OPINIóN
Conflicto en el Atlántico Sur

¿Qué significa recuperar Malvinas por la vía de la paz?

“Ceder no significa necesariamente renunciar a soberanía. Pueden negociarse tiempos, garantías para los habitantes, conectividad, explotación de recursos, inversiones, cooperación científica, mecanismos administrativos o períodos de transición”, sostiene el autor y analiza cómo.

Trump hablando en Irlanda. Al lado imágenes de la vida en Malvinas.
Trump hablando en Irlanda. Al lado imágenes de la vida en Malvinas. | AFP - Cedoc

Desde 1982, Argentina sostiene que la recuperación del ejercicio pleno de soberanía sobre Malvinas debe realizarse por medios pacíficos. Pero “vía diplomática” no significa repetir indefinidamente el reclamo esperando que el Reino Unido cambie espontáneamente de posición.

Significa construir una negociación. Y toda negociación supone tiempos, intereses contrapuestos, etapas, concesiones instrumentales y reciprocidades. El objetivo soberano puede mantenerse como permanente e irrenunciable sin convertir en innegociables todos los instrumentos para alcanzarlo. La paz no elimina el conflicto de intereses: simplemente obliga a resolverlo mediante poder diplomático, negociación y construcción progresiva de condiciones favorables.

Una negociación internacional nunca funciona bajo la lógica del “todo, ahora y sin entregar nada”. Ceder no significa necesariamente renunciar a soberanía. Pueden negociarse tiempos, garantías para los habitantes, conectividad, explotación de recursos, inversiones, cooperación científica, mecanismos administrativos o períodos de transición.

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Tampoco una disputa de casi dos siglos se resuelve de un día para otro. Una solución puede requerir diez, veinte o más años y numerosos acuerdos intermedios. El error consiste en confundir firmeza en el objetivo con rigidez absoluta en los medios. Una estrategia eficaz necesita saber qué es verdaderamente irrenunciable y qué puede utilizarse como instrumento negociador.

Un escenario internacional en transformación

La cuestión Malvinas tampoco puede analizarse como si el mundo permaneciera inmóvil. BRICS está atravesando una etapa de consolidación después de años de construcción institucional y ampliación. Paralelamente aparecen nuevas arquitecturas regionales de seguridad, como los acuerdos entre Arabia Saudita, Turquía y Pakistán. Europa enfrenta el desafío de financiar su propia seguridad frente a Rusia y discute una mayor autonomía estratégica.

El Reino Unido convive con tensiones constitucionales internas y cuestionamientos sobre la continuidad futura de su propia Unión. El resultado no es el fin de Occidente, sino un sistema internacional progresivamente más fragmentado, competitivo y multipolar.

Precisamente por su vínculo con Londres, Washington es uno de los pocos actores con capacidad real de influir sobre la posición británica"

Estados Unidos seguirá siendo una de las mayores potencias mundiales, pero debe dedicar cada vez más recursos a preservar posiciones anteriormente mucho menos discutidas. China disputa tecnología, industria y comercio; BRICS genera nuevas instancias de coordinación; Europa busca mayor autonomía; Rusia conserva capacidad militar; nuevas potencias regionales diversifican sus alianzas.

Frente a esto, Washington busca asegurar cadenas de suministro, energía, minerales críticos, rutas marítimas, tecnología y socios confiables. Esa necesidad genera oportunidades para países que poseen activos estratégicos. Argentina puede dejar de pensarse únicamente como un actor periférico y comenzar a preguntarse qué puede aportar dentro de esa reorganización del poder mundial.

Una objeción frecuente sostiene que Argentina no debería construir una relación estratégica con Estados Unidos por Malvinas, ya sea por su histórica alianza con el Reino Unido o porque ambos países serían competidores económicos. Sin embargo, precisamente por su vínculo con Londres, Washington es uno de los pocos actores con capacidad real de influir sobre la posición británica. China puede respaldar diplomáticamente a Argentina, pero difícilmente condicionar a Londres.

