domingo 09 de mayo de 2021
OPINIóN Reflexiones de fin de año
28-12-2020 16:25

Hay que cerrar bien el año

¿La singularidad del 2020 basta para justificar un año sin muchas buenas noticias para un gobierno que venía a poner a la Argentina de pie?

28-12-2020 16:25

El año fue completamente atípico, eso nadie lo puede negar. Lo que está en discusión es si la singularidad del 2020 basta para justificar un año sin muchas buenas noticias para un gobierno que venía a poner a la Argentina de pie. A los problemas económicos que la Argentina ya arrastraba de la gestión anterior se sumaron los de la pandemia de covid-19 y los errores propios del gobierno. Luego del éxtasis de imagen positiva logrado al comienzo de la cuarentena, el gobierno tuvo una serie de errores no forzados que lo pusieron en una situación incómoda.

El inicio de esta serie de errores fue el 8 de junio, cuando en una conferencia de prensa, el Presidente anunció la intervención de la empresa Vicentín, algo que luego tuvo que retrotraer cuando un juez local frenó la iniciativa que provenía del kirchnerismo puro, y de la cual el presidente fue vocero. Fue tal la torpeza, que al anunciar al interventor, Gabriel Delgado, el Presidente declaró “que está recién operado y por eso está medio enclenque”. Extraña manera de presentar al interventor. Además, esta noticia le dio aire a una oposición que se veía fuera de foco frente a la pandemia. Pudo movilizar a los suyos, darle coherencia interna frente al gobierno e izar las banderas de Venezuela y la República en peligro. A esta derrota política, a la que luego Fernández hizo referencia explicando que el “creía que la gente iba a salir a la calle a festejar”, se sumaron más noticias adversas desde el punto de vista político.

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La reforma de la justicia, que terminó siendo un extraño hibrido entre el proyecto original de Cristina Fernández y la adaptación que sufrió para lograr mayores apoyos, no pudo avanzar en la Cámara de Diputados. Relacionado con la justicia, se suman los recientes fallos adversos de la Corte Suprema. Más allá de esto, el gobierno logró algunos porotos a favor en el Consejo de la Magistratura, pero estas son cuestiones demasiado técnicas como para ser celebradas por sus votantes.

A estas malas noticias de índole más institucional, se le suman otras desde una perspectiva agonal de la política: Horacio Rodríguez Larreta continúa manteniendo una imagen positiva superior a la de Alberto Fernández, cuando por abril la ecuación estaba invertida. El detalle es que mientras que la imagen del alcalde se mantiene más o menos estable, la del presidente está en caída, asemejándose a la de Cristina Fernández. Es decir, el diferencial que Alberto había sumado en las elecciones del 2019 parecería estar diluyéndose. Sumado a esto, los golpes ya no vienen únicamente de afuera del gobierno, sino que se volvió explícita la oposición del kirchnerismo a algunos funcionarios nacionales de primera línea. Esto, de cara al armado de listas para 2021, no sería una buena noticia para el incipiente Albertismo que no termina de nacer.

Por el lado económico, el gobierno está llevando adelante iniciativas que aunque necesarias desde el punto de vista fiscal, son dolorosas para militar. Estamos hablando del acuerdo con el FMI y la nueva fórmula previsional. Si bien el gobierno logró cerrar un acuerdo con los acreedores extranjeros privados, no pudo capitalizar ese hito como le hubiese gustado. Ni políticamente logró aprovecharlo, ni económicamente dio los frutos esperados. Ahora, negociando con el FMI, se habla de ajuste de tarifas, reducción en la fórmula previsional y el fin de los programas de asistencia como el IFE y el ATP. En el medio, el verano, cortes de luz y muchos que no se pueden ir a ningún lado de vacaciones por la situación económica y epidemiológica. Ciertamente, incómodo de militar para el prototipo de votante kirchnerista.

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Como noticias positivas para él nos encontramos con el Aporte Extraordinario y Solidario (vulgarmente llamada “Impuesto a la Riqueza”). Este proyecto, sobre el cual el Congreso estuvo dando vueltas por varios meses y que era reclamado por la militancia oficialista, tenía la firma de Máximo Kirchner como uno de sus autores. En otras palabras, aunque se de en paralelo a la suspensión de los planes de asistencia, tenía que ser aprobado. Posiblemente recaude poco y sea judicializado, pero tenía que salir. Un pequeño oasis en el desierto para el votante del Frente de Todos.

En este contexto, el gobierno se enfrenta a la necesidad de dar buenos noticias a su votante y cumplir con las expectativas de campaña. Mejorar la economía, bajar la inflación, que aumente el empleo y la producción son objetivos de todos los gobiernos, pero de difícil realización. E imposible en el corto plazo. El gobierno necesita algo ya, hoy, para poder arrancar el 2021 con una sonrisa entre los suyos y algún margen mayor de maniobras. Así, la aprobación del aborto aparece como el comodín que cumple con todas estas condiciones: promesa de campaña, fuerte apoyo entre sus votantes, rápido de conseguir y antes de fin de año si logra aprobarlo el 29 de diciembre. Es una victoria que, a diferencia de la reestructuración de la deuda, el gobierno va a hacer rendir.

Sorprende entonces la actitud de Juntos por el Cambio. Desde un punto de vista moral, es correcto que en cada votación los representantes del pueblo y de las provincias voten lo que crean mejor para sus representados. Pero también es cierto que de la teoría a la práctica hay un abismo. Lo que suele suceder en el Congreso es que los legisladores voten de acuerdo a la conveniencia de su bloque o provincia. Entonces, desde una visión agonal nuevamente, llama la atención que la oposición le esté facilitando este logro al gobierno. Por supuesto, uno no esperaría que voten en contra de un proyecto si están a favor o mismo si lo militaron hace dos años. Pero de haberse abstenido 10 diputados verdes no muy conocidos de Juntos por el Cambio, les trasladaban la presión a los más de 30 diputados celestes del Frente de Todos, una coalición que cada vez sufre mayores rispideces internas. Que ese número de legisladores oficialistas, o mismo que el jefe de bancada en el Senado como es José Mayans, voten y militen en contra de un proyecto del mismo oficialismo del que forman parte, no es un dato menor.

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En este escenario, nos quedan dos preguntas de cara al 29: ¿logrará el gobierno cerrar el año con una buena noticia para sus votantes? ¿Será gracias a los Senadores de Juntos por el Cambio? El 30 de diciembre lo sabremos.