27 oct 2020
OPINIóN |Concepciones de enfermedad
sábado 12 septiembre, 2020

Sobre máscaras y barbijos

Foto: Cedoc
sábado 12 septiembre, 2020

Máscaras y rituales que por magia de los conjuros pretenden confundir a la enfermedad y alejarla del cuerpo que recibió el maleficio o ha roto las leyes naturales, rostros cubiertos de forma tal que las facciones no sean distinguibles para confundir al espíritu que lleva la enfermedad, disfraces para los enfermos, o amuletos para impedir que penetre el mal en el Estas y muchas otras prácticas ha desarrollado la humanidad desde sus comienzos para no caer en la enfermedad  y, en el peor de los casos, en la muerte.

Es útil en este punto, repasar las diferentes concepciones de la enfermedad que han existido y comprobar que de alguna forma todas permanecen y se evidencian en momentos como estos, haciendo más tolerable o más angustiante las mismas situaciones objetivas. 

Desde el pasado más ignoto un brujo, como práctica común, trataba de expulsar del cuerpo a un espíritu maligno, o a cualquier agente enviado por conjuro que había penetrado ya en la persona o, para impedirlo. Empleaba para ello exorcismos, con la finalidad de ganar la benevolencia del espíritu malo por medio de sacrificios simbólicos o reales. Es interesante constatar que también cambiaban de nombre al señalado, disfrazaban al enfermo o al que podía enfermarse. Incluso, él mismo portaba máscaras con las que pretendía confundir al espíritu y alejar la enfermedad.

Debemos siempre tener presente que subyace como creencia de toda enfermedad, a través de los siglos, la idea de una transgresión; de alguna acción que violentó a la naturaleza y se necesita la reparación. Tanto como si la enfermedad ocurría en el cuerpo individual como también en el cuerpo social; la causa era mágico- religiosa. Bástenos recordar las plagas y muertes en Egipto por no obedecer al Dios hebreo, relatadas en el Éxodo. 

Lo mismo para la Mesopotamia como para el imperio Hitita. En todas estas sociedades los gobernantes debían ofrecer sacrificios personales (o un hijo propio) y diferentes expiaciones para calmar tempestades, plagas y hambrunas. Se trataba de volver al estado de gracia con los dioses. 

En el Israel antiguo se superpusieron dos posiciones en el pensamiento generalizado sobre  las enfermedades; el visualizarlas como un castigo divino  o como parte del plan de Dios. En todo caso, siempre detrás de la enfermedad, se podía encontrar la voluntad divina. 

Sin embargo, fue Grecia Antigua, una vez más la que nos proporcionó estudios y formas de tratamiento más cercanos a la actualidad. Hipócrates de Cos (s. V a. C.), creó la famosa regla soberana, que consistía en estudiar cuidadosamente la relación del hombre con el medio y su salud.

Sintetizando, podemos decir en forma muy general, que durante toda la Antigüedad, existe un hilo conductor del pensamiento: la enfermedad es voluntad de los dioses y pasa a través de la naturaleza. 

Durante la Edad Media, la connotación que tiene la enfermedad profundiza y renueva la del Antiguo Testamento. Prueba, castigo pero también; la redención. Por ello se exigía la presencia permanente de los sacerdotes en las casas hospitalarias.

Un verdadero cambio de paradigma ocurrió durante el siglo XIX, cuando el higienismo, creó la metáfora mayor, entendiendo a la sociedad como un organismo. Los médicos higienistas fundaron un conjunto de representaciones que asociaban la salud- física y moral- a los caracteres permanentes de la nación. Una fantasmagoría biológica que es constitutiva de esa imagen burguesa de la república, personalizada en una mujer joven, robusta y prolífica. La ciencia por fin, pensaban ellos, erradicará la enfermedad. 

Las pestes, guerras, muertes, hambrunas del siglo XX llevaron al abismo ese optimismo generalizado aunque permanece latente para sectores muy pudientes. 

Pero en fin, aquí estamos con la humanidad entera que, por primera vez en su historia está completamente unida enfrentando al enemigo invisible con todos los bagajes culturales al que apela para comprenderse a sí misma y buscar respuestas consoladoras.

*Profesora de la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Austral.


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