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OPINIóN / CRISIS
domingo 27 enero, 2019

¿Podría llegar Venezuela a una guerra civil?

Pensar la situación de aquél país desde la perspectiva histórica puede ayudarnos a entender la coyuntura actual así como sus posibles derivaciones.

Esteban Pontoriero

Foto: Rafael Hernandez/dpa

¿Está Venezuela al borde de la guerra civil? La crisis del país caribeño abre un nuevo capítulo con la proclamación de Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional, como presidente provisorio del país el pasado miércoles 23 de enero. Como era de esperarse, el presidente Nicolás Maduro rechazó esta acción, iniciando una puja política que tiene en vilo a la opinión pública local e internacional. Desde diferentes sectores, tanto políticos como periodísticos, además de los protagonistas de los hechos se ha empezando a hablar de algo que asusta a muchos: la guerra civil. Los análisis coinciden en que este es un punto clave a observar debido a que como pocas veces un enfrentamiento militar interno parece estar cerca. Pensar la situación de Venezuela desde la perspectiva histórica puede ayudarnos a entender la coyuntura actual así como sus posibles derivaciones.

La guerra civil es un conflicto armado entre dos o más bandos que tiene lugar al interior de un país. Muchas veces el enfrentamiento estalla por una cuestión muy puntual, a veces anecdótica, pero normalmente esto ocurre luego de una acumulación de razones de largo plazo. Sus causas responden a una combinatoria dispar de elementos políticos, sociales, económicos y culturales. También pueden incluir determinantes religiosos, regionales o étnicos. Según el caso que se analice, alguno de estos factores tendrá la primacía sobre los otros, aunque en última instancia la faz política deberá adquirir un lugar central. Esto es así ya que más temprano que tarde las facciones en pugna deberán luchar para defender al poder constituido o para destruirlo y forjar un nuevo orden.

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Desde la teoría marxista, autores como León Trotsky o Antonio Gramsci la denominan la fase militar de la lucha de clases. Un clásico como Thomas Hobbes la asocia con el “estado de naturaleza”, una situación de enfrentamiento y violencia endémica al interior de la sociedad previa al surgimiento del Estado o derivada de su disolución. Por su parte, Carl Schmitt la define como el momento en que la conflictividad inherente al campo de la política no encuentra otra forma de ser procesada más que a través de las armas. Se trata de un enfrentamiento que generalmente posee grandes cuotas de dramatismo y muestra niveles de violencia extrema que muchas veces superan a los de una guerra convencional entre estados. Los ejemplos del siglo pasado en Rusia (1917-1922), España (1936-1939) y China (1927-1949) o los casos actuales en varios países de África, por citar sólo algunos, conjugan masacres, torturas, violencia sexual, maltratos, destrucción y un gran sufrimiento para las poblaciones civiles, que son constantemente atacadas, desplazadas y viven bajo amenaza de muerte. Asimismo, casos históricos más remotos como los enfrentamientos armados ocurridos durante la Revolución Inglesa entre 1642 y1651 o la Revolución Francesa de 1789 también pueden integrarse al extenso catálogo de las guerras internas.

Con la atención puesta en Venezuela, teniendo en cuenta las experiencias pasadas ¿cuáles son los elementos que permiten discernir si nos encontramos a las puertas de una guerra civil? La respuesta a este interrogante será central para escrutar los acontecimientos que se desarrollen en los próximos días.

Si bien pueden tener varios grupos en conflicto, las sociedades en guerra civil se caracterizan por haber alcanzado en los años previos un grado altísimo de polarización, avanzando hacia la formación de dos bandos antagónicos irreconciliables: uno representa el orden establecido y el otro un naciente orden alternativo, que pasa a disputar abiertamente el poder.

Ahora bien, ¿con qué debe contar cada una de estas facciones para poder constituirse en una fuerza beligerante en el marco de una guerra civil? Debe existir una unidad política de comando que suele estar alrededor de alguna institución del Estado, que pasa a ser también un objeto de disputa. Así, en el caso inglés del siglo XVII las fuerzas de la Monarquía se enfrentaron al Parlamento y en la Rusia revolucionaria de 1917 el Soviet de Petrogrado se oponía al Gobierno Provisional. Este escenario comienza a perfilar una situación de doble poder, tal como la definió Trotsky en su Historia de la Revolución Rusa.

De igual forma que un Estado, el poder alternativo que surge debe estar en condiciones de controlar una parte del territorio nacional de manera efectiva, recaudando impuestos y haciéndose cargo del mantenimiento y gestión de los servicios públicos así como de los medios de transporte y de comunicación. Así, por ejemplo, durante la Guerra Civil Española el bando republicano controlaba y administraba partes de la península como la capital Madrid y la región de Cataluña mientras que el bando nacional liderado por el general Francisco Franco era poderoso en las regiones de León, Castilla y Aragón.

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Cada bloque, a su vez, tener una parte de la población de su lado: la guerra civil exige compromiso. La polarización conduce a la división de la sociedad y a la participación activa en la contienda, transformándose en un fenómeno de masas. De esto dan cuenta el caso español o los enfrentamientos producidos en los años de la Revolución Francesa en la región de la Vendée entre 1793 y 1796. Se trató de conflictos en los que la población civil tomó parte del lado de alguno de los contendientes.

Junto con una unidad política de comando anclada en alguna institución, el control territorial, la gestión de servicios y medios de comunicación y una parte de la población de su lado, cada bando necesita contar con una fuerza militar. Normalmente, en una coyuntura crítica como la que precede al estallido de un conflicto interno las Fuerzas Armadas también son afectadas: un aspecto central a observar es si los militares permanecen unidos en la defensa del poder constituido o si por el contrario una parte grande o considerable rompe filas y se pasa al bando sublevado. Un caso clásico al respecto es el de Rusia: allí a partir de 1918 muchos militares desconocieron al naciente poder soviético y formaron el Ejército Blanco con el objetivo de restaurar la Monarquía. Frente a éstos, Trotsky forjó el Ejército Rojo, usando también en parte los restos del antiguo ejército del Zar, agregando nuevos reclutas.

Llegados hasta aquí, ¿cuál es la situación de Venezuela? A la luz de la experiencia histórica puede decirse que la sociedad venezolana se encuentra enormemente polarizada, que la oposición tiene su plaza fuerte en la Asamblea Nacional –desde la que busca crear un poder alternativo– y que cuenta con el apoyo de un gran número de ciudadanos. También ha recibido el reconocimiento de Estados Unidos y varios países de la región, incluida la Argentina. No obstante, todavía no están dadas las condiciones para una guerra civil: las fuerzas opuestas a Nicolás Maduro reunidas detrás de la figura de Juan Guaidó no controlan territorio alguno, carecen de una estructura que pueda asimilarse a la de un Estado y, fundamentalmente, no poseen una fuerza militar propia. Por el contrario, las Fuerzas Armadas, un actor clave en este conflicto, ratificaron de inmediato su lealtad a Maduro, quien además cuenta con el apoyo de dos potencias de primer orden como son Rusia y China. Por lo tanto, mientras la institución militar no se divida y le brinde un ejército a la oposición, las posibilidades de una escalada hacia la guerra civil parecen muy limitadas.

(*) Doctor en Historia / Becario Postdoctoral del Conicet.


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