OPINIóN
relaciones

Peligro: ¡vacaciones!

Convendría preguntarse qué conversaciones se evitaron durante el resto del año.

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Foto. Es una confirmación simbólica de que el proyecto sigue en pie. | unsplash

Y si el problema no fuera el trabajo, sino lo que sucede cuando el trabajo desaparece?

Cada año, cuando termina el verano, muchos regresan con algo más que bronceado y fotos familiares. Regresan con decisiones. En la psicología social se habla del “síndrome posvacacional” como el malestar del retorno a la rutina. Pero existe otra dimensión menos comentada: la de las rupturas que se consolidan después del descanso.

Investigaciones de la University of Washington identifican un patrón estacional en los divorcios: aumentan tras las fiestas de fin de año y nuevamente después del verano. No porque las vacaciones destruyan vínculos, sino porque los exponen.

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El año funciona como anestesia. El trabajo, la escuela, los horarios y las obligaciones fragmentan el tiempo compartido. El verano, en cambio, lo concentra. Sin la distracción de la agenda, la pareja queda frente a frente. Para algunos, esa cercanía renueva la conexión. Para otros, revela una distancia que ya existía.

En la Argentina, enero y febrero están cargados de una expectativa casi redentora: “cuando estemos tranquilos, todo va a mejorar”. Se deposita en el viaje o descanso lo que no se trabajó durante el año. Pero el tiempo libre no repara lo que fue evitado. Lo amplifica.

Muchas parejas postergan conversaciones difíciles para no arruinar “las vacaciones de los chicos”. La escena familiar se preserva. La decisión queda en suspenso. Marzo, entonces, no solo inaugura el calendario escolar: también abre la puerta a resoluciones que venían madurándose en silencio.

Hay un componente cultural que no conviene ignorar. Las vacaciones se han convertido en la escenografía de la armonía. La foto en la playa no es solo recuerdo; es confirmación simbólica de que el proyecto sigue en pie. Cuando esa imagen no coincide con la experiencia íntima, la decepción es mayor. No fracasa solo el viaje: se resquebraja la narrativa.

En el Reino Unido incluso se menciona con ironía a “la relación Splitwise” –una aplicación para dividir gastos– como metáfora de vínculos cada vez más administrados y menos sostenidos por la convicción afectiva. El descanso, lejos de romantizar la convivencia, pone a prueba cuánto queda del proyecto común cuando desaparece la logística que lo ordena.

El sociólogo Zygmunt Bauman advertía que vivimos en tiempos de vínculos frágiles, donde la satisfacción inmediata compite con la perseverancia. Las vacaciones operan como laboratorio: si incluso en condiciones ideales la conexión no aparece, la pregunta se vuelve ineludible.

Tal vez el verano no rompa parejas. Tal vez solo quite el ruido que las mantenía funcionando.

Antes de culpar al calor o al regreso a la rutina, convendría preguntarse qué conversaciones se evitaron durante el resto del año. Porque cuando el mundo se silencia, lo que habla es el vínculo. Y esa voz –aunque incomode– rara vez miente.

*Sociólogo. Psicólogo Social.