27 oct 2020
OPINIóN |comunicar en una crisis
domingo 27 septiembre, 2020

Tiempos de grieta y de pandemia: la mesa del diálogo está plegada

El torrente del virus dejará atrás al país dividido. Sobrevivirán los líderes que se coordinen para afrontar los problemas estructurales que el Covid ha dejado al descubierto.

Damián Fernández Pedemonte*

Juntos. Una imagen de los primeros tiempos, cuando el Gobierno reaccionó bien al desafío. Después, la falta de respuestas y la mala comunicación desgastaron los vínculos. Foto: cedoc

“El problema de la Argentina es la extensión”, reza una de las frases más maliciosamente citadas de Sarmiento. Otro tanto se podría decir de la cuarentena argentina. Lo grave de la pandemia no es hoy su duración, sino la incertidumbre sobre su final. La duración del Covid-19 en Argentina se complica por la extensión de su geografía: cada distrito está en una etapa distinta. En cualquier caso, la comunicación de riesgo requiere de la gestión del tiempo porque sin señalamientos temporales sobrevienen el hartazgo y la claudicación, de un lado, y la ansiedad y la rebeldía, del otro.

Representaciones. La comunicación tiene que ver con las representaciones. Y no cabe duda de que transitar una crisis tan larga requiere de una continuada comunicación profesionalmente diseñada. Introducir la dimensión temporal en la comunicación implica gestionar modelos mentales del pasado, percepciones en el presente y expectativas sobre el futuro. Es algo que han comprendido de manera desigual el gobierno nacional y el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

El Presidente empezó gestionando profesionalmente la comunicación, justificando la temprana cuarentena total, apelando a los gobernadores, a la unidad. La “ralentización” de la curva de contagios le permitió preparar el sistema sanitario para la etapa que estamos transitando ahora, bastante más tarde de lo previsto, justamente por la adhesión conseguida a las medidas de aislamiento. Pero el tiempo que ganó para la salud no lo aprovechó para diseñar un plan de crisis y comunicarlo.

La extensión de la cuarentena, junto a la dilación en la negociación de la deuda y en la aparición de buenas noticas económicas, imprimieron un tempo lento al plan del Presidente, que contrasta con la presión de Cristina Kirchner para acelerar los tiempos de su propio plan. Hoy es ella quien propone la agenda por fuera del Covid-19. 

La cesión del Presidente a esta presión hizo recaer sobre él los efectos negativos de medidas inoportunas y precipitadamente presentadas a una sociedad malherida, agregando crisis a la crisis. Así, la intervención de Vicentin, el proyecto de reforma judicial, la sustracción de fondos del Gobierno de la Ciudad para resolver el conflicto con la Policía Bonaerense, la última crisis que desbordó a Axel Kicillof (después de las cárceles y las tomas de tierra). Detrás hay temas que merecen ser estudiados y debatidos, pero no impuestos de arriba abajo en medio de una pandemia. 

Los discursos de "Alberta" durante la pandemia

Discurso. Los gobiernos suelen acudir a la comunicación al final, para armar el discurso con el que se anuncia una decisión unilateral (así procedió Macri con el “tarifazo”). Pero la comunicación es estratégica cuando interviene en el mismo proceso de negociación, generación de consenso y toma de decisión. En ninguna de las medidas señaladas hubo un razonable acercamiento previo a los actores en conflicto, ni preparación de la recepción de los anuncios por parte de la opinión pública. 

En un contexto donde el mismo Gobierno ha dicho que la prioridad es la salud y la reactivación económica, donde la comunicación debería lograr la cooperación y la articulación de los actores detrás de estas prioridades compartidas, hoy Alberto ya está distanciado con los mismos sectores que estaba Cristina cuando terminó su mandato. El agro, el Poder Judicial, los medios de comunicación, las empresas de telecomunicaciones: el Gobierno no puede poner en riesgo la colaboración de estos actores. Están faltando conversaciones cruciales previas a la fricción con ellos. La mesa del diálogo está plegada durante la pandemia. 