Qué tiene Argentina para ofrecer

Argentina posee activos que adquieren creciente importancia estratégica: Vaca Muerta, litio, cobre, potencial de tierras raras, capacidades nucleares y espaciales, producción alimentaria, territorio patagónico, acceso antártico y posición sobre el Atlántico Sur.

El error sería reducir nuevamente el país a su condición agroganadera. Argentina no necesita intentar fabricar todo ni competir horizontalmente con China en manufactura masiva.

Puede especializarse en sectores donde tiene ventajas reales e integrar cadenas internacionales de mayor valor. Una estrategia inteligente debería transformar recursos naturales, conocimiento tecnológico y posición geográfica en capital político y diplomático para avanzar sobre objetivos nacionales de largo plazo.

Sería irreal esperar que Estados Unidos anuncie repentinamente el reconocimiento de soberanía argentina. Las grandes potencias no modifican posiciones históricas mediante giros instantáneos.

El proceso podría comenzar con cambios mucho menores: reconocer con mayor claridad la existencia de la controversia, apoyar la reapertura de negociaciones, ofrecer buenos oficios, actuar como mediador, construir incentivos para ambas partes y, eventualmente, acompañar una fórmula acordada.

Argentina podría ofrecer cooperación logística antártica, seguridad marítima, minerales críticos, energía, inversiones, investigación científica, tecnología o acuerdos comerciales"

Un gran buque no gira noventa grados mientras navega a máxima velocidad. La diplomacia funciona de manera similar. Lo importante sería identificar señales de cambio y convertir pequeños movimientos sucesivos en una trayectoria estratégica favorable.

Buscar apoyo internacional implica comprender que cada Estado posee sus propios intereses. Estados Unidos, China, Brasil, India o cualquier otro actor respaldarán determinadas posiciones cuando encuentre beneficios políticos, económicos o estratégicos. Esto no significa “entregar el país”.

Significa construir reciprocidades. Argentina podría ofrecer cooperación logística antártica, seguridad marítima, minerales críticos, energía, inversiones, investigación científica, tecnología o acuerdos comerciales. La pregunta correcta no es qué regalar, sino qué activos pueden negociarse sin comprometer intereses esenciales. Pretender aliados que asuman costos argentinos sin obtener beneficios propios no es política exterior: es desconocer cómo funcionan las relaciones internacionales.

La condición indispensable: una política de Estado

Finalmente, ninguna estrategia sobre Malvinas funcionará si cambia completamente cada cuatro años. Una negociación de esta magnitud atraviesa varios gobiernos argentinos, estadounidenses y británicos. Por eso oficialismo y oposición deberían acordar un núcleo permanente: objetivo soberano, límites negociadores, política antártica, estrategia sobre Atlántico Sur, relación con las grandes potencias y activos susceptibles de negociación.

Luego cada administración podrá cambiar instrumentos y velocidades, pero no la dirección general. Argentina necesita comprender que recuperar Malvinas por medios pacíficos no consiste solamente en reclamar. Consiste en acumular poder, construir aliados, negociar inteligentemente y sostener una estrategia durante décadas.

La recuperación pacífica de Malvinas exige abandonar dos ilusiones: que el tiempo resolverá por sí mismo la disputa y que una negociación exitosa puede producirse sin costos, aliados ni reciprocidades. El objetivo soberano puede mantenerse inalterable mientras los instrumentos evolucionan según las circunstancias. En un mundo que avanza hacia mayor multipolaridad, Argentina puede encontrar nuevas oportunidades si convierte su energía, minerales, capacidades tecnológicas, Atlántico Sur y posición antártica en poder negociador. Pero para aprovecharlas necesitará algo todavía más difícil que encontrar aliados externos: construir primero un consenso estratégico dentro de la propia Argentina.

*Presidente de la Fundación República, Alumni del William J. Perry Center for Hemispheric Defense Studies