25th de February de 2021
OPINIóN Columna de la USAL
06-05-2020 11:14

La pandemia, nuestro futuro y la mámushka

La pertinente identificación de la crisis permite advertir acerca de previsiones necesarias y de errores inadmisibles.

Víctor Dante Aloé*
06-05-2020 11:14

Cuando cierta crisis de magnitud extensiva e intensidad relevante ocurre en el mundo, el estratega intenta clasificarla en un primer movimiento destinado a comprender su dinámica y descubrir sus efectos sobre los sistemas de vida colectivos. La pertinente identificación de la crisis permite advertir acerca de previsiones necesarias y de errores inadmisibles.

Una forma interesante de explicitar en parte los efectos de esa dinámica sobre procesos políticos y económicos generales consiste en diferenciar entre la afectación de la existencia y la evolución de los países, las empresas y los conglomerados tecnológicos vigentes al momento del impacto, para develar, tanto las consecuencias que la crisis provoca actualmente sobre cada uno de ellos, como las progresiones de escala que su ocurrencia desencadenará a futuro sobre la convivencia humana. En otras palabras, para reconocer la extensión y la intensidad disruptivas que la pandemia genera sobre los procesos de producción de poder político y económico vigentes, es necesario descubrir la dinámica de escala de la misma.

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Si tal esquema es aplicado, la ciencia económica puede destacar que, como consecuencia de la pandemia actual, los países sufrirán procesos de endeudamiento, caída del producto, menor recaudación, expansión del gasto (en salud, en fondos subsidiados y en facilidades no recuperables), en un contexto de depresión general, lo cual incidirá en desencadenar luchas por los mercados, intentos por transferir costos y disputas de valor inter-corporativas e interestatales.

El mismo procedimiento, extendido a la evolución que las empresas sufren por el imprevisto impacto, destaca, al menos en el campo occidental, el agravamiento del estado de endeudamiento generalizado previo a la pandemia, la pérdida de negocios, el stockeo de producciones desactualizadas o vencidas, la volatilidad de inversiones colateralizadas, el colapso de derivados financieros de futuro, la ruptura de fidelizaciones, la rebaja en las previsiones de acumulación y los fenómenos de sub-demanda sobrevinientes, que exigirán decisiones de reorganización de los procesos productivos con selectividad de inversiones adicionales y nuevas asociaciones (revisión de las deslocalizaciones, novedosos formatos para la logística, las transacciones y la distribución, la revalorización de activos resultantes de los procesos de securitización financiera, un progresivo aumento de la agresividad competencial, formas societarias o de holdings alternativas, la recomposición de ingresos, la recuperación de los valores de las acciones, la baja intensiva de costos, etc.).