Los profesionales de la salud y los asistenciales, los enfermos y sus familias, los grupos de riesgo, los comerciantes, etcétera, viven una tragedia muy alejada de la agenda del blindaje del poder. También la oposición política se distancia de la ética del cuidado que debería primar durante la emergencia, en vez de la confrontación. Calculó mal los tiempos en la desafortunada carta de los intelectuales denunciando la “infectadura”, en las prematuras expresiones críticas de referentes de un Gobierno que acaba de fracasar, en la rápida apuesta por la movilización y la protesta social que antes se descalificaba. La política no acierta con el kairós en la pandemia. 

Caminos a la "diversidad reconciliada" que enseña Francisco

El agotamiento social por la cuarentena coincidió con la escalada de los contagios. En ese momento Horacio Rodríguez Larreta, que apostó por la sincronización con el Gobierno, empezó a diferenciar su comunicación. En la conferencia de prensa del 17 de julio les dio el titular a los medios con el nuevo encuadre para la prevención del Covid-19: “Nos tenemos que acostumbrar a convivir con la enfermedad”. 

Se anunció entonces un plan gradual de apertura de la cuarentena. Se adelantaron las etapas que seguirían y los indicadores para determinar el paso de una a otra, entre los cuales se destaca la tasa de contagiosidad, que debe ubicarse debajo del 1%. En la gestión de una crisis de esta magnitud y con este nivel de novedad, ya no se gobierna con certezas sino con probabilidades. Se asumen riesgos por lapsos cortos de tiempo. Así, el Gobierno de la Ciudad permitió entonces más actividades al aire libre, a partir de la evidencia de que la mayor parte de los contagios se produce en reuniones puertas adentro. 

Cuidado. El discurso del Gobierno de la Ciudad representa hoy mejor la ética del cuidado que Presidencia articuló inicialmente pero ahora no sabe reencauzar. Además de ir por delante en la estrategia de investigación-traqueo-testeo-aislamiento, ha pasado de un modelo de comunicación conductista, basado en el control social y el temor, a uno conversacional, de argumentación y escucha. Como dijo Quirós en una entrevista con LN+, se trata de “tomar los emergentes de la sociedad para las políticas públicas”. En cambio, en las últimas conferencias de prensa el mensaje del Gobierno, con chicanas a la Ciudad, comparaciones irritantes con otros países y un exitismo que los datos van desmintiendo, se ha tornado cada vez más áspero y ha bajado la adhesión a los anuncios. 

La población parece estar pidiendo una nueva forma de vincularse entre los adversarios

La crisis podría haber sido una oportunidad para reunir a las fuerzas políticas opuestas detrás de lo esencial y no para agravar la grieta. La política es siempre contraste de ideas y el Gobierno acierta al elegir a Rodríguez Larreta como su adversario, aunque tiene que evaluar si sus intentos de arrinconarlo no están ayudando a proyectar su reputación en todo el país. Pero a juzgar por la imagen tan negativa de Macri y Cristina que arrojan las encuestas, la población parece estar pidiendo una nueva forma de vincularse entre los adversarios, que deje atrás la construcción del enemigo del discurso de Cristina o la permanente polarización con ella del marketing de Macri. 

En el primer episodio de la serie política danesa Borgen, la candidata del pequeño partido moderado se desmarca de sus oponentes, enfrascados en una guerra de denuncias, al improvisar su discurso en un debate: “Debemos inventar una nueva forma de comunicarnos y una nueva forma de hacer política”, dice. Parafraseando la serie, agrego: palabras como “grieta” describen un país que el torrente del Covid-19 habrá dejado atrás. En la otra orilla sobrevivirán los líderes políticos que se coordinen para afrontar los problemas estructurales que la pandemia está dejando al descubierto.

 

*Director de la Escuela de Posgrados en Comunicación, Universidad Austral.


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