domingo 20 de junio de 2021
OPINIóN Argentino desilusionados
05-10-2020 16:38

“Emigren”: el peor final

El futuro es poco alentador y muchos jóvenes profesionales evalúan la posibilidad de dejar buenos trabajos para empezar de cero.

05-10-2020 16:38

Se hace cada vez más difícil encontrar, en la clase media argentina, personas que no conozcan emigrantes o que no hayan considerado ellas mismas la posibilidad de emigrar. La emigración, es cierto, no es un fenómeno nuevo: crisis pasadas, como las de 1989 y la del 2001, catapultaron a miles de compatriotas al exterior, de los cuales solo algunos volvieron.

Pero la crisis actual parece peor que cualquier otra. Se empiezan a ver no ya personas sin calificación sino jóvenes profesionales que dejan buenos trabajos para empezar de cero en el exterior. Acaso lo más desgarrador sea que sus padres no intenten retenerlos y, por el contrario, los impulsen a irse: concluyen que incluso una vida privilegiada en Argentina es peor que una vida con sacrificios fuera del país.

La desesperanza por la situación política es, en este sentido, un punto no menor: si uno pregunta a los emigrantes de 2020 cuándo tomaron la decisión de irse, muchos señalarán a las PASO de 2019 como el detonante. Interpretaron desde el principio, más allá de cómo el macrismo dejaba al país, que la vuelta del kirchnerismo al poder no podía traer nada bueno, y la respuesta con la que dieron fue: “emigren”. Es difícil culparlos: todas las señales que ha enviado el kirchnerismo en términos de nuevos impuestos, regulaciones y cepo cambiario golpean a una clase media que ya no le ve la gracia a intentar progresar en un país donde solamente se le va a dar la espalda.

Si para los nuevos emigrantes el macrismo falló en resolver los grandes problemas del país, del kirchnerismo no esperan siquiera un intento

En términos económicos, las múltiples y prolongadas prohibiciones producto de un pésimo manejo de la pandemia golpean al sector privado de una forma desproporcionalmente dura; los salarios en dólares se pulverizan a medida que crece la desconfianza hacia el peso, que no es sino desconfianza hacia un gobierno que no tiene intención de ajustarse a sí mismo; y, más generalmente, se agrava la tendencia estructural de que cada vez menos personas mantienen a cada vez más a través del Estado.

En términos no económicos, la creciente inseguridad vuelve a ser vista como un fenómeno culposo en vez de reprimible y la oscuridad en los asuntos públicos se afianza, siendo ya evidente que la impunidad para la corrupción ha vuelto para quedarse. En todos los casos, si para los nuevos emigrantes el macrismo falló en resolver los grandes problemas del país, del kirchnerismo no esperan siquiera un intento.

El futuro es, precisamente, el problema que evidencia la emigración, que es esencialmente uno de expectativas: expulsar población es el fenómeno más grave que puede sufrir un país porque los que se van no creen que se vaya a mejorar ni siquiera en el largo plazo, lo cual a su vez activa un círculo vicioso de pérdida de valor e intensificación de malas políticas que pretenden cavar para salir del pozo. Sí, la emigración es más difícil de ejecutar que la destrucción de activos en la bolsa o el retiro masivo de dólares del sistema bancario, ambos fenómenos que cobraron extraordinaria fuerza después del 11 de agosto de 2019: pero su realización es justamente la peor noticia que puede tener Argentina, porque implica que los que se van han tirado la toalla definitivamente.

La emigración es, en este momento, un fenómeno reprimido por un gobierno que desde el comienzo de la pandemia ha tratado al país como una cárcel de la que solo se puede salir a cuentagotas. Y dado que el gobierno no tiene incentivos para reconocer un nuevo problema, es imposible saber a ciencia cierta cuántas personas se están yendo, pero es evidente que la cuestión es cada vez más grave en la medida en que incluso el presidente ha tenido que expresarse sobre el tema recientemente.

Expulsar población es el fenómeno más grave que puede sufrir un país porque los que se van no creen que se vaya a mejorar ni siquiera en el largo plazo

Todavía, sin embargo, no se dimensiona por fuera de la oposición la gravedad del problema de la emigración. En las redes sociales, por ejemplo, las burlas a los emigrantes por parte de los simpatizantes del gobierno (“vayan a lavar copas”, “no los necesitamos”) evidencian un total desconocimiento acerca de los obstáculos al progreso que existen en el país y perpetúan un círculo vicioso que podría terminar mal no solo para los que se van, sino también para los que se queden pero ya no tengan el aporte de muchos de los miembros más productivos de la sociedad.

Algunos, con temor, creen que Argentina está siguiendo los pasos de Venezuela, que ha forzado a millones al exilio. El tiempo dirá si tienen o no razón, aunque una nota de optimismo cabe en que la sociedad civil ha resistido exitosamente los embates autoritarios del kirchnerismo a lo largo de los años. El problema, sin embargo, es que eso no es suficiente: para evitar el peor final, hay que tomar conciencia ya mismo de la gravedad del éxodo silencioso y lograr que, si no existen expectativas positivas sobre el presente, al menos se generen sobre el futuro. Antes de que sea demasiado tarde.

*Universidad de Chicago.