, ANSES, etc.

Una población fundamental para implementar este programa es la que esté dentro de lo difundido como “Programa Argentina contra el Hambre”. Estos, junto con los enunciados más arriba o aquellos sujetos que queden dentro de nuevos programas, serán los destinatarios del presente.
El objetivo es complementar la ayuda gubernamental con información que ayude a mejorar la independencia financiera de quien la recibe. Modificar hábitos, costumbres, completar y mejorar el acceso a cuentas de ahorro, crédito, medios de pago electrónicos y seguros. Potenciar el uso de cuentas, medios de pago electrónicos, y otros servicios financieros. Mejorar las capacidades financieras de la población y la protección al usuario. Por último, incluir una perspectiva de género en el monitoreo de la estrategia y procurar la inclusión financiera de grupos específicos con mayor riesgo de exclusión.

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Modo de aplicación

En este punto es importante considerar que dependerá de las particularidades de cada población, lugares, tamaños y demás características particulares, pero, en síntesis, como vimos antes, con poca información se pueden cambiar los hábitos de las personas para que eso signifique un verdadero cambio en la vida de quienes reciben esa información financiera.

En un escenario ideal, la educación financiera se debería brindar, como suena lógico, en los ámbitos educativos clásicos, primarios y secundarios, pero para eso todavía falta mucho, un tiempo que los ciudadanos objetivos de esta idea no tienen.

En síntesis, esa información de la que hablamos, que pretende ser un inicio para el mejoramiento del día a día de muchos argentinos, puede brindarse de distintas formas y dependerá el contexto, pero a través de medios digitales, físicamente a través de las organizaciones sociales o, inclusive, en determinadas zonas, dar estas charlas en, por ejemplo, municipios. El primer paso, cuando sea posible, debe hacerse a través de un flyer informativo con los puntos básicos para ordenar las finanzas de quien lo recibe.

Las actuales dependencias públicas (Ministerios, Bancos, organizaciones sociales) cuentan con los profesionales a los que se le brindará la información que ellos deberán ampliar según se crea disponible. La información a brindar sobre integración y educación financiera debe ser otorgada por profesionales de las finanzas y de las ciencias económicas que surjan de las propias dependencias públicas o Universidades, generando, además, una sinergia muy importante.

Una vez puesto en marcha, queda iniciar la quinta etapa de toda política pública, el control de los resultados, que apelando a los estudios recientes del BID o la CEPAL, terminan en: “Un mayor desarrollo y nivel de vida de la población y una ampliación de los derechos fundamentales. Un mayor crecimiento económico. Una mayor estabilidad económica y financiera. Una mayor equidad en términos económicos en la población, un aumento de la prosperidad compartida y del crecimiento económico inclusivo”.

(*) Economía. Dip en Administración Publica y Políticas Sociales. Dip en Economía Social.


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