OPINIóN
Productividad versus descanso

Soñemos un poco más

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Tiempo. Hay que dormir cinco ciclos de noventa minutos cada uno. | shutterstock

El sueño es más que un capricho, es una función biológica crítica para el mantenimiento de nuestra salud mental y física.

Yo duermo bien, estarán pensando, seis horas por día y estamos. ¿Seguros? La cantidad de sueño necesaria por día es de cinco ciclos de noventa minutos cada uno (de ahí las famosas 7.30/ocho horas por noche). Un investigador mundialmente reconocido en el campo de la salud, en su libro ‘Porqué dormimos’ expone una estadística alarmante: dormir menos de seis horas por noche durante dos semanas seguidas (algo relativamente común)  puede reducir las capacidades cognitivas, al mismo nivel que una noche completa sin dormir. Es decir, si estás acostumbrado a dormir menos de seis horas, vivís en un estado cognitivo equivalente a pasar de largo. Lo más interesante, es que a medida que nos acostumbramos a dormir mal, perdemos la capacidad de distinguir que necesitamos descansar. Normalizamos el estar cansados y sin energía, como si eso fuera lo normal, cuando lo único que deberíamos hacer es aumentar el sueño un par de horas.

Es interesante como todos (me incluyo) tenemos esta práctica nociva de dormir cada vez menos, con el ideal de trabajar más y ser más productivo, cuando en realidad, sucede todo lo contrario. Un estudio realizado en la Universidad de California, encontró que dormir mal nos hace un 50% más propensos a tomar malas decisiones. ¿Qué sería mejor, tener el criterio para tomar buenas decisiones, o disponer de una hora más al día?

Recuperar la atención

En consecuencia, la falta de sueño adecuado no es solo un problema de cansancio o de mal humor; las consecuencias se extienden mucho más allá, afectando nuestra capacidad para pensar, tomar decisiones, aprender y mantenernos saludables.

Si entonces ya nos queda claro que no tener una buena cantidad y calidad de sueño es nocivo, ¿cuáles son los beneficios de dormir bien? Imaginemos lo siguiente, nuestro médico de cabecera nos dice que salió una nueva pastilla al mercado, que tiene los siguientes beneficios: alarga la esperanza de vida, mejora la memoria, mejora la creatividad, mejora la concentración, disminuye la ansiedad, y tiene CERO efectos secundarios. Probablemente todos correríamos a la farmacia. La mala noticia es que esa pastilla no existe, la buena noticia, es que con una buena higiene del sueño (cantidad y calidad), podemos lograr todo ello a costo cero.

Pero entonces, ¿cómo hago para dormir mejor? Un primer paso es limitar la exposición a la luz azul cuando ya es de noche. La luz azul (proveniente de todos los dispositivos que tienen luz artificial, como pantallas y luces fluorescentes) reduce la producción de melatonina en un 55%, lo que altera significativamente los patrones de sueño. Evitar pantallas electrónicas al menos una hora antes de dormir es una práctica recomendada para evitar este efecto. Un segundo paso, pero no menos importante, es aprender a regular nuestro ritmo circadiano (el reloj biológico que todos llevamos dentro), y una forma muy sencilla de hacerlo es exponerse a la luz solar durante las primeras horas del día. Esta práctica sincroniza el ritmo circadiano, avisándole al cerebro que es momento de estar despierto, y empieza a contar las horas para que, llegada la noche, efectivamente tengamos sueño y dormir no sea un dolor de cabeza.

Por lo tanto, si queremos que el 2024 sea nuestro año, empecemos a soñar un poco más.

*Contador. Autor de Hackea tu cerebro.