martes 16 de agosto de 2022
OPINIóN Rebrote

Tercera ola de Covid-19 en Argentina: ¿Y dónde están los pilotos?

¿Informar significa encerrarnos? No y mil veces no. Informarnos significa gobernarnos, y gobernarnos no debería significar jamás tutelarnos ni llenarnos de prohibiciones eternas, sino brindarnos datos, para que podamos incrementar nuestros cuidados.

28-12-2021 18:20

Hace exactamente dos años, en 2019, nos informaba el entonces Ministro de Salud del oficialista Frente de Todos, Ginés González García, que el coronavirus no era un virus de relevancia y que no iba a llegar a suelo argentino porque, entre otras razones, con temperaturas superiores a los 26 grados el virus moría, y en Argentina ingresábamos al verano gozando de altas temperaturas.

Se equivocó el ministro, y se equivocaron el presidente de los argentinos, el jefe de gobierno porteño y el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, porque organizaron un “triunvirato del covid-19” en el mes de marzo de 2020, se hermanaron, y esto nos tranquilizó a muchos porque por primera vez oposición y oficialismo dejaban de pelear para trabajar en conjunto, pero lamentablemente gestionaron todos muy deficientemente la pandemia.

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Horacio Rodríguez Larreta comenzó a apartarse de las “máximas pandémicas”, pasados ya varios meses de encierro total e izó oportunamente o con oportunismo, las banderas de “aulas abiertas”. Sin embargo, quienes tenemos buena memoria y utilizamos un buscador en internet, recordamos que el jefe de gobierno porteño repetía y repetía que las escuelas no iban a abrirse y que el riesgo mayor radicaba en los niños más chicos, que no pueden respetar los necesarios protocolos.

Por eso, cuando luego dio prioridad (afortunadamente) a que socialicen de nuevo los más pequeños, muchos entendimos que esto era muy saludable, pero muchos entendimos cómo una campaña electoral puede cambiar un discurso y disposiciones de manera tan llamativa. Recordemos que aún no se vacunaba contra el coronavirus en Argentina cuando Rodríguez Larreta se presentaba como el mismo Sarmiento. Y que el mismo Rodríguez Larreta no nos ofrece escuelas públicas de calidad en la ciudad porteña, pero ese es otro tema.

Respecto a los oficialistas Alberto Fernández y Axel Kicillof continuaron con un discurso y disposiciones de “escuelas cerradas”, lo cual además de encerrar y alterar psiquis de millones de niños, no ayudó a que el virus no nos afecte, ya que Argentina supo tristemente conseguir los primeros lugares en cantidad de muertos por coronavirus por cada millón de habitantes.

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Bajo decretos presidenciales que se renovaban casi quince días (y con acuerdo de Rodríguez Larreta y Kicillof) nos encerraron meses y el presidente estaba convencido “que nuestra única vacuna era el encierro” sin importar las consecuencias terribles que hoy seguimos padeciendo. Cerraron escuelas y cerraron comercios de todas las ramas y actividades, excepto las que denominaron esenciales.

En un primer momento, muchos entendimos que se necesitaba un tiempo prudencial para poner en forma al sistema de salud y hacerle frente a una pandemia, pero el tiempo prudencial resultó en un tiempo sin fin, y la moderación, una vez más, faltó entre los argentinos.

Mientras otras naciones permitían aperturas con estrictos protocolos y aplicaban confinamientos y liberación de confinamientos por lapsos de tiempo más acotados, en Argentina se decidió una vez más “el todo o nada”. Transitamos durante muchos meses “el nada” y lo padecimos, y lo padecemos porque los efectos “del nada” perduran. Y ahora pareciera que estamos transitando “el todo”, y los efectos del “coronavirus al palo” comenzamos a notarlos solamente porque nos cuentan familiares, amigos y conocidos, porque nuestras autoridades gubernamentales, y digo nuestras, porque son nuestros servidores públicos, aunque parecen no poder o querer entenderlo, no nos informan nada.

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¿Qué nos deberían informar? Que Argentina hoy está estallada de coronavirus. Que hay una cantidad imponente de ciudadanos portando el virus y que los centros de testeos están atestados de gente, donde se pueden observar cuadras de fila. Conocer esto puede ayudarnos a tomar nuestros recaudos, e ir con tiempo a un centro de testeo, por ejemplo, a elegir encuentros en lugares abiertos, por ejemplo, a tener más cuidados si tenemos familiares de riesgo, por ejemplo, pero trascienden historias de conocidos, y conocidos de conocidos mientras oficialmente nadie nos informa nada.

¿Informar significa encerrarnos? No y mil veces no. Informarnos significa gobernarnos, y gobernarnos no debería significar jamás tutelarnos ni llenarnos de prohibiciones eternas, sino brindarnos datos, para que podamos incrementar nuestros cuidados. No es lo mismo encontramos muchas personas sin barbijo en lugares cerrados, que compartir momentos al aire libre, no es lo mismo que a un comercio ingrese una cantidad moderada de personas que cientos, no es lo mismo lugares al interior con mucha ventilación que con ventanas y puertas cerradas, no es lo mismo mucha gente vacunada que poca gente vacunada, y probablemente mucha más gente se vacunaría si conociera que en Argentina hoy el virus circula con virulencia, porque esto es lo que está pasando aunque no nos informen.

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¿Se puede convivir con este virus sin dejar de vivir? Sí, sabemos que sí, desde que existen las vacunas sabemos que sí, pero si no queremos vivir lo que ya vivimos (millones de infectados y miles de muertos y encierros espantosos porque la situación se nos va de cuadro) debemos ser más cautelosos cuando el virus está escalando estrepitosamente. Y para esto debemos estar informados.

Dicen que el conocimiento es poder, y probablemente así sea, el poder de tomar mejores decisiones al momento de organizar nuestra vida familiar, social y laboral requiere de conocer en qué situación nos encontramos. Ciudadanos informados pueden resultar en ciudadanos responsables, por eso necesitamos dirigentes políticos que nos informen con responsabilidad.

 

 

* Sandra Choroszczucha. Politóloga y Profesora (UBA). www.sandrach.com.ar